‘Succession’ a la italiana: la batalla por el legado de Del Vecchio sacude el imperio de Luxottica y a una de las grandes dinastías europeas

Cuatro años después de la muerte de Leonardo Del Vecchio, fundador del gigante Luxottica y uno de los hombres más ricos de Italia, la herencia que dejó a sus descendientes ha desatado una guerra familiar con todos los ingredientes de una serie de televisión: una fortuna repartida a partes iguales entre ocho herederos, hermanos y hermanastros enfrentados, acuerdos frustrados, demandas cruzadas y una batalla por hacerse con el control del imperio. La prensa italiana no ha tardado en establecer una comparación inevitable: los Del Vecchio viven su propia Succession.

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 Los ocho herederos del fundador del fabricante de gafas y monturas libran una guerra interna digna de la ficción de HBO, con hermanos y hermanastros enfrentados, acuerdos frustrados y demandas cruzadas  

Cuatro años después de la muerte de Leonardo Del Vecchio, fundador del gigante Luxottica y uno de los hombres más ricos de Italia, la herencia que dejó a sus descendientes ha desatado una guerra familiar con todos los ingredientes de una serie de televisión: una fortuna repartida a partes iguales entre ocho herederos, hermanos y hermanastros enfrentados, acuerdos frustrados, demandas cruzadas y una batalla por hacerse con el control del imperio. La prensa italiana no ha tardado en establecer una comparación inevitable: los Del Vecchio viven su propia Succession.

Del Vecchio murió en junio de 2022, a los 87 años, después de levantar desde cero un imperio mundial de la óptica. Nacido en Milán en una familia humilde, pasó parte de su infancia en un orfanato antes de fundar Luxottica en 1961. En apenas unas décadas logró convertirse en el propietario de un patrimonio valorado en decenas de miles de millones. Su compañía controla marcas como Ray-Ban y Oakley. Pero detrás del exitoso hombre de negocios había también una vida sentimental y familiar particularmente compleja: seis hijos de tres mujeres distintas, varios matrimonios —llegó incluso a casarse por segunda vez con una de sus exmujeres— y una familia poco avenida que ahora se disputa su legado.

A su muerte, Del Vecchio dejó la propiedad de Delfin, la sociedad a través de la que la familia controla el imperio empresarial, valorada en más de 40.000 millones de euros y con un enorme poder económico en el país transalpino, dividida en ocho partes exactamente iguales. Cada uno recibió un 12,5%: sus seis hijos —Claudio, Marisa, Paola, Leonardo Maria, Luca y Clemente—, su viuda, Nicoletta Zampillo, y Rocco Basilico, hijo de Zampillo de una relación anterior y, por tanto, hermanastro de algunos de los herederos. Aquí está el primer problema. Que Rocco Basilico, que no es hijo biológico de Del Vecchio, recibiera exactamente la misma parte que los seis hijos del magnate no sentó bien a todos los herederos. Las diferencias han terminado en los tribunales, con procedimientos abiertos en Italia y Luxemburgo que cuestionan la validez de sus derechos dentro de Delfin y, en particular, su capacidad para ejercer el voto en la dirección de la empresa.

El fundador quiso evitar con ese sistema señalar a un único sucesor. Además, con el objetivo de que ninguna de las ramas pudiera imponerse a las demás, Leonardo Del Vecchio otorgó poder de veto a cada uno de los ocho herederos. Cuatro años después, aquel reparto aparentemente equilibrado se ha convertido en el caldo de cultivo perfecto para la guerra familiar: ninguno de los ocho herederos tiene suficiente peso por sí solo para hacerse con las riendas del imperio y las distintas facciones familiares parecen incapaces de ponerse de acuerdo sobre quién y cómo debe dirigir el legado del patriarca.

Los hijos de Del Vecchio tienen edades, trayectorias y ambiciones muy diferentes. Entre el mayor, Claudio, de 69 años, y el menor, Clemente, de 22, hay casi medio siglo de diferencia. Buena parte de los hermanos no participa en la gestión empresarial de Delfin y su relación con el imperio familiar se limita prácticamente a cobrar los dividendos que les corresponden cada año. Algunos incluso se plantean vender su parte.

La gran excepción es Leonardo Maria Del Vecchio, de 31 años, que aspira a hacerse con el control de Delfin y asumir personalmente las riendas. Lleva el mismo nombre que su padre y es el único de los hijos que ha hecho carrera dentro de las empresas familiares, donde ejerce como presidente de Ray-Ban y responsable de estrategia del grupo. Es hijo de Nicoletta Zampillo, la mujer con la que el fallecido magnate protagonizó una historia sentimental marcada por numerosas idas y venidas: se casaron, se divorciaron y, diez años después, volvieron a contraer matrimonio.

La intención de Leonardo Maria de comprar las participaciones de dos de sus medios hermanos, Luca y Paola, por alrededor de 10.000 millones de euros ha terminado de romper el frágil equilibrio familiar. La operación elevaría su participación del 12,5% al 37,5% y lo convertiría, con mucha diferencia, en el miembro más poderoso del clan.

Pero el movimiento ha encontrado resistencia dentro de la propia familia. Uno de sus principales adversarios es su hermanastro Rocco Basilico, que ha llevado algunas de las decisiones relacionadas con la operación ante los tribunales. Leonardo Maria, a su vez, ha cuestionado judicialmente su capacidad para disponer libremente de su parte de la herencia y ha emprendido una batalla legal que ha llegado a involucrar incluso a su propia madre. En junio, los dos bandos parecieron alcanzar una tregua y anunciaron un principio de acuerdo para poner fin a las demandas cruzadas. La paz, sin embargo, ha resultado mucho más difícil de alcanzar de lo previsto.

La disputa ha ido dibujando alianzas dentro de una familia en la que las diferencias generacionales y personales se mezclan con la lucha por el poder. También ha salpicado a los hombres de confianza que Leonardo Del Vecchio dejó al frente de sus negocios, divididos sobre cómo debe administrarse el patrimonio y sobre si uno de los herederos debe tener mayor capacidad de decisión que los demás. Como en Succession, la pregunta que sobrevuela el conflicto es quién puede ocupar realmente el lugar que dejó el patriarca.

El tamaño del botín hace que la guerra familiar vaya mucho más allá de una disputa privada. A través de Delfin, los Del Vecchio controlan una extensa red de inversiones en algunas de las principales empresas y bancos de Italia, por lo que el enfrentamiento entre los herederos puede tener repercusiones en el conjunto de la economía del país.

La batalla familiar ha causado revuelo en Italia y ha alimentado las comparaciones con la aclamada serie de HBO sobre la familia Roy. Hay un patriarca que construyó un imperio, unos descendientes obligados a convivir bajo su enorme sombra y una sucesión que, lejos de resolver quién manda, ha abierto una competición entre los herederos. Con una diferencia fundamental: Leonardo Del Vecchio decidió que ninguno de ellos fuera el elegido.

Succession HBO

Su plan debía garantizar que el patrimonio permaneciera unido después de su muerte. Pero, por ahora, ha producido el efecto contrario. Cuatro años después de la desaparición del fundador, los ocho herederos continúan condenados a entenderse mientras algunos de ellos buscan modificar el equilibrio que él dejó establecido. La incógnita ya no es solo cómo gestionar la fortuna de uno de los grandes magnates italianos, sino si alguno de sus herederos conseguirá finalmente convertirse en el nuevo jefe de la familia.

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