El arrepentimiento como concepto da problemas. Y muy serios. Uno podría pensar que un acto de contrición es algo así como un Plan Renove de la conciencia en el que se reconocen los errores cometidos, se aprietan mucho los puños y andando, que queda mucho camino. Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a pasar. Pero en verdad arrepentirse es tanto como reconocer que podemos ser otras personas distintas a las que fuimos cuando, supuestamente, nos equivocamos y, qué se yo, disparamos contra un elefante. Es decir, quien cree en el arrepentimiento cree en el cambio y, apurando, en la personalidad múltiple.
El director continúa su exploración de la culpa y la redención en una película lejos de sus mejores trabajos. El francés Cédric Kahn echa mano de oficio en la sólida y algo despersonalizada 15/18 (A Place to Heal) (***) y el japonés Shinya Tsukamoto se pierde en su afán desmedido en Mr. Nelson, Did You Kill People? (**)
El arrepentimiento como concepto da problemas. Y muy serios. Uno podría pensar que un acto de contrición es algo así como un Plan Renove de la conciencia en el que se reconocen los errores cometidos, se aprietan mucho los puños y andando, que queda mucho camino. Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a pasar. Pero en verdad arrepentirse es tanto como reconocer que podemos ser otras personas distintas a las que fuimos cuando, supuestamente, nos equivocamos y, qué se yo, disparamos contra un elefante. Es decir, quien cree en el arrepentimiento cree en el cambio y, apurando, en la personalidad múltiple.
Digamos que los héroes (o, mejor, antihéroes) atormentados de Paul Schrader hace tiempo que literalmente acamparon en este callejón sin salida. Desde El reverendo a El maestro jardinero pasando por El contador de cartas, todos los protagonistas del por siempre guionista de Taxi driver (otro de la misma familia) viven solos, castigados por un hecho del pasado que les mantiene heridos de culpa y ansiosos por un instante de redención o de perdón o, cuanto menos, un segundo, solo uno, de descanso. The Basics of Philosophy, recién presentada en la Mostra de Venecia, completaría a su modo lo que antes era una trilogía y desde hoy una tetralogía. Esta vez es un profesor de filosofía encadenado al pensamiento de Spinoza el que se ve de frente ante sí mismo, ante lo que fue y ante lo que quisiera dejar de ser. Fascinante sin duda el afán de Schrader de hurgar en su más profunda herida.
La diferencia con los trabajos anteriores (siempre hay más de una) es que ahora el héroe, lejos de sufrir y obrar en silencio, no solo hace explícitas cada una de sus dudas, sino que hasta las discute con el propio Spinoza (sí, Spinoza tiene un papel). Y lo hace sin miedo a, otra vez, arrepentirse por una decisión tan osada. Desde luego, gusta y hasta entusiasma ese empeño más propio de Sísifo de subir una y otra vez la misma cuesta con idéntica piedra. Pero, y llegan las malas noticias, descorazona la falta de pulso de una película que, al contrario de sus predecesoras, huye del matiz, abraza la ambigüedad y se enreda en una trama tan alambicada e irreal como artificiosos se antojan los personajes.
Se cuenta, ya se ha dicho, el profundo pesar de un profesor (un Jack Huston que no está a la altura de, por orden, Etahn Hawke, Oscar Isaac y Joel Edgerton) que, por culpa de un hecho nefando del pasado, se ve incapaz de amar a la persona que dice amar. Cuando la víctima de aquel pecado vuelva de repente a su vida, con él vendrá –hemos llegado– la culpa y la duda sobre si es o no posible el arrepentimiento. Y aquí el callejón sin salida con, resumiendo mucho, dos soluciones posibles. Spinoza, que en Schrader manda, no da opciones. En su razonamiento materialista, cabal y algo mecanicista (sin exagerar), dado que actuamos compelidos por causas ajenas y encadenadas, sentir culpa por haber tomado una mala decisión es lo más parecido a una ilusión. Pero no una ilusión cualquiera o solo vana, sino una de las malas, una de esas que nos hace sentir mal con nosotros mismos y nos detiene en un pasado estéril.
