A eso de las 21.10, hora local, las 5.10 de la madrugada en España, empezaban a pasar los futbolistas por la zona mixta camino del autobús, aparcado justo al lado. Pedri en chándal y chanclas, Yeremy Pino con el brazo en cabestrillo, Nico cojeando mucho, Lamine buscando a saber qué camiseta junto a Gavi… Por la parte exterior del estadio, poco después, un grupo de chavales intentaba hacerle una foto a Keyne, el hermano de Lamine que, muy cansado, iba en brazos de un amigo de la familia. España, y sus alrededores, se marchaban del estadio de Guadalajara rumbo a Chattanooga, donde descansarán antes de viajar, el martes, a Los Ángeles para jugar el jueves (21.00 horas) los dieciseisavos de final. Independientemente del rival, hasta ahora la campeona de Europa ha emitido señales para creer y para no creer, para sonreír o para torcer el gesto casi a partes iguales. Primero, las razones para no pensar en el segundo Mundial.
La campeona de Europa, tras un arranque dubitativo, afronta los cruces con incógnitas, pero también con certezas. Entre las dudas, la chispa, Rodri o la escasa aportación del banquillo. Entre las seguridades, la fiabilidad, Dani Olmo y Lamine
A eso de las 21.10, hora local, las 5.10 de la madrugada en España, empezaban a pasar los futbolistas por la zona mixta camino del autobús, aparcado justo al lado. Pedri en chándal y chanclas, Yeremy Pino con el brazo en cabestrillo, Nico cojeando mucho, Lamine buscando a saber qué camiseta junto a Gavi… Por la parte exterior del estadio, poco después, un grupo de chavales intentaba hacerle una foto a Keyne, el hermano de Lamine que, muy cansado, iba en brazos de un amigo de la familia. España, y sus alrededores, se marchaban del estadio de Guadalajara rumbo a Chattanooga, donde descansarán antes de viajar, el martes, a Los Ángeles para jugar el jueves (21.00 horas) los dieciseisavos de final. Independientemente del rival, hasta ahora la campeona de Europa ha emitido señales para creer y para no creer, para sonreír o para torcer el gesto casi a partes iguales. Primero, las razones para no pensar en el segundo Mundial.
El equipo está lento. En general, la pelota no viaja con el vértigo de antaño. Los jugadores son los mismos, la idea es la misma, la edad en este caso no es un problema, porque hablamos de una selección muy joven (es la sexta selección más joven del Mundial, con una media de 26,73 años) para la que este torneo no es el último, ni mucho menos. Pero muchos de sus jugadores clave han llegado faltos de ritmo, de forma. No cansados, pues nadie ha jugado demasiados minutos, pero sí faltos de ritmo competitivo por culpa de las lesiones (Merino, Lamine, Nico, etc…).
Un caso especialmente llamativo de esta última parte es el de Rodri. Paradójicamente, ante Uruguay fue el futbolista que más corrió, contando los dos equipos (11.840 metros). Sin embargo, no está fino el mediocentro del City. Perdió varios duelos ante la presión de los rivales y a simple vista, parece necesitar más tiempo del habitual para tomar decisiones, algo clave en esa zona del campo. De la Fuente confía en él ciegamente y no tiene pinta de que se esté planteando darle un descanso.
Llegaba la selección al Mundial con todos los futbolistas que juegan en esa posición entre algodones. Todos menos Yeremy Pino. Pues bien, resulta que después de la fase de grupos, lejos de mejorar la cosa, ha ido a peor. A mucho peor, de hecho. Lamine es el único que, estando lejos de su nivel, parece en línea ascendente. Del choque con Uruguay salieron malparados Yeremy y Nico, el primero descartado para lo que resta de Mundial y el segundo, casi casi a falta de lo que digan las pruebas. Queda la incógnita de Víctor Muñoz, inédito en el torneo porque sufrió una nueva lesión mientras se recuperaba de la que tenía cuando vino. «Si hace falta jugar sin extremos, jugaremos sin extremos», dijo De la Fuente. Sí, pero…
Como no podía ser de otra manera, el cuadro que se le viene a España en estas tres semanas que quedan de Mundial presenta unos obstáculos que, con este nivel de la campeona de Europa, se intuyen lejanos. El primer cruce será contra Austria o Argelia (al cierre de esta edición no se habían disputado los partidos de ese grupo), pero luego, inmediatamente después, en octavos, aparecerá en el mejor de los casos Colombia, un magnífico equipo, y en el peor Portugal, que se impuso a España en la final de la última Liga de Naciones, aunque fuera por penaltis. En cuartos podría aparecer EE.UU., vaya que vaya, pero en semifinales asoma Francia, que asusta.
