Un solitario penalti de Kylian Mbappé fue la única solución de Francia al autobús preparado por Paraguay en Philadelphia. Premio suficiente para que los galos consiguieran el billete a los cuartos de final del Mundial. donde se medirán a Marruecos. El cuadro sudamericano propuso un partido de barro, pelea y físico que desesperó por momentos a los galos, incapaces de brillar como lo habían hecho en los cuatro partidos anteriores. La galaxia francesa sufrió, pero está en la siguiente ronda.
El galo transformó una pena máxima en la segunda parte para romper las tablas de un partido bronco y más equilibrado de lo esperado
Un solitario penalti de Kylian Mbappé fue la única solución de Francia al autobús preparado por Paraguay en Philadelphia. Premio suficiente para que los galos consiguieran el billete a los cuartos de final del Mundial. donde se medirán a Marruecos. El cuadro sudamericano propuso un partido de barro, pelea y físico que desesperó por momentos a los galos, incapaces de brillar como lo habían hecho en los cuatro partidos anteriores. La galaxia francesa sufrió, pero está en la siguiente ronda.
El calor apretaba en Philadelphia para recibir el 4 de julio en el 250 aniversario de Estados Unidos. En la grada se superaron los 40 grados y se rozó el récord histórico de la ciudad mientras los cazas del ejército pasaban por encima del Lincoln Financial Field y los fuegos artificiales explotaban en el césped. Puro espectáculo americano antes del ‘western’ improvisado por Paraguay ante el paseo de la fama galo.
En el campo se rozaban los 50 grados de sensación térmica y los Mbappé, Olise, Dembélé y compañía parecían notarlo. Los galos dominaron el duelo, convertido en un partido de balonmano que se jugó a 10 metros de la frontal del área paraguaya, pero no descosieron el entramado defensivo creado por el argentino Gustavo Alfaro hasta la hora de partido.
Bueno, más que ‘entramado’ fue un autobús. Tan simple como bien organizado. El técnico situó dos líneas de cinco y cuatro futbolistas separadas por apenas unos metros y dejó a Enciso, rápido e incansable, para pelear los balones que la defensa consiguiera despejar. Después, se centró en las estrellas de Francia. Convenció a los suyos de perder de vista a los cuatro defensas galos, a Koné, sustituto del lesionado Tchouaméni, y a Rabiot, y focalizó sus marcajes dos contra uno sobre Barcola, Dembélé, Mbappé y Olise, especialmente estos tres últimos.
Siempre que recibían, tenían a dos jugadores paraguayos encima. El sistema fue aburrido para el espectador, pero resultó efectivo porque Francia no tiró a puerta en los primeros 45 minutos. No encontró a Olise entre líneas, siempre con una sombra sudamericana detrás y tampoco en su día más fino, y a Mbappé se le vio incómodo, presionado por los rivales y enfrentado a ellos tras varios encontronazos.
Al descanso se llegó sin ocasiones claras para ningún equipo, con muchísimo calor, superados los 40 grados, y con más rifirrafes que juego. El balón apenas rodaba por el área paraguaya y Francia se desesperaba entre errores propios y la presión extenuante de su rival en cada acción. 276 pases contra 43 y 0 lanzamientos para cada uno. Más barro que fútbol.
Tras el intermedio, el nivel físico de Paraguay bajó un punto y Francia tuvo algo más de espacios. Gill, héroe ante Alemania, voló para evitar un golazo de de Koné desde fuera del área y los líderes del equipo sudamericano, Alderete y Enciso, se tuvieron que ir del campo por sendas lesiones musculares. A Gustavo Alfaro le saltaba por los aires su plan. Deschamps entendió la situación y retiró a Barcola para dar entrada a Doue, más incisivo en el uno contra uno. A los cinco minutos, el delantero del PSG provocó la acción que desequilibró una tarde muy complicada para los galos. Entró en el área regateando y Gómez, imprudente, le trabó a destiempo. Revisión de VAR y penalti que Mbappé, tranquilo, transformó al lado izquierdo de Gill.
Francia encontraba solución al gran problema de Philadelphia en una situación aislada. Nada más. No tuvo fútbol ni conectaron sus estrellas, pero ganó y el peligro apenas apareció por el área de Maignan. El gol de penalti de Mbappé no terminó con las ganas paraguayas, pero sin Enciso ni Almirón, exhausto, al conjunto sudamericano le costó mucho acercarse al campo rival. Tuvo más fe que ocasiones claras.
En el tramo final el partido se volvió todavía más bronco, con patadas, enfrentamientos y juego sucio por ambas selecciones. Quizás era el único contexto en el que Paraguay podía lograr lo imposible: tumbar a Alemania y Francia en dos eliminatorias consecutivas.
Los de Alfaro trataron de asediar la portería rival, pero simplemente no les dio. No llegaron a tener opción. Mbappé pudo sentenciar, pero Gill se creció y volvió a demostrar que está para algo más que la liga argentina, y los galos celebraron por todo lo alto que se limpiaron el barro de los octavos de final. Ahora les tocará Marruecos. Más fútbol.
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