Récords al peso

Este Mundial hipertrofiado es el de los récords. Caen por su propio peso y al peso se nos sirven envueltos en cohetería. Con tantos equipos, con tantos partidos, es lógico (y ventajista) que se batan récords de asistencia, de audiencia, de ingresos y de cualquier otra cosa.

 Este Mundial hipertrofiado es el de los récords. Caen por su propio peso y al peso se nos sirven envueltos en cohetería. Con tantos equipos, con tantos partidos, es lógico (y ve  

Este Mundial hipertrofiado es el de los récords. Caen por su propio peso y al peso se nos sirven envueltos en cohetería. Con tantos equipos, con tantos partidos, es lógico (y ventajista) que se batan récords de asistencia, de audiencia, de ingresos y de cualquier otra cosa.

En el estricto terreno de juego, donde todo confluye y se concreta, se marcarán más goles que nunca. Más que en Qatar 2022. Messi, a los 39 años cumplidos en el tajo, ha superado históricamente a Klose en la lista de máximos realizadores. Y Cristiano, a los 41 y pico, ha marcado por sexto Mundial consecutivo.

Una consecuencia feliz de la conjunción edad y gobierno. Son imprescindibles la longevidad, una característica, y el talento, una naturaleza, para alcanzar tales cifras, que prolongan en el espacio y el tiempo una rivalidad en los anales históricos del balón. Sin ser lo que eran, a los dos, sobre todo a Messi, les llega todavía para tirar de su propio carro y estirar el chicle con, todo hay que decirlo, la ayuda de una competición con rivales muy flojos.

Cristiano mantiene consigo mismo un reto, un pulso suplementario consistente en llegar a los 1.000 goles en el curso de su carrera. A la hora de escribir estas líneas, y por razones horarias, antes del partido contra Colombia, llevaba 975. Messi, previo al encuentro con Jordania, y dos años y medio más joven, 916.

Por imperativo biológico, Ronaldo tendría difícil acceder a las alturas de un deporte individual. En uno colectivo, amparado por el número, aún puede hacer sus pinitos. Y más todavía en una liga menor como la saudí. Pero incluso en esos escenarios favorables está cruzando la última frontera. Por tal razón celebra sus goles crepusculares con la misma rabia que los aurorales. En el fondo son iguales, de una importancia existencial. Los primeros tantos le daban la vida. Los últimos le consienten la supervivencia.

Aunque frente a la luna trucada de su espejo sigue siendo el más guapo, ya ha derivado de lo cenital a lo epilogal. Corre contra su sombra, aferrado a la imposible pretensión de que Cronos juegue siempre en su equipo.

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