En los tres partidos que lleva España en este Mundial, no se puede decir que el banquillo haya solucionado muchas cosas. De hecho no ha solucionado ninguna. Ante Cabo Verde (Dani Olmo, Nico Williams, Mikel Merino y Lamine) nadie fue capaz de revertir el atasco que había en el campo. Ante Arabia Saudí, si acaso la cosa empeoró después de una buena primera parte, y ni Fabián, ni Yeremy Pino, ni Mikel Merino, ni Nico Williams ni Ferran reclamaron los focos. Por último, contra Uruguay tampoco (Fabián, Nico, Yeremy y Ferran Torres) hubo un impulso en los que entraban. Esa atonía, en un torneo como este, es preocupante.
Sin embargo, España ofrece otras tantas razones para mantener la fe
Sólo hay cuatro selecciones que mantengan la portería a cero a estas alturas del torneo. México, España (las únicas con los tres partidos jugados) y Ghana y Argentina. La selección sólo ha recibido 14 remates, apenas cuatro a portería, en estos 270 minutos de fútbol. Es la quinta a la que menos le rematan, sólo superada por Argentina y Panamá (13) e Inglaterra (12). La pareja Laporte-Cubarsí es una de las mejores noticias de lo que va de torneo, especialmente el central del Barça, sólido, firme, duro y con la salida de balón que siempre ha tenido.
Lo mejor que ha hecho España en este campeonato ha sido con él en el campo, y parece obvio que ha llegado aquí con la flecha hacia arriba, como se suele escribir. El mediapunta, ante rivales que se cierran, como todos los que se han medido a España hasta ahora, y como hará previsiblemente el rival en dieciseisavos, es el único con la clarividencia suficiente para desenmarañar los sudokus defensivos en espacios tan reducidos. Todos los balones que toca mejoran la jugada, y eso es una virtud que muy pocos tienen.
España se ha convertido en un dolor de muelas. Acumula 34 partidos consecutivos, oficiales, sin perder, y en este tiempo ha jugado bien, mal o regular. Es cierto que la explosión de este equipo se produjo a lo bestia en una Eurocopa difícilmente repetible donde, jugando bien, bonito y vistoso, se llevó por delante a Croacia, Italia, Alemania, Francia e Inglaterra, necesitando únicamente una prórroga ante Alemania. Es un equipo al que es muy difícil meterle mano, y siempre encuentra resquicios por los que sacar adelante los partidos aunque sea en un día regular o malo. Si la memoria vuelve a 2010, aquel equipo tampoco brilló en ningún partido.
La parte mala del cuadro ya está escrita. Pues bien, hay otra forma de verlo, como casi todo en la vida. El cruce de dieciseisavos se sigue intuyendo alcanzable. Ni Portugal ni Colombia han ofrecido señales de ser inalcanzables hasta la fecha y, si España tiene la suerte de superar esos octavos de final, en cuartos aparecería como mayor amenaza EE.UU., que no es poco, pero que tampoco es mucho. Luego, ya puestos a imaginar, emergería Francia, se supone, en el penúltimo escalón del torneo, y a esas alturas de la película es imposible saber con qué dinámica llegaría el equipo a esa cita. Con poco, será mejor que la presente.
El jugador diferencial, el tipo que es capaz de, estando mal, resolver un partido en un gesto, en un pase, en una decisión inverosímil. Por eso va a esta en el campo la mayoría de los minutos que tenga España en este Mundial. Cabe pensar que un chico de 18 años coge la forma, se pone fino, mucho antes que otro más veterano. Lo liviano del jugador también ayuda a pensar en una evolución más rápida, de modo que solamente cabe esperar una versión mejor que la vista hasta ahora. Y eso, hablando de Lamine, es mucho.
Noticias de Deportes



