Entre las playas y los buenos arroces de Alicante existe un pueblo, muy cerca de Benidorm, en el que se escucha el ‘ru’ vikingo casi tan fuerte como en la propia Noruega. Alfaz del Pi, una localidad costera de 21.500 habitantes, alberga la mayor colonia de noruegos del mundo. El 55% de su población es extranjera y acoge alrededor de 100 nacionalidades diferentes. Oficialmente, hay registrados en el censo 2.619 noruegos, pero, extraoficialmente, la cifra asciende a 8.000. Entre ellos, sobran las palabras para describir cómo se está viviendo el Mundial.
Alfáz del Pi, una localidad cercana a Benidorm, alberga la colonia del país nórdico más grande del mundo. Noruegos y españoles se preparan juntos para visionar el partido de cuartos ante Inglaterra
Entre las playas y los buenos arroces de Alicante existe un pueblo, muy cerca de Benidorm, en el que se escucha el ‘ru’ vikingo casi tan fuerte como en la propia Noruega. Alfaz del Pi, una localidad costera de 21.500 habitantes, alberga la mayor colonia de noruegos del mundo. El 55% de su población es extranjera y acoge alrededor de 100 nacionalidades diferentes. Oficialmente, hay registrados en el censo 2.619 noruegos, pero, extraoficialmente, la cifra asciende a 8.000. Entre ellos, sobran las palabras para describir cómo se está viviendo el Mundial.
El rojo intenso y la cruz escandinava de las camisetas, convertidas ya en una pieza de la historia por su tipografía basada en las runas nórdicas, inundan el pueblo entero en cada día de partido. El pueblo entero, sí, pero, más concretamente, la playa de L’Albir, donde se reúnen nórdicos y españoles para sentarse delante de las pantallas. Un paseo peatonal que los aficionados han aprovechado para protagonizar la que es, sin duda, la celebración más viral del Mundial. El césped de los estadios, las gradas de cada campo, Times Square, los Sanfermines y las calles de Alfaz del Pi.
Ese paseo, con la playa que atrajo a los noruegos hasta allí justo enfrente, está repleto de bares, también reservas llenas desde hace días. Todo completo. Era de esperar. También podría ser de esperar el montaje de una pantalla gigante para reunir allí a todos los vecinos, pero el Ayuntamiento decidió mirar un poco más allá y apoyar a los comercios locales. «No tenemos pantalla gigante porque en Alfaz se ha apostado por dar cabida a las cafeterías y a los bares. Poner una pantalla restaría protagonismo a la hostelería. A nosotros no nos aportaría nada; por eso hemos decidido permitir que los locales vivan este momento», explica Elisabeth Marandi, secretaria de la Alcaldía y noruega de nacimiento. «Los vecinos, me incluyo, llevan días intentando reservar una mesa para ver el partido, pero es imposible», añade.
Aunque el deporte mayoritario en el país nórdico es el esquí, la afición al fútbol está muy arraigada (y se aprecia en cada partido de este Mundial). Los niños, tanto en Noruega como en Alfaz, salen a las calles con su equipación de fútbol, juegan al fútbol y ven fútbol desde pequeños. Como en España, vaya. «Noruega es un país muy pequeño. Tan solo tenemos cinco millones de habitantes, pero te puedo asegurar que no hay ningún colegio en el que no se vea a niños jugando al fútbol. Crecen con eso, con el fútbol», recalca Elisabeth, quien viaja a Oslo todos los años para ver a su familia.
Esos niños son los mismos que nunca habían visto a su selección en un Mundial. 28 años, ni más ni menos, han pasado desde que Noruega participó en la competición más importante del mundo. Fue en Francia ’98 cuando una generación nórdica dorada alcanzó, por primera vez en la historia, los octavos de final de una Copa del Mundo. Hoy, otra generación nórdica dorada, quizás más reluciente todavía que la de sus predecesores, se enfrenta a Inglaterra, la temida Inglaterra de Kane y Bellingham, en unos cuartos de final.
Eliminando a Brasil, Noruega firmó la gesta más brillante de su historia, y eso, en el pueblo de la Costa Blanca, se siente. «El efecto de la selección se va a vivir muchísimo mañana porque incluso los españoles del pueblo están haciendo lo imposible por encontrar camisetas y por vivirlo, ya sea en el casco histórico o en el paseo. De hecho, hay noruegos volando para acá ahora para vivir el Mundial», recalca la noruega. Lo mejor es que no vienen con las manos vacías o, en este caso, con las bocas vacías. Ilusionada, lo cuenta Elisabeth: «Los que vienen enseñarán a los que están aquí los cánticos para animar desde Alfaz. Hay gente que se está haciendo hasta camisetas para ver el partido».
Y, hablando de camisetas, sin duda las que más se ven por las calles de la localidad de la Costa Blanca son las de Haaland y Ødegaard. «La sensación Haaland», como así la llama Elisabeth, creó una gran expectación antes de que arrancara el Mundial. «Con este grupo de chicos los noruegos se ilusionaron y sí que había esperanza de que pudieran llegar a octavos o incluso a cuartos. Tengo a mi madre al lado y ya lo dice ella: es una generación de futbolistas con un corazón muy bueno; se les nota. Hay mucho cariño hacia ellos».
El bombo está preparado. Ahora solo queda que, sea cual sea el resultado del partido, el árbitro pite el final y suene el primer ‘ru’ vikingo para que el paseo de L’Albir deje de mirar al Mediterráneo y se convierta, por unos minutos, en las revueltas aguas nórdicas. Españoles y noruegos, vecinos de toda la vida, se fundirán en un mismo ritual de herencia vikinga que ya forma parte del paisaje del pueblo. El país del salmón, de los fiordos y de las auroras boreales; un país pequeño, pero que ha sabido instaurarse en un pueblo de la costa de Alicante, haciendo que Noruega se sienta un poco más cerca del Mediterráneo. «Ganemos o no, el bombo va a sonar y el ‘ru’ se cantará en las calles de Alfaz», concluye Elisabeth, trasladando la emoción de 8.000 noruegos.
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