Paul Schrader: «No tardaremos en ver actores generados digitalmente, yo mismo ya estoy trabajando en una película enteramente con IA»

Paul Schrader (Michigan, 1946) se define como el penúltimo representante en activo –siempre con el permiso de su inseparable compañero de fe Martin Scorsese– de lo que él mismo califica «la generación de las escuelas de cine». El guionista de la totémica Taxi driver insiste en su último trabajo recién presentado en Venecia, The Basics of Philosophy, en el argumento que ha presidido su último cine desde El reverendo a El maestro jardinero pasando por El contador de cartas. De nuevo, un hombre solo pelea a brazo partido contra sus graves pecados del pasado a la búsqueda desesperada del perdón, la redención o, al menos, un gramo, tan solo uno, de esperanza. Esta vez, el protagonista (Jack Huston) es un profesor de Filosofía que discute con el mismísimo Spinoza (el filósofo judío aparece como personaje) sobre el libre albedrío y sobre la posibilidad de que un hombre o una mujer cambien. En lo que concierne a Schrader, él se muestra completamente libre de opinar de todo y, eso sí, exactamente igual a sí mismo. No hay cambio posible.

 El director, que presenta en Venecia The Basics of Philosophy, reflexiona sobre filosofía, sobre el perdón, sobre la Inteligencia Artificial y sobre el supuesto fin del movimiento MAGA  

Paul Schrader (Michigan, 1946) se define como el penúltimo representante en activo –siempre con el permiso de su inseparable compañero de fe Martin Scorsese– de lo que él mismo califica «la generación de las escuelas de cine». El guionista de la totémica Taxi driver insiste en su último trabajo recién presentado en Venecia, The Basics of Philosophy, en el argumento que ha presidido su último cine desde El reverendo a El maestro jardinero pasando por El contador de cartas. De nuevo, un hombre solo pelea a brazo partido contra sus graves pecados del pasado a la búsqueda desesperada del perdón, la redención o, al menos, un gramo, tan solo uno, de esperanza. Esta vez, el protagonista (Jack Huston) es un profesor de Filosofía que discute con el mismísimo Spinoza (el filósofo judío aparece como personaje) sobre el libre albedrío y sobre la posibilidad de que un hombre o una mujer cambien. En lo que concierne a Schrader, él se muestra completamente libre de opinar de todo y, eso sí, exactamente igual a sí mismo. No hay cambio posible.

