Timur Turlov, nuevo presidente de la FIDE, gran maestro de los negocios y experto en convertir las crisis en oportunidades

No fue una campaña electoral limpia y ofreció algunas sorpresas por el camino, pero la Asamblea General de la FIDE eligió este sábado a Timur Turlov como presidente, como estaba previsto. El multimillonario kazajo, nacido en Moscú hace 38 años, sucede al ruso Arkady Dvorkovich, quien aspiraba a un tercer mandato, impedido en el último momento por las sanciones de la Unión Europea. Turlov se presentaba como vicepresidente del ruso, pero cuando este se vio obligado a dimitir, asumió la dirección de la candidatura, con el excampeón mundial Vishy Anand como vicepresidente, un papel que ya conoce bien y que le ha dado muchos votos a su socio. Turlov consiguió 110 votos y el alemán Wadim Rosenstein, 85. En la primera ronda de votaciones quedó descartado el germano Jan Henric Buettner.

 El máximo kazajo se impuso a Wadim Rosenstein en una reñida votación en la segunda vuelta, después de que en la primera quedara descartado el alemán Jan Henric Buettner  

No fue una campaña electoral limpia y ofreció algunas sorpresas por el camino, pero la Asamblea General de la FIDE eligió este sábado a Timur Turlov como presidente, como estaba previsto. El multimillonario kazajo, nacido en Moscú hace 38 años, sucede al ruso Arkady Dvorkovich, quien aspiraba a un tercer mandato, impedido en el último momento por las sanciones de la Unión Europea. Turlov se presentaba como vicepresidente del ruso, pero cuando este se vio obligado a dimitir, asumió la dirección de la candidatura, con el excampeón mundial Vishy Anand como vicepresidente, un papel que ya conoce bien y que le ha dado muchos votos a su socio. Turlov consiguió 110 votos y el alemán Wadim Rosenstein, 85. En la primera ronda de votaciones quedó descartado el germano Jan Henric Buettner.

Que el proceso electoral no fue ejemplar lo prueban las palabras de Susan Polgar, minutos antes de la votación final. La ex campeona del mundo estaba afectada por el comportamiento de los candidatos en sus discursos finales. «Cada cuatro años se celebran nuevas elecciones de la FIDE y, lamentablemente, también asistimos a lo peor de la política del ajedrez. Lo que debería ser un debate constructivo se convierte en una campaña de desprestigio, con ataques personales, difamaciones y declaraciones que traspasan los límites y pueden llegar a ser calumniosas», escribió en X. «Una vez que esta elección haya terminado, espero sinceramente que todas las partes dejen atrás la campaña, se unan y apoyen al nuevo presidente y a su equipo», añadió.

El nuevo presidente de la FIDE era hasta hace poco su principal patrocinador, a través del grupo Freedom, un gigante de Asia Central que cotiza en el Nasdaq y está valorado en miles de millones de euros. Timur Turlov, fundador, consejero delegado y principal accionista, entró en la lista Forbes en 2021 y no parece dispuesto a abandonarla. En ese camino, el ajedrez se ha convertido en mucho más que un pasatiempo para él. En persona, saltan a la vista su inteligencia y su altura. Es también muy educado, aunque es evidente que sabe mostrarse implacable, como prueba su querella internacional contra el periodista español David Llada, al que acusa de difamación.

En los próximos cuatro años descubriremos hasta qué punto esa fachada de genética y pulso empresarial esconde ideas buenas para el ecosistema del tablero. De momento, sus propuestas parecen sensatas: «Mi programa», asegura a EL MUNDO, «se centra en cinco pilares fundamentales: una FIDE como institución global fuerte, moderna en sus capacidades, financieramente sostenible, justa e inclusiva, y que promueva los más altos estándares en sus eventos».

