El Madrid, del paraíso al infierno

De repente, el Santiago Bernabéu se convirtió en un balneario llamado Rayo Vallecano. Baños, jacuzzis, masajes y goles. Desde hacía muchas temporadas no veía al Real Madrid ganar un partido con tanta facilidad. Todo el comienzo fue un sueño de electricidad madridista.

 De repente, el Santiago Bernabéu se convirtió en un balneario llamado Rayo Vallecano. Baños, jacuzzis, masajes y goles. Desde hacía muchas temporadas no veía al Real Madrid gana  

De repente, el Santiago Bernabéu se convirtió en un balneario llamado Rayo Vallecano. Baños, jacuzzis, masajes y goles. Desde hacía muchas temporadas no veía al Real Madrid ganar un partido con tanta facilidad. Todo el comienzo fue un sueño de electricidad madridista.

Casi toda la brillantez la proporcionó Carreras desde el lateral izquierdo. Es posible que Mourinho le dijera a Vinicius que se abriera a veces hacia el centro, según el ataque, y le dejara un pasillo infernal a la rapidez y la técnica de Carreras, mejor atacante que defensa.

El lateral provocó el penalti y marcó el segundo tanto, también con la involucración de Mbappé. En fin, el partido se convirtió en un paraíso blanco de grandes jugadas y enorme superioridad, mientras el Rayo parecía un mendigo futbolístico. Y es que el pobre no tenía casa donde acudir. Bellingham puso el broche de lujo para acabar el primer tiempo.

Pero, hermanos, lo que vimos en la segunda parte fue que el Rayo, de haber parecido un balneario, se convirtió en un diablo. Bailó a un Madrid que era un zombi. Los vallecanos hicieron méritos hasta llegar a marcar dos goles.

Vinicius es cada vez más humilde, pero brillante sólo estuvo cuando dio el centro del gol a Bellingham. Más tarde, sin embargo, regaló un gol a Camello que dejó al Madrid desnudo.

Y siguió la zozobra madridista, con ese maldito bloque bajo que me recuerda a los de Ancelotti. Mourinho se está pareciendo mucho a aquella historia. Una equivocación.

Tiene bastante lástima de su compatriota Bernardo Silva, pero este no puede más que jugar un primer tiempo. Además, le faltaba el as de Valverde. El Madrid desapareció.

Hasta que al Rayo ya no le quedaban tantas fuerzas y, además, el equipo tomaba oxígeno con Tchouameni, que me temo que no le gusta a Mou, pero el francés, con la compañía de Valverde, es lo que debe jugar en el equipo.

Luego Arda Güler mejoró el juego, pero siempre recibe de espaldas, uno de sus vicios perniciosos, y siempre le quitan el balón. Incluso casi se carga a Tchouameni. ¿Ningún técnico le dice que no debe recibir completamente de espaldas, porque no tiene cuatro ojos paralelos?

Luego, hasta el meta del Rayo se había convertido en un héroe y salvaba al Madrid de una goleada severa. Camavinga, que sí tenía fuerzas, y con la colaboración de Güler, logró que Mbappé marcara el segundo gol y apartara muchos miedos.

Francamente, la afición del Madrid es deprimente. En ningún estadio del mundo he visto u oído aplastar a sus jugadores con silbidos. Y si se pierde el hilo del juego aparece ese treinta y tres por ciento que votó a Riquelme, con la intención de acabar con el monarca Florentino. Francamente, es una pretenciosidad maligna. El Rey del Madrid no merece un golpe de Estado.

Pero todo dependerá de si el Madrid logra no marcharse de los partidos o de si consigue no impregnar de miedo el juego de grandes jugadores, que empequeñece con su estilo defensivo.

¡Qué bueno es jugar con tres delanteros y, sobre todo, con el fenómeno Diomandé, al que incluso se castiga porque el Madrid no juega ni ataca nunca por el lado derecho! Eso es menospreciar a un jugador maravilloso, incluido el propio Mourinho.

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