¿Por qué? En el orden natural (y ya arcaico) de las pirámides periodísticas invertidas el por qué suele ser la última clave que atender. Primero el qué, luego el quién, después el cuándo, más tarde el dónde, casi al final el cómo y, por fin, el por qué. Cuando se trata de adaptar al cine un clásico literario, la jerarquía se da la vuelta. Lo primero es situarse del lado del director o la directora e intentar averiguar el motivo. Lo demás está, como poco, en la wikipedia. ¿Qué mueve a regresar a un texto clásico llevado al cine tantas veces con anterioridad (una de ella de manera magistral)?
La nueva versión del clásico de Jane Austen resulta tan fiel al texto y efectiva en la puesta en escena como ajena a cualquier amago de lectura, revisión o solo novedad (además de inferior a la de Ang Lee)
¿Por qué? En el orden natural (y ya arcaico) de las pirámides periodísticas invertidas el por qué suele ser la última clave que atender. Primero el qué, luego el quién, después el cuándo, más tarde el dónde, casi al final el cómo y, por fin, el por qué. Cuando se trata de adaptar al cine un clásico literario, la jerarquía se da la vuelta. Lo primero es situarse del lado del director o la directora e intentar averiguar el motivo. Lo demás está, como poco, en la wikipedia. ¿Qué mueve a regresar a un texto clásico llevado al cine tantas veces con anterioridad (una de ella de manera magistral)?
En el caso de esta versión de Sentido y sensibilidad de Jane Austen firmada por Georgia Oakley y con Daisy Edgar-Jones como estrella del momento cuesta responder. Todo en ella se antoja correcto, moderno en el sentido más elemental, vibrante cuando toca, sabiamente interpretada incluso y tan actual como corresponde a cualquier obra clásica que se precie. Y, sin embargo, cuesta vencer la sospecha de que la película no sea más que el resultado de una decisión perezosa de un productor sin ideas. El razonamiento podría ser, más o menos: si, desde el lado de la tragedia gótico de Emily Brontë, recientemente funcionó la adaptación de Cumbres borrascosas de Emerald Fennell, ¿por qué no probar con el realismo irónico del otro gran monumento del romanticismo? No en balde, la versión en formato serie de Orgullo y prejuicio, el otro gran libro de Austen, ya está ahí también. Dicho y hecho.
En verdad, poco o nada extraordinario, que no siga el patrón o fuera de lo esperable es reseñable de este nuevo intento. Otra vez, las hermanas Elinor y Marianne Dashwood son desahuciadas de su finca de Sussex y obligadas a mudarse con un pariente lejano a una casa esencialmente pobre. La culpa, como recordarán, es de una ley y una sociedad, las dos machistas, que dejan como única opción para salir del hoyo un buen matrimonio. Una, pura razón y sentido común (a la que interpreta con el rigor debido Daisy Edgar-Jones), y otra, pura sensibilidad y pasión (soberbia y sorprendente Esme Creed-Miles), se enfrentan así al amor y a las adversidades de todo lo demás. Es decir, de la vida.
Georgia Oakley sigue de forma puntual el sentido y la sensibilidad del libreto de manera tan ortodoxa y afinada como ajena a desvaríos. Se echa en falta, y mucho, la divertida sagacidad del guion de la propia Emma Thompson en la película de 1995 que de manera tan delicada como precisa y extrañada dirigiera Ang Lee. Se agradece, en cambio, que la directora no se deje seducir por los desvaríos a los que se entregó Emerald Fennell en su lectura de Cumbres borrascosas. Digamos que es la búsqueda permanente del tono medio, del rechazo al plano solo ocurrente y de la atención a la intensidad de la mirada y de la interpretación lo que salva y justifica en todo momento la nueva versión. Pero, aún así, resulta entre escasa y algo inexplicable este regresar para quedarse en el mismo punto.
Alguien razonaba recientemente que buena parte de la actualidad resucitada de los textos de Jane Austen, más allá de su evidente calidad y brillantez inmarcesible, es Instagram. Que la pasional modernidad de Jane Austen encaja a la perfección en la virtualidad de la red social para la cita apasionada en tiempos de exaltación emotiva. Será eso.
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Directora: Georgia Oakley. Intérpretes: Daisy Edgar-Jones, George MacKay, Esme Creed-Miles. Duración: 131 minutos. Nacionalidad: Reino Unido.
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