En 1890, un niño de 13 años salió de uno de los almacenes de música de la calle Ample, cerca del puerto de Barcelona, con un fajo de partituras bajo el brazo. Se trataba de las seis Suites para violonchelo solo, de Bach, que entonces pasaban por meros ejercicios técnicos y que casi nadie tocaba enteras. Pau Casals, aquel joven estudiante con hambre de repertorio, tardaría más de una década en interpretar en público estas piezas que, con el tiempo, acabaron ocupando un capítulo esencial de la literatura para este instrumento.
El 150º aniversario del nacimiento del gran violonchelista resuena por toda la ciudad: del barrio Gótico, donde descubrió las Suites de Bach, al Liceu y el Palau de la Música Catalana, que esta temporada celebran su legado
En 1890, un niño de 13 años salió de uno de los almacenes de música de la calle Ample, cerca del puerto de Barcelona, con un fajo de partituras bajo el brazo. Se trataba de las seis Suites para violonchelo solo, de Bach, que entonces pasaban por meros ejercicios técnicos y que casi nadie tocaba enteras. Pau Casals, aquel joven estudiante con hambre de repertorio, tardaría más de una década en interpretar en público estas piezas que, con el tiempo, acabaron ocupando un capítulo esencial de la literatura para este instrumento.
Bach no fijó un tempo para las Suites, pero su hallazgo, casi fortuito, en un anaquel del barrio Gótico coincide con el carácter y el espíritu del andante. Más que un paseante ocioso o un flâneur romántico, Casals fue un fatigador de calles en la tumultuosa y exigente ciudad de los prodigios. Llegó en el verano de 1888, en plena Exposición Universal, y se ganó su primer sueldo tocando en el Cafè Tost y en La Pajarera. Cuarenta minutos de caminata con el violonchelo a cuestas, y otros tantos de vuelta, siete noches por semana.
1. Cumpleaños musical: ‘Allegro’, en La Rambla
Muy cerca de allí, el Gran Teatre del Liceu celebrará, el 3 de diciembre, el 150º aniversario del nacimiento del violonchelista (el día 29 del mismo mes) con el concierto de bienvenida de su nuevo director musical, el británico Jonathan Nott. En 1896, tras los años de formación y penurias en Madrid, Bruselas y París, Casals se incorporó a la orquesta del Liceu como primer violonchelo y profesor de su conservatorio. En ese escenario dirigió, el 19 de octubre de 1938, un concierto a beneficio de los niños de la Guerra Civil.

Su padre fue organista y maestro de capilla de la parroquia del Vendrell, lo que permite conectar su efeméride con el centenario de la muerte de Antoni Gaudí. El arquitecto colocó los tubos del gran órgano del Palau Güell en lo alto de su salón central, donde el sonido sigue cayendo sobre los visitantes cada media hora. La actual decana del instrumento, la organista Montserrat Torrent, dedicó 60 de sus 100 fecundos años a lo que desde hace unos meses es una feliz realidad: el recién inaugurado órgano que lleva su nombre en el templo barroco de Sant Felip Neri, en el Gótico.
2. Concierto inacabado: ‘Adagio’, en Sant Pere
La noche del 18 de julio de 1936, Casals ensayaba en el Palau de la Música Catalana la Novena, de Beethoven, con la que debía inaugurarse la Olimpiada Popular, pero el golpe de Estado obligó a cancelar el concierto. Noventa años después, el Palau acaba de abrir la temporada con esa misma partitura y el texto de Schiller en la traducción al catalán de Joan Maragall, y se sumará a los fastos del aniversario con un nuevo arreglo de El cant dels ocells, firmado por Xavier Pagès-Corella (29 de octubre); El pessebre (el 15 de diciembre), el luminoso oratorio que compuso en el exilio sobre un poema de Joan Alavedra, y un concierto del Quartet Casals (17 de diciembre).

En 1925, al año de inaugurarse el primer tramo del metro de Barcelona, Casals fundó la Associació Obrera de Concerts con un propósito parecido: acortar la distancia entre los barrios de la periferia y las salas de concierto. Hoy, algunos estudiantes del conservatorio, seleccionados por la Associació de Músics del Carrer i del Metro, hacen callo con sus instrumentos bajo tierra. Muchos se surten de partituras en Casa Beethoven, abierta desde 1880 en el número 97 de La Rambla, o se asoman a las vitrinas de Casa Parramon, histórico taller de lutieres (Carme, 8).

3. Legado por descubrir: ‘Lento’, en Sant Gervasi
El 21 de octubre, el Palau Robert inaugura la muestra gratuita Pau Casals. Música per la pau, en la que se dan cita el violonchelista, el director, el compositor y, sobre todo, el hombre de paz que convirtió el Cant dels ocells en un himno de resistencia. Podrá verse hasta el 10 de enero de 2027. No muy lejos de allí, en la avenida de Pau Casals (que durante el franquismo llevó el nombre de un general golpista), está la estatua de bronce que Josep Viladomat modeló en Prades en 1940 y que lo retrata tocando su violonchelo (lamentablemente sin arco, desde que algún desaprensivo se lo arrancara).

En el Eixample, la sala sinfónica que Rafael Moneo proyectó para L’Auditori lleva el nombre del músico, al que Thomas Mann elogió sin reservas y a quien el exitoso violonchelista Yo-Yo Ma considera la gran inspiración de su vida. Allí tendrá lugar el estreno mundial de La Fiancée du Nil, una pieza inédita de Casals. La cita será el 20 de enero de 2027. En el mismo edificio, el Museu de la Música, donde se conserva el epistolario que cruzó con Enric Granados, acoge hasta el 11 de febrero la muestra Pau Casals a Puerto Rico. Un arxiu inèdit. Y el 19 de noviembre tendrá lugar en la vecina Escola Superior de Música de Catalunya una jornada sobre la historia de la Orquestra Pau Casals, fundada en 1920 y activa hasta poco antes de su marcha al exilio en 1939. En Puerto Rico, donde se instaló en 1956, compuso su famoso Himno a las Naciones Unidas, que presentó en la sede del organismo en Nueva York, en 1971. Murió dos años más tarde en la isla, lejos de la ciudad donde se encontró con Bach, a la que no regresó y en la que casi pueden escucharse sus pasos.
4. Cementerio de Montjüic: los amigos músicos
Las notas al pie de la Barcelona musical de Casals, fallecido el 22 de octubre de 1973 a los 96 años en San Juan (Puerto Rico), conducen inevitablemente al cementerio de Montjuïc. Aunque allí no descansen sus restos —está enterrado en su Vendrell natal—, sí podemos encontrar los de figuras como Isaac Albéniz, Lluís Millet, Frederic Mompou, Eduard Toldrà, Amadeu Vives y Victoria de los Ángeles. Sus nombres aparecen en las cartas recopiladas en Querido maestro (Acantilado), cientos de páginas, preservadas por la Fundación Pau Casals, en las que el músico volcó su añoranza desde el exilio.
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