Qué hacer 24 horas en Mantua, palacios, frescos y un delicioso paseo

Mantua es una de las ciudades más bellas de toda Italia, pero su ubicación suele disuadir a muchos viajeros que no van en vehículo privado. Sin embargo, no es en absoluto complicado llegar a este primer jalón de Lombardía desde Milán o desde la región de Emilia Romagna, con la que colinda y tiene muchas hermandades, tanto por su configuración urbana como por su enorme patrimonio artístico, no solo limitado a los siglos de dominio de la familia Gonzaga.

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 Esta ciudad en la región italiana de Lombardía no es la más visitada, pero esconde tesoros como la Loggia delle Pescherie, la basílica de Sant’Andrea y la Cámera de los Esposos del Palazzo Ducale  

Mantua es una de las ciudades más bellas de toda Italia, pero su ubicación suele disuadir a muchos viajeros que no van en vehículo privado. Sin embargo, no es en absoluto complicado llegar a este primer jalón de Lombardía desde Milán o desde la región de Emilia Romagna, con la que colinda y tiene muchas hermandades, tanto por su configuración urbana como por su enorme patrimonio artístico, no solo limitado a los siglos de dominio de la familia Gonzaga.

Antes de empezar nuestro recorrido conviene apuntar algunas características esenciales. Mantua es más que óptima para caminarla sin prisa alguna y perderse por sus callecitas, repletas de otros hitos no tan reconocibles. La excepción a esta norma nace de sus características físicas, rodeada por tres lagos del río Mincio, que es recomendable navegar con un crucero para admirar el panorama de torres y todos los estímulos que puede brindarnos una ciudad declarada patrimonio mundial de la Unesco en 2008 por “aportar un testimonio excepcional de las realizaciones urbanísticas, arquitectónicas y artísticas del Renacimiento, dictadas por la visión y las ambiciones de la familia gobernante de los Gonzaga”.

9.00 De la estación al Teatro Sociale

Cuando llegamos a Mantua podemos sentir extrañeza porque la estación sirve más bien poco para orientarse pese a estar muy cerca de algunos puntos fundamentales. En Largo Pradella topamos con una primera pieza a remarcar, el Palazzo Bianchi (1). Esta antigua casa del Fascio, como es comprensible reconvertida en sus funciones, es un preludio a Corso Vittorio Emanuele II, una línea recta hacia el centro histórico que culmina con el Teatro Sociale, no sin antes ofrecer la opción de ver iglesias de valor como la de Ognissanti.

Construido entre 1817 y 1822, este teatro lleva la firma del arquitecto Luigi Canonica y su fachada neoclásica tiene algo de engaño para quien se conforme con cuatro tópicos y, asimismo, es la muestra fehaciente de la variedad del repertorio mantuano y una especie de encrucijada entre ejes.

10.00 Del Teatro Sociale a la Loggia delle Pescherie

Conviene tomar la Via Don Bartolomeo Grazioli hasta la Piazza dei Martiri di Belfiore. Desde esta rotonda se puede contemplar uno de los íconos de Mantua: la Loggia delle Pescherie (2), diseñada por Giulio Romano en 1536 para embellecer el lugar donde llegaba el pescado proveniente del río Po y de los lagos circundantes a nuestra protagonista. Acto seguido la mercadería se vendía en el mercado adyacente a las arcadas.

Hoy la logia se acompaña de otro edificio fascista, el Istituto Nazione della Previdenza Sociale (3), en cierto sentido el kilómetro cero hacia las maravillas de Mantua si seguimos por Via Roma, llena de comercios reconocibles en toda Europa, además de librerías y terrazas que conducirán hasta la basílica de Sant’Andrea (4).

11.00 La basílica de Sant’Andrea, obra maestra del Renacimiento

Esta iglesia, una de las cumbres del incomparable Leon Battista Alberti en su madurez, se inició en 1472 y se concluyó siglos más tarde, en 1732. Su fachada puede recordar a la del templo malatestiano del mismo autor en Rímini, mientras el interior es una emoción difícilmente superable, bien sea por su nave central con bóveda de cañón inspirada en la basílica de Majencio en Roma, bien por cómo apabulla su perspectiva.

Pasear por este derroche de arte requiere tiempo y ninguna paciencia, solo disfrutar de cada centímetro fijándonos en todos y cada uno de sus detalles, que quizá tienen su mayor esplendor en la cúpula de Filippo Juvarra, quien no en vano era escenógrafo, lo que explica la teatralidad de esta clave del conjunto.

