Ni con Donald Trump y la FIFA de su lado. Estados Unidos no estará ante España el viernes para la cita de cuartos en Los Ángeles. El anfitrión no pudo con Bélgica, que vapuleó al equipo de Mauricio Pochettino y que fue mucho más que su rival de principio a fin. Todo ello en el partido que quedará marcado a perpetuidad por la llamada del presidente de Estados Unidos al de la FIFA, Gianni Infantino, para pedir que le levantaran la sanción a Folarin Balogun, en uno de los mayores escándalos que se recuerdan en el mundo del fútbol. [Narración y estadísticas (1-4)]
Dos goles de De Katelaere lideran el contundente triunfo de los Diablos Rojos, que se medirán a España en cuartos (1-4).
Ni con Donald Trump y la FIFA de su lado. Estados Unidos no estará ante España el viernes para la cita de cuartos en Los Ángeles. El anfitrión no pudo con Bélgica, que vapuleó al equipo de Mauricio Pochettino y que fue mucho más que su rival de principio a fin. Todo ello en el partido que quedará marcado a perpetuidad por la llamada del presidente de Estados Unidos al de la FIFA, Gianni Infantino, para pedir que le levantaran la sanción a Folarin Balogun, en uno de los mayores escándalos que se recuerdan en el mundo del fútbol. [Narración y estadísticas (1-4)]
Bélgica pareció tomarse el choque como una batalla de su equipo contra el mundo: contra la grada, abarrotada de seguidores estadounidenses en el estadio Lumen de Seattle, contra el equipo anfitrión y contra la FIFA por haber favorecido los intereses del equipo estadounidense de una forma burda y descarada.
Trump se encargó de teñir el partido de política y corrupción tras su insólita decisión de mover los hilos para que le retiraran la tarjeta roja que vio Balogun ante Bosnia. El inquilino de la Casa Blanca consiguió que no se hablara de otra cosa antes y durante el partido. La que hasta entonces había sido una trayectoria inmaculada del equipo estadounidense, con un récord de goles y de puntos en una fase de grupos, se afeó de inmediato con la intervención del republicano, erigido de forma súbita en experto en un deporte por el que rara vez ha manifestado interés.
Trump no solo medió para que le retiraran la sanción al delantero, sino que opinó ampliamente sobre la jugada en cuestión, señalando que no era falta. «Lo único que hice fue pedir que se revisara la jugada, porque no me pareció que fuera falta. Y, bueno, creo que tengo buen ojo para estas cosas. No me pareció una falta. Vi a dos grandes atletas que chocaron entre sí y quedaron enredados. No fue alguien dándole un puñetazo a otro en la cara ni nada parecido», dijo el republicano, reconociendo abierta y descaradamente su intervención para favorecer a su equipo desde la Casa Blanca.
Como era de esperar, la federación belga emitió un comunicado en el que se declaraba «atónita» ante la decisión. Después, su entrenador, Rudi Garcia, movió las fichas con astucia y se deshizo con una facilidad pasmosa de los americanos en el campo. Y eso que Bélgica había llegado a trancas y a barrancas hasta los octavos, firmando una fase de grupos mediocre en la que solo pudo ganarle a Nueva Zelanda tras empatar con Irán y Egipto. Estuvo contra las cuerdas ante Senegal, perdiendo 2-0 hasta el minuto 85 y remontando con un penalti en el minuto 120 de la prórroga.
Pero contra EEUU todo fluyó. Garcia dejó en el banquillo a su gran estrella y nunca lo echó de menos. Sin Kevin de Bruyne de inicio, los belgas encontraron la claridad de ideas en ataque que no habían logrado exhibir durante gran parte del torneo. Los americanos en cambio, con el once de gala en el campo, fueron blandos en defensa e inofensivos en ataque.
El primer gol belga fue una buena muestra de ello. Nicolas Raskin cazó un balón en el área que la defensa estadounidense no alcanzó a despejar, buscó la línea de fondo y se la puso a placer a Charles de Ketelaere para que empezase a destrozar el sueño americano sin contemplaciones.
El libre directo ejecutado por Malik Tillmann en el 31, que puso el empate en el marcador, fue tan solo un espejismo. Dos minutos más tarde, Leandro Trossard volvió a taladrar la maltrecha banda izquierda norteamericana y encontró de nuevo a De Ketelaere en el segundo palo, que conectó un cabezazo en su pugna con Tim Ream.
Bélgica dominaba el partido con claridad, y ni siquiera la tímida reacción de los de Pochettino al comienzo de la segunda parte lograron inquietar al conjunto europeo. Christian Pulisic no estaba, claramente mermado por una lesión que no le dejó acabar el partido, y Weston McKennie no apareció. Quedaba Balogun, que firmó su peor partido del torneo. Tocó 10 veces el balón en la primera parte y falló un mano a mano con Thibaut Courtois en la segunda parte, triste bagaje para la estrella que Trump pensó que podía llevar a su equipo a la gloria.
En el minuto 57 llegó la estocada final. Un error grosero de Matt Freese, que salió a por uvas tratando de desbaratar una jugada que no llevaba peligro, se convirtió en un regalo que Hans Vanaken no desaprovechó. Ya en el descuento, Romelu Lukaku puso la sentencia que deja al Mundial sin sus anfitriones en la ronda de octavos. Lo previsible, por mucho que los despachos hayan tratado de evitarlo.
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