El torero aragonés Alberto Álvarez ha relatado el dramático accidente que sufrió al caer en una trituradora de pienso en su ganadería de Ejea de los Caballeros (Zaragoza), un episodio en el que asegura que el pensamiento constante en su hija de apenas 10 meses fue lo que le dio fuerzas para sobrevivir. «Sólo me acordaba de mi hija, no quería cerrar los ojos para nada», confesó tras salir de la UCI, todavía muy afectado psicológicamente por las imágenes del accidente.
El torero también admitió que la recuperación emocional está siendo incluso más dura que la física: «Ves la muerte muy cerca»
El torero aragonés Alberto Álvarez ha relatado el dramático accidente que sufrió al caer en una trituradora de pienso en su ganadería de Ejea de los Caballeros (Zaragoza), un episodio en el que asegura que el pensamiento constante en su hija de apenas 10 meses fue lo que le dio fuerzas para sobrevivir. «Sólo me acordaba de mi hija, no quería cerrar los ojos para nada», confesó tras salir de la UCI, todavía muy afectado psicológicamente por las imágenes del accidente.
Álvarez ha explicado en la televisión que en ningún momento perdió el conocimiento, pese a la gravedad de las heridas y a la enorme pérdida de sangre. «Veía cómo la máquina me engullía y me cortaba las piernas», recordó el diestro, que llegó a perder varios litros de sangre. Según sus propias palabras, pensar en su hija Macarena y en su familia fue decisivo para seguir luchando mientras intentaba salir de la máquina por sus propios medios.
El torero también reconoció el miedo que sintió durante esos minutos, convencido por momentos de que no iba a sobrevivir. Asegura que una de las cosas que más le aterrorizaba era no volver a ver crecer a su hija ni poder despedirse de su familia. «Piensas que hasta ahí has llegado», señaló al recordar la angustia vivida mientras esperaba ayuda atrapado en la maquinaria.
«Puedo mover la pierna izquierda, más o menos, con normalidad, la derecha nada«, reconocía en el programa de Sonsoles Ónega en Antena 3. «Yo no he sido una gran figura, pero sí le quiero transmitir a mi pequeña los valores de esfuerzo, la constancia, la entrega y el sacrificio».
Sin embargo, Álvarez cree que su experiencia en los ruedos también jugó un papel importante para mantener la sangre fría en una situación extrema. Acostumbrado a controlar el miedo y a reaccionar bajo presión delante de un toro, el diestro asegura que intentó aplicar esa misma capacidad de concentración para no perder la calma y seguir consciente pese al dolor y a la gravedad de las heridas. Según explicó, en esos momentos trató de «aguantar mentalmente» y no dejarse vencer por el pánico, algo que considera fundamental para haber logrado sobrevivir.
El torero admitió además que la recuperación emocional está siendo incluso más dura que la física. «Ves la muerte muy cerca», afirmó, reconociendo que cada vez que veía una fotografía de su hija rompía a llorar. Aunque arrastra importantes secuelas en una de las piernas tras el accidente, asegura sentirse «afortunado» por seguir vivo y poder continuar disfrutando de su mujer y de su hija.
La magnitud del siniestro obligó a los servicios de emergencia a movilizar un helicóptero medicalizado. Según fuentes sanitarias, el parte facultativo inicial fue sobrecogedor: el torero presentaba una «pérdida de sustancia» masiva en ambas piernas. En términos médicos, esto implica que la maquinaria no sólo causó cortes, sino que arrancó tejido muscular y dérmico, dejando desprovistas de materia corporal zonas críticas de su anatomía.
A la pérdida de tejido se sumó una hemorragia masiva, una situación de riesgo vital inminente que exigió una intervención de urgencia sobre el terreno para estabilizarlo antes de su traslado a la capital aragonesa. Álvarez ingresó directamente en el área de urgencias del Miguel Servet, donde los equipos quirúrgicos trabajan paliaron los efectos del traumatismo.
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