En 1951, una pequeña capilla blanca sobre una carretera secundaria en la Provenza francesa alcanzó el rango de obra maestra. Henri Matisse (Le Cateau-Cambrésis, 1869 – Niza, 1954) tenía entonces 81 años y apenas podía moverse, debilitado por graves problemas pulmonares. No era religioso, pero aun así se había embarcado, junto a dos jóvenes dominicos, en el diseño de ese templo cargado de jazz, luz y misticismo en la localidad de Vence. Una de las impulsoras se llamaba Monique Bourgeois: había sido su enfermera durante la convalecencia tras una delicada cirugía en 1941. El vínculo de cuidado se transformó en amistad y luego en un proyecto considerado por el pintor como su mayor testamento artístico.
“Es la culminación de toda mi vida de trabajo”, dijo el pintor de este templo inaugurado en la localidad de Vence en 1951. No era creyente, tenía 81 años y apenas podía moverse, pero diseñó hasta el último cáliz de una iglesia que los dominicos siguen usando y puede visitarse
En 1951, una pequeña capilla blanca sobre una carretera secundaria en la Provenza francesa alcanzó el rango de obra maestra. Henri Matisse (Le Cateau-Cambrésis, 1869 – Niza, 1954) tenía entonces 81 años y apenas podía moverse, debilitado por graves problemas pulmonares. No era religioso, pero aun así se había embarcado, junto a dos jóvenes dominicos, en el diseño de ese templo cargado de jazz, luz y misticismo en la localidad de Vence. Una de las impulsoras se llamaba Monique Bourgeois: había sido su enfermera durante la convalecencia tras una delicada cirugía en 1941. El vínculo de cuidado se transformó en amistad y luego en un proyecto considerado por el pintor como su mayor testamento artístico.
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