La parroquia de Canillo, en Andorra, con 120 kilómetros de extensión, cuenta con una amplia oferta de actividades cuando la nieve se retira y da paso a las praderas verdes. Propuestas para todo tipo de viajeros, y que también son para los niños. Desde flotar en el vacío en un puente tibetano hasta contemplar un hombre de hierro en el mirador del Roc del Quer, visitar iglesias románicas, hacer una ruta de senderismo en el valle de Incles o descubrir un curioso museo.
Del mirador del Roc del Quer a un museo de motos, la parroquia andorrana de Canillo es el lugar perfecto para disfrutar del Principado en verano
La parroquia de Canillo, en Andorra, con 120 kilómetros de extensión, cuenta con una amplia oferta de actividades cuando la nieve se retira y da paso a las praderas verdes. Propuestas para todo tipo de viajeros, y que también son para los niños. Desde flotar en el vacío en un puente tibetano hasta contemplar un hombre de hierro en el mirador del Roc del Quer, visitar iglesias románicas, hacer una ruta de senderismo en el valle de Incles o descubrir un curioso museo.
Dos propuestas para una vista panorámica
El puente Tibetano de Canillo se ha convertido en una atracción en sí mismo. Esta pasarela colgante con una espectacular panorámica al valle del Riu en sus 603 metros de su recorrido y hasta 158 vertiginosos metros de altura respeto al suelo. Es el segundo más largo de Europa tras el Sky Bridge de Dolní Morava, en Chequia, con 721 metros de largo. Para llegar hay que tomar el bus en la población de Canillo, que nos dejará en una curva de la carretera CS240, desde la que hay que continuar a pie un kilómetro hasta llegar al comienzo del puente.

La experiencia se suele combinar con el cercano mirador del Roc del Quer, con otra impresionante panorámica, esta vez a los valles de Montaup, Valira d’Orient y con la población de Canillo a nuestros pies. Este mirador con 12 metros suspendidos sobre el vacío —con buena parte del pavimento hecho con vidrio transparente— culmina en un hombre sentado, Contemplación, la obra suspendida del escultor argentino Miguel Ángel González afincado en Lleida, cuyo trabajo ahonda en la naturaleza destructora y creadora del ser humano. Qué buen enclave para filosofar con este escultor que, como él dice, “solo quiere atrapar a la gente durante unos minutos para sacarla del mundanal ruido”.

Callejuelas y murales en Canillo
La parroquia de Canillo, la más grande en extensión de Andorra, cuenta con algo más de 4.000 vecinos. Cuesta creer que sea el mismo número de habitantes que tenía todo el Principado en 1930 (hoy son 80.000), antes de que se construyera la primera carretera que llegó en 1933 y que supuso el comienzo del turismo y el comercio. Aunque hayan cambiado tantas cosas en estos años, continúa siendo una acogedora población de pequeñas callejuelas de suelo empedrado, casas con fachadas de piedra y techos de pizarra. La cruza el río Montaup, que discurre paralelo al Carrer Major, una pequeña calle que asciende y nos lleva a la escuela y a la iglesia de Sant Serni.

Paseando por sus calles aparecen las pinturas murales de Sam Bosque, una artista andorrana cuya obra está centrada en la memoria histórica; un ejemplo se puede ver en el mural de los molineros del que fue el único molino eléctrico existente en Andorra, hoy convertido en tienda de productos y artesanías de kilómetro cero, Cal Federico. Sam Bosque se inspiró para esta obra en los restos del molino y las fotos encontradas de los molineros en este lugar. Calle abajo, un inmenso escalador y, frente a él, unos niños jugando con las hojas de otoño, también de la misma autora, dan color a esta calle que termina en el río Valira d’Orient.

Senderismo en el valle de Incles
En la carretera que va de la población de El Tarter a la de Soldeu hay una pequeña carretera que se interna en el valle de Incles. Aquí dejamos el coche cerca del puente de l’Orri, y, atravesando el mismo, comienza la ruta de senderismo llamada Rec de l’Obac o camino de umbría, que acompaña al río Incles en todo el recorrido. Es un agradable paseo sin ningún tipo de desnivel a través de un bosque de pino negro, con pasarelas de madera para salvar las zonas húmedas, puentes que cruzan el río a la zona de solana, donde aquí y allá aparecen pequeñas bordas en los pastizales y hasta un banco para contemplar el paisaje cómodamente.
A lo largo del camino (accesible y de unos dos kilómetros), varios paneles cuentan con texto y fotografías cómo era la vida hace años, las diferentes maneras de pescar la trucha fario, autóctona, cómo se plantaba el centeno que se recolectaba un año después o cómo se segaba y guardaba el pasto del verano en las bordas para dar de comer al ganado en los meses de invierno.

A lo largo del paseo también acompañarán las fuentes en forma de tronco vaciado y las flores que van vistiendo el valle dependiendo del mes del año en el que nos encontremos. Así, el valle puede estar vestido de amarillo genista o “bàlec” en primavera, arbusto que antaño se utilizaba para hacer escobas, o de rojo de rododendro, también conocido como “neret”, en los meses de verano. Tras cruzar el puente de La Baladosa, se puede regresar por la carretera o desandar el camino.
Si se quiere conocer más en profundidad este valle, hay rutas más largas y con más desnivel que parten de este mismo punto, como la que une el lago de Siscaró y el de les Canals Roges en 11 kilómetros de ruta circular o la que llega a los dos lagos de Juglar en nueve kilómetros (contando la ida y la vuelta).
Ruta de las iglesias
En verano también es un buen momento para visitar las iglesias andorranas. Se puede empezar en la pequeña localidad de Prats, que dista un kilómetro de Canillo, donde se encuentra la iglesia de San Miquel, de ábside románico, doble espadaña y una pequeña escalinata para acceder. La iglesia da la impresión de estar hundida en la tierra y, aunque normalmente permanece cerrada, merece la pena visitarla aunque solo sea por fuera.
Continuamos caminando y en otro kilómetro llegamos a la basílica santuario de Meritxell, patrona de Andorra, cuya capilla original se quemó junto con la talla románica de la virgen en 1972. En su lugar hoy se encuentran dos edificios: el viejo santuario de Meritxell y el edificio ecléctico del arquitecto Ricardo Bofill que es la basílica Santuario de Meritxell.

Pero la iglesia más emblemática de la zona es Sant Joan de Caselles, que conserva gran parte de su estructura original y una bella torre de estilo románico lombardo, así como dos porches de los siglos XV y XVI. En su interior, unas pinturas murales romanas bastante bien conservadas, mezcladas con una pieza de Cristo de estuco, que fue encontrada bajo el altar. Este templo se puede visitar todos los días de la semana, salvo el lunes.

Volvemos a la población de Canillo para una visita final: el curioso Museo de la Moto: 121 motocicletas de lo más variado que cuentan la historia de este medio de transporte en sus 900 metros cuadrados de espacio. Aquí podemos ver una motocicleta a vapor del año 1896 de origen británico o la primera moto a propulsión eléctrica que lanzó Honda en 1940.

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