Sinner evoluciona para derrotar al mejor Zverev y levanta su segundo Wimbledon consecutivo

Desde allí arriba, en la cima, Jannik Sinner miraba al resto de los tenistas del mundo y sabía de su superioridad, pero también conocía su flaqueza. Número uno del ranking ATP y vencedor de los cinco Masters 1000 celebrados este año, su tenis perfecto se desvanecía cuando los partidos sumaban demasiados minutos. De repente, se volvía mortal. Sin Carlos Alcaraz en pista, todos los Grand Slam debían ser suyos y, sin embargo, este 2026 seguía vacío. La resistencia continuaba siendo su asignatura pendiente.

 El italiano superó su gran debilidad, la resistencia, para imponerse en una final de casi cuatro horas y conquistar su quinto Grand Slam  

Desde allí arriba, en la cima, Jannik Sinner miraba al resto de los tenistas del mundo y sabía de su superioridad, pero también conocía su flaqueza. Número uno del ranking ATP y vencedor de los cinco Masters 1000 celebrados este año, su tenis perfecto se desvanecía cuando los partidos sumaban demasiados minutos. De repente, se volvía mortal. Sin Carlos Alcaraz en pista, todos los Grand Slam debían ser suyos y, sin embargo, este 2026 seguía vacío. La resistencia continuaba siendo su asignatura pendiente.

El desfallecimiento de Roland Garros fue quizá la mayor decepción de su carrera. Le obligó a centrarse definitivamente en su físico y ahora, confirmado, es por fin otro, un jugador más duro. En la final de Wimbledon de este domingo, ante el mejor Alexander Zverev jamás visto, Sinner exhibió esa evolución para ganar por 6-7(7), 7-6(3), 6-3 y 6-4, retener el título y sumar el quinto ‘grande0 de su carrera.

Solo le faltó un poco para quitarse de encima una losa que le acompaña en forma de estadística -malditas estadísticas-. La final duró tres horas y 46 minutos, por lo que Sinner todavía no ha ganado nunca un encuentro de más de cuatro horas. Una rémora que superará en breve, seguro. La prueba fue que, en los últimos puntos, cuando Zverev peleaba por alargar más el duelo, el italiano estuvo más rápido que nunca, más acertado, incluso más creativo. Un gran progreso.

Sinner celebra su victoria, ante Zverev, este domingo.
Sinner celebra su victoria, ante Zverev, este domingo.HENRY NICHOLLSAFP

«Zverev ha sacado muy bien, con mucha velocidad. Lo había preparado al máximo posible con mi equipo, pero responder ha sido muy complicado. He visto a mi madre abandonar las gradas un par de veces, por los nervios. Ser madre de un tenista no es fácil. Estoy muy contento por la victoria, pero también estoy muy contento por el nivel de tenis que hemos ofrecido», comentaba Sinner al acabar, ya con la Challenge Cup -y su piña- en las manos. Ambos contendientes se felicitaron por el espectáculo mostrado, y el italiano incluso planteó a Zverev la opción de ser número uno del mundo, ya que, según dijo, «está muy cerca».

Este lunes el alemán aparecerá en la lista como número dos, después de arrebatarle ese honor a Alcaraz, y se aproximará como nunca a la cumbre, pese a la distancia con Sinner, que aún contará con casi 5.000 puntos de ventaja. No será, sin embargo, su mayor logro. Más allá de los puestos, Zverev se marchará de Wimbledon con la impresión de poder ser el tercero del nuevo Big Three.

Si su éxito en el último Roland Garros se menospreció por las desgracias de Alcaraz, Sinner e incluso Novak Djokovic, la final de este domingo refrendó que ha mejorado y hoy es capaz de desafiar a cualquiera. Era un jugador miedoso y ahora es uno valiente; tendía al derrotismo y ahora se anima, cree, pelea. Todos aquellos golpes de derecha que antes tiraba al centro, cortitos, sin intención, ahora son golpes profundísimos que no hay quien devuelva. Con su primer Grand Slam en las vitrinas, se ha liberado.

KIRILL KUDRYAVTSEVAFP

En una actuación prodigiosa al saque, con un 76% de primeros y una media de 215 km/h -¡y 185 km/h en los segundos!-, derrotarle fue mucho más difícil de lo esperado. Los precedentes que presentaban a Sinner como absoluto favorito -nueve victorias en los últimos nueve enfrentamientos- servían de poco. En los dos primeros sets, de hecho, había muchos indicios que apuntaban a la derrota del italiano: a Zverev le entraban las bolas por milímetros, la red le favorecía, todo le salía.

En el tie-break del primero, una única derecha mala de Sinner le condenó, y Zverev llegó segurísimo al tie-break del segundo, ante la oportunidad de su vida. Pero el número uno fue el número uno. Si Zverev había sorprendido con su agresividad en la derecha, en ese desempate Sinner se metió en pista con todo y ya solo salió como campeón. Poco a poco, en el tercer y cuarto set, fue dominando los intercambios, imponiendo su juego y, pese al paso del tiempo, sus fuerzas no decayeron. Sinner celebró con el título haber domado por fin al tiempo, Zverev festejó una confianza que nunca había sentido suya, y los dos, ya sin excusas, esperan que Alcaraz vuelva para mostrarle que han cambiado.

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