En cambio, en el catolicismo en general y en Agustín de Hipona muy en particular, la cosa cambia. Para el padre de la Iglesia, menos dado a los determinismos demoniacos, arrepentirse es siempre el primer paso a un cambio interior en el que la gracia de dios tiene mucho que ver. Se trata de un acto de sinceridad donde el alma reconoce su culpa, se duele por su error y se abre a la misericordia. Lo dicho: lo siento, me he equivocado, no volverá a pasar.
El problema de The Basics of Philosophy, más allá de lo redundante que suena todo, es la dificultad que demuestra la película de hacer coincidir (o al menos, sincronicar) las diferentes tramas que se superponen y que tienen que ver con la identidad sexual del protagonista, con la omnipresencia de un padre dominante, con la venganza del damnificado, con un chantajista que aparece de forma oportuna (o inoportuna, según se vea) y con la propia figura de Spinoza empeñada en explicarlo todo.The Basics of Philosophy es una película exageradamente arrítmica que alterna momentos secos y profundos (marca del director) con lagunas narrativas solo desconcertantes. Quizá, por rizar el rizo, la propia película sea un motivo de arrepentimiento él mismo. Amén.
Ya en la competición oficial (la de Schrader iba fuera), destacó el nuevo trabajo del francés Cédric Kahn. 15/18 (A Place to Heal) insiste en ese subgénero tan francés, tan realista y tan enérgico de retratar una institución del Estado por dentro, desde su existencialismo más vívido. Suena extraño y, en verdad, hablamos básicamente de colegios y hospitales. Pensemos por un momento en Hoy empieza todo, de Bertrand Tavernier, en La clase, de Laurent Cantet, o, más atrás, en Cero en conducta, de Jean Vigo. Esto por lo que a la enseñanza se refiere. Del otro lado, ninguna como la brillantísima Hipócrates, de Thomas Lilti. Ahora se trata de una institución psiquiátrica (la de los números del títulos) que se ocupa de adolescentes.
Kahn, director entre otras de la afiladísima El caso Goldman, vuelve a demostrar su buena mano para coreografiar sentimientos y cuerpos al ritmo de una cámara que no da respiro. Siempre en el límite entre la realidad y la fabulación, la película va desgranando los abismos de unos chavales acosados y sin sitio. Brillante. El problema, que lo hay, llega de la mano de lo que podría llamarse (sin dramatizar) falta de rigor. Por momentos, 15/18 (A Place to Heal) se muestra, como probablemente debería haber sido siempre, cruda, inmisericorde y solo pendiente de la tempratura misma de una emoción que no necesita ni explicaciones ni justificación alguna. Y eso al lado de una cierta tendencia a la deriva melodramática que, como poco, se antoja no procedente. Improcedente, por tanto. Lástima. Sea como sea, enamoran todas y cada una de las interpretaciones de los chavales sin excepción.
Por último, la misma competición oficial de Kahn nos sorprendió con el último trabajo del japonés Shinya Tsukamoto y lo hizo de manera tan radical como paradójica. Mr. Nelson, Did You Kill People? completa su particular trilogía del horror de la guerra tras Fires of the Plain (2014) y Shadow of Fire (2023). La novedad reside es que, en vez de ambientarse en la Segunda Guerra Mundial, esta vez el centro de atención son las consecuencias del conflicto de Vietnam. El protagonista (Rodney Hicks) es un antiguo combatiente incapaz de entenderse ni con sus traumas ni con su vida ni con su propio terapeuta (Geoffrey Rush). La historia original es un relato de no ficción de Allen Nelson.
Nada que objetar al estallido sobre la pantalla de cada escena de acción arrojada literalmente a la parte blanda de la retina del espectador. Lo que se entiende peor es la nueva vocación moralista que el padre del ciberpunk (dos oraciones por la saga Tetsuo) demuestra en una historia tan errática en su narración como repetitiva en sus gestos. Y todo ello tapizado de una alarmante y muy forzada ingenuidad que no acaba. De repente, esa sensación espesa, salada y clara de la sangre, brutal sin duda, que presidió cada uno de los alardes de las cintas anteriores se acerca ahora peligrosamente al sermón. Y otra vez, amén.
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