El 23 de noviembre de 1994, el informativo de mediodía de France 2 emitió la confesión de la exgimnasta soviética Olga Kovalenko. Aseguraba que, antes de los Juegos Olímpicos de México 1968, los médicos de su país la habían obligado a quedarse embarazada para aprovechar las hormonas de la gestación y que, después de ganar el oro por equipos, la habían hecho abortar. Sus compañeras habían pasado por lo mismo y quizá también lo habían sufrido compatriotas de otras disciplinas. Un relato descorazonador. La confesión era un extracto de un reportaje emitido el día anterior por la televisión alemana RTL y a esas horas ya había sido también reproducida por otros muchos medios de todo el mundo, como Le Monde, The Sunday Times o Sports Illustrated.
Un equipo del Centre de Formation des Journalistes de París niega la historia de las gimnastas de México 1968 a las que supuestamente obligaban a quedarse embarazadas para ganar fuerza y después abortar. La campeona olímpica que lo contó en televisión en 1994 no era quien decía ser, era una profesora de danza contratada
El 23 de noviembre de 1994, el informativo de mediodía de France 2 emitió la confesión de la exgimnasta soviética Olga Kovalenko. Aseguraba que, antes de los Juegos Olímpicos de México 1968, los médicos de su país la habían obligado a quedarse embarazada para aprovechar las hormonas de la gestación y que, después de ganar el oro por equipos, la habían hecho abortar. Sus compañeras habían pasado por lo mismo y quizá también lo habían sufrido compatriotas de otras disciplinas. Un relato descorazonador. La confesión era un extracto de un reportaje emitido el día anterior por la televisión alemana RTL y a esas horas ya había sido también reproducida por otros muchos medios de todo el mundo, como Le Monde, The Sunday Times o Sports Illustrated.
Más de tres décadas después, un equipo de estudiantes del Centre de Formation des Journalistes (CFJ) de París niega la leyenda negra. El relato era completamente falso. Un engaño. La investigación, publicada por L’Équipe la semana pasada, demuestra que la mujer del reportaje no era realmente Olga Kovalenko y, además, niega la existencia de pruebas de que hubiera un programa soviético de dopaje basado en el embarazo.
La propia Kovalenko, fallecida en octubre de 2025, ya había negado siempre esas declaraciones y otras fuentes habían puesto en duda el abuso, pero hasta ahora su caso seguía repitiéndose como verdadero en documentales, libros y artículos de todo tipo. La confesión era tan impactante que sobrevivió durante décadas pese a ser falsa.
Y eso que la falsedad había empezado como un rumor. Su primera aparición en las hemerotecas fue en 1973 a través de un libro llamado ‘The Femininity Game’, escrito por un clérigo estadounidense que quería ensalzar las bondades del embarazo, y sólo fue considerado un hecho probado a partir del documental de RTL en 1994.
En él, aparecía una mujer rotulada como Kovalenko que después de 26 años de silencio había «decidido hablar», como anunciaban los presentadores de France 2. «Los médicos nos dijeron que el cuerpo de una mujer embarazada produce más hormonas masculinas y puede volverse más fuerte. Si me hubiera negado, no habría podido participar en los Juegos Olímpicos», confesaba la falsa Kovalenko. «Olga tuvo suerte. Las demás tuvieron que acostarse con sus entrenadores», añadía para mayor gravedad Vadim Mojessejev, presentado como ex funcionario soviético, un testimonio también dudoso. A partir de entonces, el mito circuló e incluso recientemente fue utilizado en Estados Unidos por organizaciones anti-aborto para defender sus tesis.
Hasta que el equipo del CFJ decidió investigar. «Cuando encontramos esta historia en un antiguo libro sobre dopaje, nos llamó la atención que un relato falso hubiera sido recogido por televisiones y medios reputados de todo el mundo sin ningún tipo de verificación», explica a EL MUNDO Hannah Wandji Nkuimy, autora del reportaje junto a Clara Ruffing, Nisreen El Yagoubi, Antonin Audion, Leonardo de Carlo y Emile Pawli. «Y cuando empezamos a hablar de ello con gente de nuestro entorno, descubrimos que el mito seguía vivo en el imaginario colectivo, aunque la propia Kovalenko lo hubiera negado».
Los investigadores contactaron con numerosas conocidas de Kovalenko, entre ellas Larisa Petrik y Ludmilla Tourischeva, dos de sus compañeras en México 1968, y todas confirmaron que la mujer del reportaje no era ella: ni el pelo ni la cara, nada coincidía. «Tenía los dientes separados y hoyuelos que no coincidían con los de la gimnasta», explica Wandi. La duda era saber quién era la mujer del documental y el reconocimiento facial y la búsqueda inversa de imágenes les llevó hasta una escuela de danza rusa. Allí encontraron a Elena K., una profesora que terminó admitiendo su participación. O no. «Sí, puede que sea yo. No me acuerdo, fue hace mucho tiempo», respondió cuando la localizaron, aunque su testimonio no cerró la investigación.
Quedaba, además, por explicar por qué la mentira aguantó tanto. Tras el documental de la RTL, Kovalenko y el resto de gimnastas valoraron denunciarlo, pero no lo hicieron porque un litigio internacional era caro y creían que la historia apenas tendría repercusión. Formada como adiestradora de perros, en sus últimos años la exgimnasta, nacida Olga Karasyova, se alejó del deporte y no quiso saber nada de la vida pública. Sólo en 1998, cuando un tabloide ruso insistió en el relato y añadió unas nuevas citas inventadas, Kovalenko llevó el caso a los tribunales y ganó, aunque la repercusión del caso no salió de Rusia.
Lo curioso es que el llamado dopaje por embarazo no tiene ninguna base científica. El embarazo no eleva la testosterona ni la masa muscular, así que no aporta ningún beneficio directo al rendimiento. Existe, eso sí, un caso que pudo alimentar el bulo. Larissa Latynina, nueve veces campeona olímpica, ganó el Mundial de 1958 estando embarazada de varios meses y diez años después era precisamente la seleccionadora de las campeonas de México 1968. Su presencia pudo dar pie al rumor, y de ahí al resto de la historia
En realidad, lo más probable es que el relato triunfara porque apareció en el momento adecuado en un contexto propicio. La caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución de la URSS en 1991 destaparon el dopaje de Estado en el bloque soviético y crearon un clima en el que cualquier barbaridad parecía verosímil. De hecho, está documentado que médicos y responsables de la RDA administraban sustancias a las atletas y las presionaban para abortar si se quedaban embarazadas, pero eso no demuestra que esos embarazos fueran buscados. La investigación del CFJ no encontró ninguna prueba de ello.
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