¿Por qué precisamente Baruch Spinoza?
Dudaba entre Leibniz y Spinoza. Podría haber elegido también a otros autores con los que estoy familiarizado como Marx o Wittgenstein, pero, a medida que me fui empapando de lecturas, empecé a verlo más claro. Quería hablar del libre albedrío y de si podemos los seres humanos cambiar realmente y todo encajaba. Además, el hecho de fuera holandés como yo mismo y judío cristiano le acercaba a mi propia biografía.
Uno de sus trabajos como escritor más celebrados es El estilo trascendental en el cine: Ozu, Bresson, Dreyer. Me pregunto de dónde le viene ese interés por la filosofía.
Primero fui a una escuela religiosa calvinista. Digamos que la base la recibí ahí. Luego en la universidad todos, estudiáramos lo que estudiáramos (yo hice una licenciatura en inglés) teníamos que pasar por una subespecialización en filosofía de manera obligatoria. No quiero parecer nostálgico, pero lo considero una buena educación. Ahora veo como el dinero de la derecha evangélica contamina las universidades liberales empujándolas cada vez más a la fe en vez de al estudio del pensamiento y me resulta lamentable.
La culpa, el perdón, la redención como condición necesaria del cambio han estado presentes en su cine desde muy al principio. Una pregunta muy básica: ¿por qué?
No se me ocurre una respuesta medianamente inteligente. Lo único que puedo decir es que me programaron así. Freud no hablaba de ordenadores, pero tenía claro que somos lo que somos a los cinco o seis años. Luego lo único que haces es ejecutar el programa. No importa lo rápido que corras o lo lejos que quieras llegar, no puedes escapar de lo que eres.
Imagino que tras años de trabajar sobre los mismos temas en los que fue programado, ya tiene claras las conclusiones.
Todo gira alrededor del mismo dilema. Cuando el protagonista se encuentra con el mismísimo Spinoza le dice: «Creo que he cambiado, pero, aún así, no me han perdonado». El filósofo le contesta que el cambio es imposible, que racionalmente estamos completamente determinados. Y acto seguido le confiesa su firme convicción en el libre albedrío. ¿Cómo es posible semejante contradicción? La libertad puede que sea una ilusión producto de nuestra ignorancia, pero tenemos que actuar como si fuera posible, como si fuera una certeza.
Eso se parece poco a una conclusión. ¿Qué cree usted?
Podría argumentar en un sentido u otro. A veces creo que he visto a gente cambiar de verdad y otras veces pienso que no, que solo actúan como si hubieran cambiado. Pero si actúas como si hubieras cambiado, ¿no has cambiado acaso realmente? ¿O solo actúas como si hubieras cambiado?
La película plantea de algún modo el conflicto entre la Iglesia y la homosexualidad…
Tengo que decir que vivo en el West Village de Nueva York, que es un barrio gay, y las dos iglesias que tengo cerca, una presbiteriana y otra luterana, tienen básicamente una feligresía gay. Obviamente, no hay conflicto. Lo que ocurre es que ha habido y hay movimientos empeñados en usar la Biblia y la propia Iglesia como fuerza de control. Y, claro, si vas a controlar a la gente lo primero es controlar la sexualidad. No puedes permitir que la gente tenga una sexualidad libre y mantenerla bajo control. La Iglesia ha intentado históricamente controlar cualquier tipo de sexualidad y muy en particular la no normativa y fuera de control: la homosexualidad.
En su cine, el perdón siempre ha sido un argumento central. Pero me atrevería a decir que nunca, en esta época de odio, ha tenido tan poco predicamento como ahora.
Existe la tendencia a pensar que ahora las cosas están peor que antes. Llevamos miles de años pensando eso. Si nos remontamos a la generación de mis padres, a la de mis abuelos, todos dirán lo mismo: antes era mejor. No creo que sea así. Es cierto que los años cincuenta tuvieron muchas cosas buenas, pero los derechos de las mujeres, de los negros y de las minorías no existían. Parece que hay más intolerancia ahora que nunca, pero si lo pensamos bien vemos hechos tan flagrantes como que antes se estigmatizaba a las personas de baja estatura ya no se da. Y eso era algo común.
Pero no negará que vivimos una regresión con el auge de la extrema derecha en todo el mundo.
Si habla del movimiento MAGA, desengáñese, acabará mucho antes de que se recorten derechos fundamentales. De hecho, ya está en las últimas.
La película aparece apadrinada, que no producida, por Martin Scorsese, ¿cómo ven, si me lo permiten, dos vacas sagradas como ustedes el nuevo Hollywood?
Ahora vivimos la generación post-internet. Ha habido unas ocho o nueve generaciones a lo largo de la historia del cine. Nosotros fuimos la generación de las escuelas de cine. Antes de nosotros, estuvo la generación de la televisión. Luego vinieron los que surgieron del teatro y los que crecieron con las series de televisión. Esta nueva generación viene de internet y tiene su propio estilo. Yo lo llamo cine de scroll. De hecho, hay una película como Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma que es un buen ejemplo. Son películas que abrazan la contradicción; la contradicción de estilo y de argumento. Sus autores es una generación que ha crecido haciendo y viendo cosas contradictorias simultáneamente. Leen el correo, ven deportes en la tele y miran YouTube al mismo tiempo. Y ahora hacen películas.
IA sí o IA no.
No se puede estar en contra de la realidad. Ya está aquí. Se ha fusionado con los efectos especiales generados por computadora y lo hará aún más. De hecho, estoy trabajando ahora mismo en una película enteramente generada con IA.

«¿El cine es algo que se proyecta en la pared o algo que se ve en un móvil? las dos cosas son cine como son cine los vídeos de gatos»

¿Y los actores?
También son IA. Todo progresa a un ritmo exagerado. Dentro de poco será imposible distinguir a un actor de carne y hueso de uno generado digitalmente. La pregunta es: ¿Pagarán las personas de carbono como nosotros para identificarse con personas de silicio? Eso ya ocurre. O es que no hemos visto Avatar o Toy Story. Es solo cuestión de tiempo que tengamos nuestra primera estrella de IA.
¿No cree entonces que sea el Apocalipsis del cine?
¿Qué es el cine? ¿El cine es algo que se proyecta en una pared? ¿O es algo que se ve en el teléfono? Ambas cosas son cine. Los videos de gatos son cine. A quienes se oponen a la IA los comparo con los retratistas del siglo XIX cuando surgió la fotografía. Decían: «No, no, no, tenemos que dejar de fotografiar. Vamos a perder nuestros trabajos». Yo les respondería: «Ya los han perdido». Nadie quiere posar para una foto.
Es muy activo en las redes sociales. ¿Cómo se maneja con los mensajes de odio?
Uso aún Facebook porque me parece un bonito púlpito para soltar una parrafada sobre cualquier cosa que se me ocurre. Y sobre el odio, tengo el botón de bloqueo muy bien entrenado. En cuanto huelo el primer síntoma, adiós.
¿Dónde ve las películas?
Depende. Ciertas series, sobre todo las largas, las veo en el televisor. Me gusta ir al cine cuando hay películas de terror, comedias, donde se puede sentir la reacción de la gente. Pero para determinadas películas en la que la reacción es irrelevante, casa está bien. Le contaré una anécdota. George Lucas organizó una proyección de Star Wars en la que la mitad de la pantalla era proyección digital y la otra mitad celuloide. Después pidió a los espectadores que dijeran cuál era cuál. Alrededor del 30 por ciento se equivocó. Hay mucha mística sobre asuntos irrelevantes.

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