En la última rueda de prensa le escuché a Mourinho decir que «hay que estar seguro atrás, un gol y para casa». Es lo que ha pretendido en Elche, donde se ha vuelto a demostrar que su mezquindad no casa con un equipo gigante y su personalidad es la de un «pobre entrenador» en el ocaso de su carrera.
En la última rueda de prensa le escuché a Mourinho decir que «hay que estar seguro atrás, un gol y para casa». Es lo que ha pretendido en Elche
En la última rueda de prensa le escuché a Mourinho decir que «hay que estar seguro atrás, un gol y para casa». Es lo que ha pretendido en Elche, donde se ha vuelto a demostrar que su mezquindad no casa con un equipo gigante y su personalidad es la de un «pobre entrenador» en el ocaso de su carrera.
No quiero ni imaginar si Flick fuera el entrenador del Madrid con estos jugadores. Sería un torbellino, un equipo secular. Eterno. Pero está en manos de un defensivo portugués que obliga a grandes jugadores a jugar acurrucados atrás, solo para defender y no enfrentarse a un partido que debería haber ganado por goleada.
Es una ignominia que Vinícius siga jugando en el Madrid. Un disparate de renovación y más todavía que Mourinho le defienda. En este partido, Vini falló cuatro goles claros, los desperdició de manera incomprensible. Y cuando tenía que combinar, siempre metía la pata. Le ayudaron mucho Arda Güler y Mbappé: ambos le daban pases de gol y él los tiraba por la borda de su barco, que está a la deriva y casi hundiéndose.
No es que el Madrid juegue con un jugador menos. Es como darle un regalo al contrario, porque sabe que es un inútil. Ha venido gordo, cobra millones y es un desastre. Todavía nadie entiende la renovación. Era absurda.
Mourinho ha tenido suerte con el Espanyol y con el Elche, salvado por la campana. Pero ya será casi imposible que vuelva a tener tanta suerte con esos minutos finales de angustia.
Sí es verdad que marcó una vez más el gol salvador el revolucionario Espí. Pero él nada más que tuvo que empujarla. Bellingham inició una jugada prodigiosa y le metió el pase de gol al fenómeno Mbappé, que engañó finalmente a todos para darle el gol hecho a Espí.
Hasta el final fue otra vergüenza para Mourinho, que llegó a sacar hasta dos delanteros centros más y dejó la defensa al borde del colapso. Pero tiene la suerte de jugar con estrellas prodigiosas como Bellingham y ese increíble jugador que es Diomande.
El marfileño hizo una exhibición de regates y de un físico increíble, porque defendía mejor que nadie. No es un hallazgo. Todos habíamos visto que será uno de los mejores jugadores del futuro del fútbol, cuando desaparezca Mbappé. Pero Mourinho lo tenía en el banquillo.
Todavía se quiere comparar a Lamine Yamal con el maestro Mbappé. El francés parece Dios y el catalán solo parece un novicio comparado con el francés. No sé lo que se dirime en el Balón de Oro, que es una jugada de marketing. Pero, vamos, se supone que es para destacar al mejor jugador del mundo individualmente.
No se trata, o no debería tratarse, de lo que gana porque su equipo haya ganado títulos. Además, individualmente, ¿quién ha sido el máximo goleador de la pasada Champions, el máximo goleador en el Mundial y, asimismo, el máximo gol
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