Fue el peor Madrid y fue también el mejor Madrid. Fue una primera parte tétrica y un tercer cuarto asombroso. Fue una exhibición de Maledon (26 puntos, siete asistencias…), un partidazo de Luwawu Cabarrot y Tavares, pinceladas de esperanza, insuficientes en cualquier caso para ganar, para que en Sofía, ante el Hapoel de Tel Aviv, el equipo de Pedro Martínez hiciera historia, de la que es mejor no escribir: es el peor arranque europeo de los blancos en 68 años. [102-98: Narración y estadísticas]
Los de Pedro Martínez pierden su tercer partido consecutivo en la máxima competición continental (los tres a domicilio). Levantó 22 puntos tras una horrible primera parte, pero Elijah Bryant resolvió al final.
Fue el peor Madrid y fue también el mejor Madrid. Fue una primera parte tétrica y un tercer cuarto asombroso. Fue una exhibición de Maledon (26 puntos, siete asistencias…), un partidazo de Luwawu Cabarrot y Tavares, pinceladas de esperanza, insuficientes en cualquier caso para ganar, para que en Sofía, ante el Hapoel de Tel Aviv, el equipo de Pedro Martínez hiciera historia, de la que es mejor no escribir: es el peor arranque europeo de los blancos en 68 años. [102-98: Narración y estadísticas]
Llegó a caer por 22 puntos nada más volver del descanso, tras haber bordeado el abismo de la desidia en la primera mitad. Y en un pestañeo se vio hasta por delante. Reacción y carácter, aunque insuficiente para vencer, pues en el round final volvió a perder el paso. La losa era enorme y Elijah Bryant resultó imparable: firmó un partido para el recuerdo (22 puntos, 13 rebotes y siete asistencias). Tres noches en Euroliga (las tres a domicilio), tres derrotas de este nuevo Madrid de Pedro Martínez.
El dato, aunque fuera anecdótico, convenía convertirlo en resorte. El escudo obliga. Pero ante la amenaza del peor arranque de su historia en Europa, en vez de amor propio, el Madrid se ahogó en sus repentinas miserias. Bien podría explicarse el repentino hundimiento tras ganar la Supercopa de la Euroliga hace poco más de 10 días a los vaivenes del amanecer del curso, a la lógica adaptación al nuevo entrenador, al puñado de jugadores fichados en verano. Lo que nada justifica es la imagen de los brazos caídos.
Cuesta recordar un Madrid más triste, más desnortado. Su primera parte en Sofia fue un esperpento, una dimisión defensiva, arrasado por el Hapoel de Tel Aviv, el mismo rival al que el curso pasado eliminó en cuartos para acceder a la Final Four. Al cuarto de hora de juego, había encajado 50 puntos. Pedro Martínez había arrinconado esta vez a Abalde al último lugar de la rotación, pero no le quedó más remedio que acudir al gallego ante el disparate defensivo, ante el dominio de los talentos de Itoudis: todos se ponían las botas. Desde Caboclo (cuatro triples sin fallo ante Tavares), a Leday (13 puntos en el primer cuarto), por supuesto Elijah Bryant y Micic… Cualquiera encontraba facilidades para anotar. Los blancos se fueron 20 abajo, al descanso, bordeando el ridículo.
Sólo Tavares y Maledon habían fluido mínimamente en la primera mitad. Con ellos en cancha y muchísima más intensidad regresó el Madrid, que se arrimó rápidamente. Un 0-19, fugaz e increíble (cuatro triples de Luwawu, redimiéndose de su nefasto partido el martes en Estambul) le hizo bajar de la decena (67-64). Esta vez, evidentemente, Pedro Martínez no movió el banquillo con la velocidad a que acostumbra. Se desmelenó por completo el Madrid, al fin el rock and roll prometido. Tuvo que verse desfigurado para emerger. Aunque ahora había que ganar el partido.
Igualó al poco, no había nadie que pudiera con la inspiración del dúo francés, TLC y Maledon, y con el dominio, ahora sí, de Tavares. El parcial creció al 3-25 (70-70) y después se vio ya por delante (74-75).
Con Campazzo, Feliz y Deck el Madrid no fluía igual. Y el Hapoel aprovechó para sacudirse el vendaval. Se palpó y aún seguía sin herida de muerte, pese al tremendo baño que recibió en el tercer cuarto. En otro pequeño momento de relax, el Madrid tropezó, el quinto triple de Caboclo antes de ser expulsado por faltas, otro de Micic y siempre Bryant para el 92-81. Intentó tirar de la heroica, pero la situación era ya desesperada y los árbitros tampoco iban a ayudar. El próximo jueves, al fin en el Palacio, acude el Partizan de Joan Peñarroya, y el Madrid está obligado a revivir.
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