A mí con Morante me pasa lo que a El Guerra consigo mismo: que después de él, nadie, y después, el resto. Por eso confesaré que lo primero que me vino a la cabeza tras la cogida fue un pensamiento egoísta. Vista desde el tendido, la cornada parecía grave, porque lo levantó en volandas y porque su cara era un desgarro como de quinta angustia. Pero no tanto. Por eso cuando ‘Clandestino’, aún con la sangre fresca en el pitón, se puso a regalar embestidas a la muleta de Borja Jiménez pocos minutos después, yo sólo podía pensar en el lío que le habría formado Morante. Me invadió una melancolía anticipada. En caliente, lo que más me chafaba no era lo que había visto, sino todo lo que iba a dejar de ver.
Que me perdonen los demás, pero hasta que vuelva Morante, nos queda el vacío
A mí con Morante me pasa lo que a El Guerra consigo mismo: que después de él, nadie, y después, el resto. Por eso confesaré que lo primero que me vino a la cabeza tras la cogida fue un pensamiento egoísta. Vista desde el tendido, la cornada parecía grave, porque lo levantó en volandas y porque su cara era un desgarro como de quinta angustia. Pero no tanto. Por eso cuando ‘Clandestino’, aún con la sangre fresca en el pitón, se puso a regalar embestidas a la muleta de Borja Jiménez pocos minutos después, yo sólo podía pensar en el lío que le habría formado Morante. Me invadió una melancolía anticipada. En caliente, lo que más me chafaba no era lo que había visto, sino todo lo que iba a dejar de ver.
Con Morante caído en combate, la temporada taurina queda como suspendida en el aire, como sin guion ni argumento. Sin agarraderas ni mayores expectativas en el horizonte inmediato. Que me perdonen los demás, pero hasta que vuelva Morante, nos queda el vacío. Que volverá. Y cuando vuelva será un acontecimiento mayor aún. Un jalón superior de su leyenda, pagado ya el tributo tantas veces esquivado por milímetros, por azares o simplemente por ser Morante. Mientras tanto, en el alero se acumulan el Corpus de Sevilla, Jerez, Aranjuez, Valladolid, Nimes, El Puerto, Marbella… y más tardes aún que iba a anunciar tras su paso por Sevilla.
Sin Morante, se nos abre un paréntesis de incertidumbre, pero, como ya hemos comprobado de octubre a abril, la espera engrandece su leyenda. Y nos recuerda que el dios frágil de las marismas también es mortal.
Morante estaba, en todo caso, más que preparado para la cornada. No ha existido y dudo que exista en el futuro un torero de arte con un valor más desbordante, que se los pase más cerca y que toree más puro y profundo allí donde de verdad silban las balas. Morante pisa tierra quemada. Para que me entienda todo el mundo: donde los demás ponen la muleta, él pone el pecho.
Si algo nos enseñan los toreros es la filosofía estoica de intimar con la muerte a carta cabal. Un pitón es una guadaña, pero esta vez no será. Nos queda Morante para rato y nos queda una pausa (esperemos que corta) para echarlo de nuevo de menos. Para valorarlo en su justa medida: la del torero más completo que han dado los siglos.
Ahora que escribo esto desde La Maestranza, 24 horas después de quedarnos congelados, llevo puesta la corbata que he heredado de Raúl del Pozo. El maestro decía que los toreros son los últimos héroes que se ganan la vida con la espada. Y que ver a Morante era como ver abierto el Cossío entero. Raúl quería hacerle un homenaje en el Varela. Sea.
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