Turlov, un genio a la hora de detectar oportunidades, descubrió en el ajedrez una forma de mejorar su imagen. Nació soviético (Moscú, 1987), creció ruso y, después de renunciar a su ciudadanía de origen, triunfó en Kazajistán, donde hizo algo más que trasladar sus negocios. Desde Rusia no habría podido expandirse ni tener la misma influencia exterior, sobre todo después de la invasión de Ucrania. Lo que para otros habría supuesto el final de su ambición internacional, para él se convirtió en una ventaja. Su empresa era un puente de oro para que los millonarios rusos y del resto de Asia, sobre todo, invirtieran sin trabas en Estados Unidos. En su nuevo país, prosperó en las finanzas y dio pasos de gigante en el tablero, ya que no tardó en ser elegido como presidente de la Federación de Ajedrez de Kazajistán, un entrenamiento excelente para su nuevo cargo.

Un viejo refrán ruso dice que una persona que se hace rica en un año debería haber sido ahorcada doce meses antes. La carrera de Turlov no es tan fulgurante, pero comenzó cuando todavía solo tenía 16 años y empezó a trabajar como operador para la compañía de inversiones estadounidense World Capital Investments. Luego, trabajó como mediador bursátil de Uniastrum Bank, donde ayudó a crear infraestructuras para operar en la bolsa de EEUU, experiencia clave con la que descubrió lo rentable que podía ser conectar a los ricachones de la antigua Unión Soviética con los mercados internacionales.

En 2008, con 21 años, fundó Freedom Finance, que nació como una firma de intermediación. Cuatro años después se abrió paso en el mercado kazajo, donde acabó estableciendo sus bases. Turlov se trasladó allí con su familia (tiene seis hijos) y convirtió Kazajistán en el centro de operaciones de su vida, mientras formaba el grupo Freedom Holding Corp., que empezó a cotizar en el Nasdaq en 2019. El número de campos en los que opera ahora es casi inabarcable, con cinco millones de clientes solo en Kazajistán y operaciones en numerosos países de Europa, Asia Central y Estados Unidos.

De ese entramado, Turlov controla alrededor del 70 % de las acciones. En su primera lista Forbes, su fortuna se estimaba en poco más de 2.100 millones. En menos de un quinquenio supera los 5.000, aunque no ha logrado desvincularse de su antiguo país, por lo que sufre un severo escrutinio por parte de los reguladores. Él niega todas las acusaciones, su cuenta de resultados no se ha visto afectada y Freedom planea entrar en nuevos mercados, como el francés.

Dentro del tablero, su eficacia es conocida. Bajo su mandato, la Federación de Kazajistán ha reforzado la organización de torneos, los programas escolares y el apoyo al ajedrez juvenil y femenino. Desde 2025, Turlov preside también la International School Chess Federation, organización dedicada a promover el ajedrez educativo y la participación infantil.

Para gobernar la FIDE se encontró con un aliado de excepción. Vishy Anand ya ocupó el cargo con Arkady Dvorkovich e incluso presidió la organización de forma interina, cuando el ruso cayó en desgracia por sus presuntos lazos con el gobierno de Putin. Turlov aprovechó esta crisis para practicar su deporte favorito: saltar hacia delante.

Su programa se apoya en tres ideas: profesionalizar la gestión financiera, acelerar la digitalización y dar mayor peso a las federaciones menos fuertes. Su experiencia empresarial le permite presentarse como un gestor capaz de captar patrocinios y construir una organización sostenible. En realidad, el ajedrez siempre ha dependido de la amabilidad de los grandes mecenas, que sin embargo no solían conseguir las llaves de la oficina. Turlov es pionero en este aspecto. Su desafío será demostrar que no solo sabe llevar las cuentas y que también es capaz de desvincularse de las sombras perpetuas que acechan al ajedrez mundial.

Una de sus partidas más duras será la brecha de género. «Mi enfoque se centrará en aumentar los fondos de premios, ofrecer más competiciones y contar con más mujeres en la dirección y gestión de la FIDE», promete. «Es importante que las jugadoras se sientan escuchadas y representadas. Apoyaremos a las federaciones en la creación de sus propios programas de ajedrez femenino y en una mayor presencia de mujeres en puestos de decisión».

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