12.00 De Piazza delle Erbe a Piazza Sordello

Al salir de Sant’Andrea queda a menos de 50 metros la Piazza delle Erbe (5). El viejo foro Boario devino uno de los centros ciudadanos, forjándose durante un largo periodo, de los Canossa a los Gonzaga. Los primeros alzaron a finales del siglo X la torre de la Rotonda, siamesa del Santo Sepulcro de Jerusalén, para homenajear la presencia de la reliquia de la preciosísima sangre de Cristo en la basílica, muy popular entre los peregrinos de aquel tiempo, que se alojaban donde en 1250 surgió el Palazzo della Ragione con su torre del reloj, una de tantas perlas de la plaza, en la que no se puede olvidar la casa del Mercante, datada en 1455 pese a su aire gótico, la de Boniforte o la Torre del Reloj. En la plaza abundan restaurantes para comer con más o menos velocidad en función de las urgencias del viajero.

14.30 De Piazza Sordello al Palazzo Ducale

De Le Erbe a Piazza Sordello (6), auténtico centro administrativo y religioso de Mantua. En esta ágora podríamos transcurrir una jornada entera sin cansarnos por todos los alicientes que contiene, del blanquísimo Duomo a la conocida como la casa del Rigoletto por la ópera de Verdi y el Palazzo Ducale, en cuyo seno se englobaba el Castello di San Giorgio como paradigma del poder de los Gonzaga, amos de Mantua de 1328 a 1707.

El principal atractivo del Palazzo Ducale radica en la Camera Picta o de los esposos, coronada con los frescos de Andrea Mantegna, entre ellos su célebre óculo, un trampantojo que, como el resto de las obras ubicadas en el torreón noroeste del Castello di San Giorgio, pintó entre 1465 y 1474. La visita normativa se calcula entre dos y tres horas. Aconsejamos pasear con calma por el exterior, lleno de ángulos destacables y que, quizá, dejen otro sabor de boca al alimentarnos fuera de aquello obligado que, a veces, empobrece demasiado la ruta.

17.00 Del Bosco Virgiliano a la casa del Mantegna

Para relajarnos tras la acumulación del Palazzo Ducale y retomar la marcha, siempre vale la pena ir hasta el Bosco Virgiliano (7), dedicado al poeta de La Eneida, para luego descender hacia la Via Verdi, que conducirá a dos joyas menos frecuentadas. La primera de ellas es la Piazza Canossa (8), quizá la más preciosa de Mantua con su quiosco Liberty, la iglesia de la Madonna del Terremoto y el Palazzo Canossa, con dos perros de mármol que nos reciben en su ingreso.

Desde Canossa queda a menos de dos minutos la iglesia desconsagrada de Santa Maria della Vittoria (9), con frescos atribuidos a Andrea Mantegna y protegida por los voluntarios que preservan el arte italiano, del cual este pintor es uno de sus grandes exponentes, más si cabe en la urbe lombarda, que puede presumir de albergar su casa natal, a poco más de un quilómetro de distancia si tomamos Via Roma, o la dedicada a Giovanni Arrivabene, pues ambas confluyen tarde o temprano con Via Principe Amedeo, llena de palacetes que sintetizan la historia del sitio, coronada por el domicilio de este genio, modesto en lo museístico y espléndido en su arquitectura.

18.30 De la casa de Mantegna al palazzo del Té

Justo después nos espera la iglesia de San Sebastián (10), guinda para quienes quieran extasiarse con la habilidad de Leon Battista Alberti con formas y dimensiones desde lo racional. El templo, transformado en un mausoleo (famedio, en italiano) de los mantuanos caídos por la patria, ha padecido algunas reformas más bien arbitrarias que no han afectado a su impronta, fastuosa y extraordinaria mayordoma del palacio del Té, cuyo nombre no proviene de la bebida, sino de los tilos que lo rodeaban.

Este fue concebido como escudería de los Gonzaga a las afueras de la ciudad por Giulio Romano entre 1525 y 1535, cuya mayor realización en su interior fue la Camera dei Giganti. Este verde tan distinguido en su esplendor palaciego acoge en nuestro siglo un parque municipal muy concurrido a cualquier hora.

Por lo reducido de sus dimensiones, Mantua puede proporcionarnos la ilusión de agotarla en un santiamén. No se equivoquen. En este periplo nos hemos dejado algunos de sus monumentos más festejados, como el teatro científico del Bibiena, a cinco minutos de Piazza delle Erbe, o el museo del Palazzo dell’Arco, uno de los últimos nobiliarios de la localidad, con lienzos, entre otros, de Rubens, Van Dyck o Lorenzo Lotto.

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