Mamá Madonna / Papá Fincher

Madonna ofreció una actuación magnífica en la última gala de los Video Music Awards de la MTV. Criticada en sus inicios por darle demasiada importancia a los videoclips, ella siempre ha sabido encontrar (y ocupar) el centro de la conversación. Conversación musical, cultural o como la quieras llamar. Tu abuela no sabe qué es Arcade Fire pero sí quién es Madonna.

 Eché de menos a Fincher en la performance de Madonna con Sabrina Carpenter y Charli XCX. Habría tenido gracia ver al señor David ahí arriba, un poco desubicado  

Madonna ofreció una actuación magnífica en la última gala de los Video Music Awards de la MTV. Criticada en sus inicios por darle demasiada importancia a los videoclips, ella siempre ha sabido encontrar (y ocupar) el centro de la conversación. Conversación musical, cultural o como la quieras llamar. Tu abuela no sabe qué es Arcade Fire pero sí quién es Madonna.

Hoy, el adjetivo «videoclipero», que durante años se utilizó para despreciar a ciertos directores de cine procedentes de la publicidad y el vídeo musical, no tiene sentido. A David Fincher se lo llamaron. Era un insulto. Nadie cuestiona hoy ni que Fincher sea un maestro ni que los videclips sean arte. Se me ocurren a bote pronto veinte que hoy seguiría viendo en bucle: del All Is Full of Love de Björk al Weapon of Choice de Fatboy Slim, pasando por las varias colaboraciones de Fincher y Madonna. Bad Girl o Express Yourself apenas han envejecido. Y eso que pertenecen a un mundo anterior en el que los videoclips contaban historias.

Eché de menos a Fincher en la performance de Madonna con Sabrina Carpenter y Charli XCX. Con Sabrina cantó Bring Your Love, con Charli Danceteria. Habría tenido gracia ver al señor David ahí arriba, un poco desubicado, coreando el «everyone here is a work of art». Sí lo hicieron otros nombres del pasado «madónnico». Además de los muertos, interpretados por bailarines (Keith Haring, Basquiat), acudieron a la llamada de la jefa Debi Mazar («Takes us to the third floor / Walk us to the dance floor»), Fab 5 Freddy, Tony Ward e incluso la Madonna del pasado, encarnada por Julia Garner, estrella del presente. De Garner diríamos que «ella es el momento». También lo es Seth Rogen, que tiene a Madonna en la próxima temporada de The Studio.

Lo de Rogen en Danceteria, en cuero y porro, fue visto y no visto. Nada de participar en la compleja coreografía de cantantes, bailarines y escenografías móviles. Charlie XCX gestionó ese follón con más morro que agilidad. Pero es que su mensaje como artista es precisamente ese: «lo que hagas estará bien, así que tranquila». Estamos en un momento cultural que premia el «nena, tú vales mucho» gracias a que artistas como Madonna se negaron a aceptar el «zorra, no vales nada». También porque entendieron que, en una cultura hecha de imágenes, era imperativo controlar la propia. Aunque ni siquiera había que inventarla. Bastaba con saber qué coger de aquí y allá: Marilyn, Marlene, Dita, Theda…

En los videoclips que dirigía entonces, David Fincher hacía lo mismo: De Palma, Hitchcock, Lang, Scott… Porque así, copiando y robando, es como aprenden los genios. Vogue o L.A. Woman son un catálogo de «préstamos» de otros cineastas y fotógrafos. Hoy «videoclipero» es una palabra tan superada que casi habría que explicarla: montaje rápido, iluminación en contraste, planos oblicuos… Pero a nadie hay que explicarle quién es Madonna. Su última actuación empezó con ella misma diciendo «soy mamá». Lo suscribo. Y David Fincher es papá.

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