Amanece en Nusfjord, una diminuta aldea de pescadores levantada sobre palafitos, aferrada a la rocosa costa de las islas Lofoten, un archipiélago en el norte de Noruega. La luz aquí parece tener sus propias reglas y, en un instante, la aldea se tiñe de un naranja intenso que lo envuelve todo, como si amaneciera con más ganas que en otras partes del mundo. Desde agosto hasta abril, cuando las noches se alargan, otra luz aún más mágica, las auroras boreales, se asoma por sorpresa en noches despejadas, dibujando paisajes tan hipnóticos como etéreos.
Este diminuto pueblo de pescadores de Noruega cayó en el olvido hasta 2011, cuando una acomodada familia adquirió sus ruinas y lo reconvirtió en un lugar a medio camino entre un coqueto hotel ‘boutique’ y un museo al aire libre
Amanece en Nusfjord, una diminuta aldea de pescadores levantada sobre palafitos, aferrada a la rocosa costa de las islas Lofoten, un archipiélago en el norte de Noruega. La luz aquí parece tener sus propias reglas y, en un instante, la aldea se tiñe de un naranja intenso que lo envuelve todo, como si amaneciera con más ganas que en otras partes del mundo. Desde agosto hasta abril, cuando las noches se alargan, otra luz aún más mágica, las auroras boreales, se asoma por sorpresa en noches despejadas, dibujando paisajes tan hipnóticos como etéreos.
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