Descanso en el balneario de Cofrentes, entre un volcán y una nuclear

En 1934, Florián Rey rodó una segunda versión del filme La hermana San Sulpicio. Basada en la novela de Armando Palacio Valdés, esta historia ya había sido llevada al cine por el mismo realizador en 1927. La primera versión, claro, era muda, así que Rey puso en marcha la segunda para el lucimiento vocal de Imperio Argentina. La cantante y bailarina bonaerense interpreta a una monja bella, chispeante y de gran voz que pasa unos días en el balneario de Marmolejo. Ese emplazamiento, naturalmente, es ficticio. La película se rodó, en realidad, en el balneario de Cofrentes, que fue inaugurado en 1908 y rápidamente se convirtió en el lugar de moda para la burguesía valenciana. Cofrentes es un pueblo de mil habitantes a cien kilómetros de Valencia, en la comarca del Valle de Ayora.

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 Lugar de moda para la burguesía valenciana de principios del siglo XX, alojarse en este establecimiento también es una invitación para recorrer un bello paisaje de ríos, barrancos, montañas y valles  

En 1934, Florián Rey rodó una segunda versión del filme La hermana San Sulpicio. Basada en la novela de Armando Palacio Valdés, esta historia ya había sido llevada al cine por el mismo realizador en 1927. La primera versión, claro, era muda, así que Rey puso en marcha la segunda para el lucimiento vocal de Imperio Argentina. La cantante y bailarina bonaerense interpreta a una monja bella, chispeante y de gran voz que pasa unos días en el balneario de Marmolejo. Ese emplazamiento, naturalmente, es ficticio. La película se rodó, en realidad, en el balneario de Cofrentes, que fue inaugurado en 1908 y rápidamente se convirtió en el lugar de moda para la burguesía valenciana. Cofrentes es un pueblo de mil habitantes a cien kilómetros de Valencia, en la comarca del Valle de Ayora.

El impulso más decisivo para la consolidación de este balneario corrió a cargo de los hermanos José y Manuel Casanova, que adquirieron las instalaciones a su propietario original, Manuel Aparici Colomer, y las regentaron entre 1924 y 1973. Los hermanos Casanova eran también los accionistas mayoritarios de CIFESA, la filmográfica valenciana cuyo primer proyecto importante fue, precisamente, la versión sonora de La hermana San Sulpicio. Todo encaja.

Aquel manantial original y el primitivo hotel modernista de principios del siglo XX han ido sumando con el tiempo toda clase de construcciones, hasta llegar al complejo actual, con piscina de verano, cafetería, teatro, capilla, restaurante, piscinas termales, sala de longevidad y un campo de Pitch & Putt que consta de nueve hoyos.

Todo comenzó con el manantial original, el de Hervideros. Esa agua que surgía en un paraje privilegiado entre montañas lo hacía sobre la cámara magmática del volcán de Cofrentes. Porque, efectivamente, estamos en el lugar exacto del único afloramiento volcánico de la Comunidad Valenciana. Ese volcán extinto se yergue en el cerro de Agrás o Cerro Negro, a kilómetro y medio de la localidad de Cofrentes, y propicia el surtidor de Hervideros, con aguas carbo-gaseosas de tipo bicarbonatado mixto, sulfatado-magnésicas y ferruginosas. Un líquido especialmente indicado para el tratamiento de enfermedades del hígado, vías biliares y estreñimientos. Ese surtidor primigenio aún propicia largas colas en busca de una cura hidropínica, es decir, la ingesta pautada y guiada por un médico de aguas mineromedicinales.

Sobre el volcán Cerro de Agras, ya extinguido, se encuentra el castillo de Cofrentes, que se puede visitar. A 394 metros sobre el nivel del mar, su origen es islámico y fue un punto clave para la defensa del valle y para el transporte fluvial que se realizaba desde el siglo XII.

Pero Hervideros no es el único manantial del lugar. El del Pilón, por ejemplo, con aguas de baja mineralización, se usa para el tratamiento de enfermedades reumáticas en forma de balneoterapia. El de las Salinas de San Javier, a su vez, dispone de aguas clorurado-sódicas de muy fuerte mineralización, indicadas para enfermedades respiratorias y de la piel.

De acuerdo con los tiempos, sin embargo, el balneario ha ido reorientando su actividad desde lo termal clásico ―con gran éxito entre el público del Imserso― hacia sus servicios en la Escuela de Longevidad. Allí el doctor Miguel Ángel Fernández Torán lleva a cabo sus técnicas innovadoras con ozono o la llamada hipertermia progresiva (aumento gradual de la temperatura corporal para la cura), muy efectiva con el dolor crónico.

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El huésped que se haya decidido a planificar una estancia en este balneario encontrará otros alicientes en el entorno que pueden alegrar su agenda. Es cierto que lo primero que se contempla cuando se llega por carretera a la zona es la nube de vapor de agua coronando las dos torres hiperboloides de refrigeración de la central nuclear de Cofrentes. Y es que a pocos kilómetros del balneario y del pueblo que le da nombre se yergue, desde 1984, una central de generación eléctrica del tipo BWR-6 (es decir, con reactor nuclear de agua en ebullición). La circunstancia atómica no parece inquietar mucho a visitantes y lugareños. El balneario siempre está lleno. Y en el pueblo observan con satisfacción el doble perfil tubular característico de la central, asegurando que ha proporcionado trabajo e ingresos a la comarca. Para los cofrentinos, en efecto, la energía nuclear forma ya parte de su idiosincrasia, al mismo nivel que su volcán.

Por otro lado, los atractivos de la zona se multiplican. La abundancia de los ríos que recorren estas tierras —Cofrentes se sitúa en la confluencia del Júcar y el Cabriel— dibuja una orografía bellamente abrupta de barrancos, montañas y valles, con una vegetación de tipo mediterráneo en la que abundan los bosques de pinos y los matorrales de romero, tomillo, jara, retama y esparto. Más abajo, sorprenden agradablemente los cultivos de cereales, olivos, viñedos y frutales como el melocotonero, que en marzo vive el momento álgido de su floración.

Para los amantes del paisajismo y los deportes de (moderada) aventura, es más que recomendable un crucero fluvial por los cañones (congostos los llaman aquí, acantilados de hasta 400 metros de desnivel) del río Júcar/Xúquer, y la posibilidad de hacer piragüismo, ciclismo o pesca controlada de carpas o anguilas. Desde la cima muda del volcán, todo el valle se nos ofrece. Los ciclistas, los pescadores, los navegantes se confunden entonces con los paseantes que salen del balneario para sumergirse en un paisaje único, orográficamente petrificado. Allá donde la cámara magmática subterránea e inmemorial del volcán alimenta los manantiales balsámicos, mientras en el exterior el vapor de la central nuclear nos devuelve instantáneamente a nuestra contradictoria época.

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