Las incógnitas de la vuelta de McGregor ante Holloway: «Puedo destrozar a Max en 10 segundos»

El 17 de mayo se oficializó un rumor que parecía imposible. Cuando la UFC confirmó que Conor McGregor, el niño bonito de las artes marciales mixtas, volvería a subirse a un octógono aún existía la sensación de que, cinco años después, The Notorious, no podría alcanzar el nivel necesario para enfrentarse a Max Holloway y terminaría por caerse la pelea, com ocurrió en otras ocasiones antes. Quizás hasta que no se vio al irlandés, ataviado con un elegante traje azul, en el careo frente a The Blessed todavía existían dudas acerca de su concurso en el UFC 329 de las Vegas. Pero esta madrugada, el T-Mobile Arena verá algo más que una pelea.

 Cinco años después, el irlandés se subirá al octógono en Las Vegas para combatir en la UFC  

El 17 de mayo se oficializó un rumor que parecía imposible. Cuando la UFC confirmó que Conor McGregor, el niño bonito de las artes marciales mixtas, volvería a subirse a un octógono aún existía la sensación de que, cinco años después, The Notorious, no podría alcanzar el nivel necesario para enfrentarse a Max Holloway y terminaría por caerse la pelea, com ocurrió en otras ocasiones antes. Quizás hasta que no se vio al irlandés, ataviado con un elegante traje azul, en el careo frente a The Blessed todavía existían dudas acerca de su concurso en el UFC 329 de las Vegas. Pero esta madrugada, el T-Mobile Arena verá algo más que una pelea.

Se trata, lo primero, de una revancha entre dos luchadores que han vivido carreras muy diferentes en la mayor liga de artes marciales mixtas. Desde su primer encuentro en el peso pluma en agosto de 2013, en la segunda victoria en UFC de McGregor, el hawaiano ha seguido un ritmo de crecimiento sostenido mientras que el irlandés fue como Ícaro, alcanzó el sol volando a todo tren con sus alas de cera hasta que cayó fruto de su propio éxito.

En sólo 12 peleas, The Notorious consiguió no sólo destacar a nivel deportivo: fue el primer campeón en dos divisiones (pluma y ligero) sino que llegó incluso a exigir una participación en la propia UFC. Quiso reivindicar su peso en la liga de artes marciales mixtas amagando con una retirada que finalmente fue interrumpida por una vuelta no tan exitosa como su primera etapa en la UFC.

El luchador famoso parecía haber relegado a aquel niño de Crumlin, un suburbio residencial de Dublin, a un lugar muy oculto en su biografía. Aquel joven ya no tenía que hacer trabajitos de fontanería en Levon para poder vivir. Una profesión que odiaba y que dejó un día lluvioso porque, simplemente, no pudo aguantar más no seguir su pasión pese «al infierno» que se desató en casa de sus padres cuando les comunicó su decisión.

Las horas de esfuerzo en el Crumlin Boxing Club, primero, y después en el Straight Blast Gym, donde incluso llegó a dormir en sus inicios por falta de ingresos, fueron forjando el sueño de este dublinés apadrinado por el también peleador de la UFC Tom Egan y por su entrenador John Kavanagh. El que le ha asesorado también en su regreso y que ya le ve continuando con la actividad pase lo que pase la madrugada del sábado. «Me gustaría verlo más ocupado que esperando hasta abril del año que viene», declaró recientemente al portal web Mixed Martial Arts.

Esta madrugada el octógono dictará sentencia sobre la personalidad que se suba a él. Si es el niño irlandés que soñó con ser estrella y cuya filosofía del «trabajo duro» y del esfuerzo le valió incluso los piropos de Lebron James. O, por contra, si es la estrella de vuelta que sufrió una espiral de problemas casi interminable cuando el combate de boxeo frente a Floyd Mayweather le subió a una órbita que le hizo olvidarse de ese niño que le trajo hasta su trono.

Aquel combate que perdió en el décimo asalto ante Money y que le reportó más de 100 millones de euros sólo de bolsa, fue la llama que quemó la inocencia del irlandés. La que sació su hambre y de la que volvió con tres derrotas en cuatro peleas. La que multiplicó sus apariciones fuera del tapete y hasta en los juzgados, a los que visitó en varias ocasiones por agresión sexual, lesiones y conducción temeraria.

McGregor no aterriza prístino en las Vegas. Lo hace más pesado que antaño, su cuerpo ya no es fácil que se adapte a las 145 o a las 155 libras del pluma y el ligero, respectivamente, y la contienda se producirá en el welter, que corresponde a 170 libras. Viene con más cicatrices y con más experiencia. Con la duda de su cardio, una de sus principales fortalezas de antaño, y en las que se basaba su estilo de lucha, siempre muy agresivo y hacia delante.

«Puedo destrozar a Max en 10 segundos. Si vamos a esas profundidades, Max va a estar en muchos problemas», le lanzó McGregor al hawaiano en la rueda de prensa previa al combate. No miente el irlandés, su primera pelea por el título del peso pluma duró 13 segundos. El primer puñetazo que conectó a José Aldo terminó con el brasileño en el tapete y luego le terminó de noquear con dos martillazos.

De los 14 combates de la noche, destaca también la vuelta de Paddy Pimblett al octógono tras la derrota frente a Justin Gaethje, el también vencedor del combate de la Casa Blanca frente a Ilia Topuria. El británico se mostró muy complaciente con McGregor en la rueda de prensa previa. Rindiendo pleitesía al Ícaro de la UFC que vuelve a la tierra para pelear con los mortales. Veremos cómo se desarrolla la vuelta de este semidios de la MMA al hacerlo sin alas.

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