El bombo de Juan Maciá pesa siete kilos y es una versión moderna del que hizo retumbar hasta la extenuación Manolo, el del bombo. Lleva un toro impreso en ambos lados y brilla con el rojo y el amarillo impreso hasta en el último rincón. Maciá, nacido en Elche hace 61 años, lleva una camiseta con el 19 de Lamine Yamal, las uñas pintadas con la bandera de España y una gorra con los colores de la selección nacional. No le falta detalle alguno para liderar a la afición que ha estado acompañando a los de Luis de la Fuente por México y Estados Unidos desde que comenzó el Mundial. «Estamos aquí para luchar hasta el final», dice a EL MUNDO desde Los Angeles.
A sus 61 años lleva seis Mundiales encima y está siendo el abanderado de la afición española en Estados Unidos
El bombo de Juan Maciá pesa siete kilos y es una versión moderna del que hizo retumbar hasta la extenuación Manolo, el del bombo. Lleva un toro impreso en ambos lados y brilla con el rojo y el amarillo impreso hasta en el último rincón. Maciá, nacido en Elche hace 61 años, lleva una camiseta con el 19 de Lamine Yamal, las uñas pintadas con la bandera de España y una gorra con los colores de la selección nacional. No le falta detalle alguno para liderar a la afición que ha estado acompañando a los de Luis de la Fuente por México y Estados Unidos desde que comenzó el Mundial. «Estamos aquí para luchar hasta el final», dice a EL MUNDO desde Los Angeles.
Con Manolo, cuyo nombre original era Manuel Cáceres Artesero, compartía un universo de paralelismos. Los dos respiraron el fútbol casi desde la cuna, los dos se han pasado media animando a equipos de la Comunidad Valenciana, y los dos se han dedicado a viajar con la selección nacional por todo el mundo. Se conocieron en un estadio de fútbol, como no podía ser de otra forma. En el Manuel Martínez Valero del Elche, para ser exactos. «Dio la casualidad de que Manolo había sufrido un problema de corazón y no llevó el bombo ese día», recuerda Maciá. «Me pidió el bombo para animar a la selección y desde entonces empezó a surgir una amistad que ha durado hasta su muerte».
Manolo estuvo en 10 Mundiales. Macía lleva seis. «Y cinco Eurocopas, dos Nations League y una final del Mundial femenino. Estuve en Australia en la final animando a las chicas», comparte. Eso sí, aclara que le incomoda que le digan que es el sucesor de nadie. «Me molesta que me digan que soy el sucesor de Manolo porque él es único. Iba a todos los partidos salvo cuando estaba enfermo, y ese no es mi caso. Esa obligación es muy fuerte para mí. Emular a Manolo es imposible».
Del hombre que aún hoy es el hincha más famoso de la historia del equipo español, como lo describió The Guardian en su momento, recuerda las enseñanzas y los viajes por el mundo. «Manolo me enseñó a seguir a la selección y gracias a él comencé a viajar con España en 2006. No soy alguien que se haya apuntado al carro de repente, como muchos. Yo soy el discípulo. Para mí ha sido mi ídolo y un hombre por el que siento una enorme gratitud por empujarme a hacer lo que estoy haciendo ahora».
Maciá está prejubilado y buscando trabajo, dedicado a la fabricación de calzado durante gran parte de su vida. «Espero encontrar algo ahora que vuelva a España», dice con una sonrisa y un brillo de felicidad en su mirada, de intensos ojos azules. «Pero hasta que lleguemos a la final, de aquí no me mueve nadie». De hecho, ya tiene entrada para el 19 de julio en el estadio MetLife de Nueva Jersey.
Si España alcanza la ronda final, le tiene dedicado algo especial a Manolo, «una promesa que aún no puedo revelar. Es una suerte de homenaje. Empecé con él y quiero terminar con él».
La última vez que Manuel Cáceres se dejó ver por un campo de fútbol fue en los cuartos de final de la Nations League, en un España-Países Bajos a finales de marzo. Un mes más tarde fue encontrado sin vida en su casa de Moncófar, Castellón. Tenía 76 años. Su primera andadura con España fue en Chipre en 1979, cuando el equipo ibérico logró su clasificación para la Eurocopa de Italia. Después llegaría el Mundial del 82 y un largo peregrinar de décadas, siempre con su boina, un cachirulo y su inseparable bombo.
Maciá prefiere evitar las comparaciones pero es inevitable que se lo recuerden constantemente. Desde Atlanta hasta Los Ángeles, pasando por Guadalajara y Dallas, lo ha emulado, encabezando a La furia española, un grupo de aficionados de nueva creación que ya cuenta con mil socios y que tiene a Maciá como uno de sus abanderados.
Dice que superar a Portugal fue clave y que España ha ido de menos a más, confiado en que puedan con Francia. Mientras, aprovecha para hacer todo el turismo que puede. «Es la primera vez que viajo a Estados Unidos y lo estoy disfrutando mucho», explica. «Ayer estuve en Las Vegas, que me pareció muy bonito. Ya que hemos cruzado el charco, hay que aprovechar. He recorrido muchos continentes y me faltaba este».
Pese a la tralla que lleva encima y los 61 años que le contemplan, dice que aún le quedan unos cuantos Mundiales por delante. «El próximo en España será el séptimo y espero estar en Arabia también. Hasta que el cuerpo aguante».
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