Lleva más de tres años siendo el mejor jugador de pádel del mundo junto a su pareja, el argentino Agustín Tapia. Ha sido el más joven de la historia en conseguirlo y ahora, con 24 años, Arturo Coello (Valladolid, 2002) admite que lo más difícil es «mantenerse». Los viajes, los torneos, los aviones, los trenes, los coches… «Estamos un poco adictos a esos niveles de dopamina», contesta a EL MUNDO antes de las rondas finales del Premier Padel de Madrid.
El vallisoletano, mejor jugador del pádel mundial, es la estrella del Premier Padel de Madrid, que este fin de semana celebra sus rondas finales. «Somos adictos a la dopamina, a las cosas nuevas».
Lleva más de tres años siendo el mejor jugador de pádel del mundo junto a su pareja, el argentino Agustín Tapia. Ha sido el más joven de la historia en conseguirlo y ahora, con 24 años, Arturo Coello (Valladolid, 2002) admite que lo más difícil es «mantenerse». Los viajes, los torneos, los aviones, los trenes, los coches… «Estamos un poco adictos a esos niveles de dopamina», contesta a EL MUNDO antes de las rondas finales del Premier Padel de Madrid.
- Tiene 24 años, es número uno del mundo junto a Agustín Tapia, ha ganado 281 de 310 partidos… Son muchas victorias y muchos partidos.
- Muchísimo, la verdad. Es algo que llevo haciendo desde que soy pequeño y no es mi trabajo, es mi forma de vida. Ahora mis amigos con 24 años están empezando a trabajar y siempre me dicen que tengo la suerte de dedicarme a algo que no veo como un trabajo. Ellos están en la oficina o en reuniones y es duro, y yo tengo suerte de hacer deporte y encontrarme en un ambiente que me gusta.
- Se convirtió en el número uno más joven de la historia en mayo de 2023 y lo sigue siendo. ¿Ha sido más difícil llegar o mantenerse?
- Mucho más difícil mantenerlo, sin duda. Nada que ver. Llegamos con mucha ilusión, siendo perseguidores de Ale (Galán) y Juan (Lebrón) en ese momento. Pero el mantenerlo, el sentir la responsabilidad semana tras semana y lo que la gente normaliza que ganemos tanto… Se hace muy difícil porque no es nada fácil ganar. Incluso en nuestro entorno se normaliza. Es muy complicado y todos nuestros rivales se preparan para que no ganemos, así que hay que darle un valor muy grande.
- Le escucho y habla usted bastante bien, con mucho aplomo. ¿Ha aprendido en ese sentido o viene de serie?
- De base, sí. Por suerte mis padres pudieron darme una grandísima educación y la verdad que siempre se me ha dado bien hablar con un micrófono o dar entrevistas. Con el tiempo me he ido haciendo más realista, no más sincero. Sé que la gente me va a creer por cómo soy. Al principio decía un poco lo que sonaba bien y ahora digo la realidad de lo que yo vivo.
- Viaje al Arturo de 10 o 12 años. ¿Cuánto ha sacrificado usted y cuánto sus padres?
- Mucho más mis padres que yo. Ellos son los que me han dado la oportunidad de hacer lo que a mí me gustaba, no lo que ellos querían. Han dedicado una vida en cuerpo y alma, no sólo los míos, sino muchísimos padres. Los míos han hecho muchos esfuerzos y gracias a Dios he podido estar a la altura, no sólo con los resultados, que no es lo más importante, sino con mi esfuerzo y mi sacrificio para poder dedicarme a esto. El principal motor de motivación que tengo son ellos y el esfuerzo que han hecho. Quizás hay muchos chicos que jugaban bien al pádel pero no han tenido la capacidad para que les dieran una oportunidad.
- ¿Cómo era un día de su vida en aquel momento?
- Siempre he sido muy cercano a mis padres, he estado mucho con ellos. Mi padre era una persona que nos empujaba mucho a hacer deporte y mi madre también es bastante deportista, así que ambos nos han mantenido activos en todo tipo de deportes. He practicado de todo. Y con 12 años pues seguro que ir al colegio, hacer los deberes y después hacer deporte: pasear en bici, ir a jugar un poco al baloncesto, jugar al pádel… Siempre he hecho muchos deportes distintos.
- ¿Era buen estudiante?
- No. Bueno, era bueno en lo que me gustaba, pero me gustaban pocas cosas (risas). Siempre he sido muy obsesionado en lo que me llamaba la atención y muy distraído para el resto. Recuerdo que en Historia era buenísimo, pero en el resto de materias malísimo.
- ¿Obsesivo con el pádel?
- Sí, obsesivo obsesivo… Desde pequeño. Siempre he tenido era vocación por jugar al pádel y sobre todo de entenderlo, de aprender mucho. Soy muy curioso y siempre he visto mucho pádel, me encantaba analizarlo y aprender. Me gusta ver qué puedo sacar del resto.
- En un circuito en el que las parejas cambian tanto, Agustín Tapia y usted llevan mucho tiempo juntos. ¿Qué tienen para continuar?
- Ganar ayuda mucho a mantener una relación sana, aunque no siempre es la principal fuente de energía para sostener la pareja. Yo creo que tenemos mucha comunicación más allá de la buena relación que tenemos. Creo que hemos sabido entendernos, somos muy distintos dentro y fuera de la pista y tenemos bastante inteligencia. Yo tengo bastante inteligencia emocional en este caso y sé cómo llevar a Agustín, que es una persona súper especial, que para sacar y desplegar todo ese nivel y esa magia que tiene necesita estar con alguien al lado que lo vea. Y a mí me resulta muy fácil estar a su lado. Tenemos entornos que se llevan bastante bien, que trabajan bien juntos… Todo se alinea y después de cuatro años no es que esté mal, es que no está ni desgastada.
- ¿Ha aprendido a gestionar cómo reacciona al error del compañero?
- Es muy importante, porque no es lo mismo reaccionar mal en un entrenamiento que en un momento importante. Creo que Agustín y yo nunca hemos tenido un mal gesto o algo que al otro le duela. Por ejemplo, a mí me gusta que me aprieten, entonces si estoy haciendo algo mal durante un partido importante, Agustín tiene la libertad de venir y provocarme, incluso retarme. A él le viene mejor la tranquilidad.
- Y en un circuito con tantos viajes, ¿es capaz de parar?
- Te pasas volando, en trenes o en coche la mayoría del tiempo. Y es súper raro cuando paras. Ahora mismo estoy en una dinámica y en una edad, con 24 años, en la que no me gusta parar. No sé parar. No sé estar tres semanas en un sitio, me agobio, aunque sean vacaciones. Intento ir a sitios, moverme, coger aviones… Creo que la vida que vivimos nos mantiene con muchos estímulos diarios muy grandes y estamos un poco adictos a ese nivel de dopamina continuo, de energía y de cosas nuevas. Como todo, creo que irá bajando con el paso de los años. Dentro de que me gusta ese nivel de estrés, me gusta también estar con mi gente. Sobre todo estar con mi novia, que es la persona con la que más tiempo paso.
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