Futuro, según la definición de la RAE, es aquello que está por venir y ha de suceder con el tiempo. También aquello que todavía no es, pero será. Y, aunque no lo cite la Academia, el futuro es la condición y el anhelo de lo que nos rodea. Del arte, de la ciencia, de la sociedad, de la investigación y, en conjunto, del mundo. Este viernes, desde el presente de los Premios Princesa de Asturias, quedó dicho, y hasta cantado, en el Teatro Campoamor de Oviedo.
El historiador británico pronunció el discurso de más hondura de la gala y la estadounidense dejó el gran momento de la tarde cantando ‘Wings’ y recitando ‘People Have The Power’
Futuro, según la definición de la RAE, es aquello que está por venir y ha de suceder con el tiempo. También aquello que todavía no es, pero será. Y, aunque no lo cite la Academia, el futuro es la condición y el anhelo de lo que nos rodea. Del arte, de la ciencia, de la sociedad, de la investigación y, en conjunto, del mundo. Este viernes, desde el presente de los Premios Princesa de Asturias, quedó dicho, y hasta cantado, en el Teatro Campoamor de Oviedo.
Fue el historiador Timothy Garton Ash, Princesa de Asturias de la Ciencias Sociales, dirigiéndose a quien da nombre a estos premios, la Princesa Leonor -futuro de la Monarquía y de los galardones-, quien más claramente perfiló ese futuro en el teatro ovetense. «El futuro tanto de Europa como de la libertad dependerá cada vez más de su generación de europeos, Alteza», esbozó el británico en el discurso con más hondura de una tarde que también reconoció a Patti Smith, Julian Barnes, Christina Koch, Leo Messi, David Klenerman, Shankar Balasubramanian, Pascal Mayer, al Studio Ghibli y a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard.
Garton Ash, el más célebre historiador de esta Europa actual, trazó un recorrido por el continente siguiendo la figura de la heredera al trono. «Nacer en Europa en 2005, como nació usted, significaba llegar al mundo en un momento de expansión sin precedentes de la libertad, la paz y la integración europea. (Una Europa que, por cierto, incluye, como es evidente, a Gran Bretaña; al fin y al cabo, la primera princesa de Asturias fue Catalina de Lancaster). Nunca, a lo largo de los siglos, habíamos estado tan cerca de hacer realidad la visión de una Europa unida y libre como en aquel momento dorado, en torno al año 2005«.
Y, sin embargo, esa aspiración de futuro hoy es otra: «Todo lo conseguido desde 1945 —esa Europa que muchos miembros de su generación, Alteza, daban por sentada— se encuentra hoy amenazado en su propia existencia«, detalló el historiador, que advirtió de que «para defender, reformar y ampliar una Europa libre» van a hacer falta «muchas cosas». Él citó tres. Uno: «Un compromiso profundo con la búsqueda de la verdad» frente a «la vasta sinfonía de engaños» de «las redes sociales, la inteligencia artificial, las potencias hostiles y algunas personas en puestos de poder». Dos: «Recuperar la confianza» con «buenas políticas» y, sobre todo, con «instituciones respetadas, capaces de adaptarse continuamente» y con «las aportaciones de personas individuales en todos los ámbitos de la sociedad». Y tres: «el tiquitaca», emulando el estilo futbolístico español, porque «el éxito requiere del genio individual y de un sofisticado trabajo en equipo».
Al futuro lleva entregada desde que el pasado domingo aterrizara en Oviedo la ganadora del Princesa de Asturias de las Artes, Patti Smith. La cantante, que llegó al teatro grabando desde el coche con su móvil, lleva una semana lanzando referencias a los jóvenes, desde su encuentro con alumnos hasta la rueda de prensa, pasando por sus dos conciertos en la región. Y, en su discurso de agradecimiento, volvió a hacerlo. «A título personal, agradezco las oportunidades que la Fundación me ha brindado de hablar cara a cara, interactuar y actuar para tantísima gente joven y prometedora«, aseguró la estadounidense, que tuvo uno de los momentos de la tarde cuando recitó algunos versos de People Have The Power para lanzarse, con su voz rasgada y sin instrumento alguno, a entonar su canción Wing. «Yo era un ala en el cielo azul / Surcaba sobre el océano / Surcaba sobre España / Y era libre / No necesitaba a nadie».
«El futuro de Europa y la libertad dependerá cada vez más de su generación de europeos, Alteza»
Timothy Garton Ash
«Un reconocimiento así, en mi opinión, nos permite detenernos un instante a reflexionar sobre lo que hemos logrado en la vida hasta ahora. Pero, ya cerca de cumplir ochenta años, también creo que el premio es un incentivo para seguir trabajando y evolucionando, para encontrar nuevas formas de ayudar del mejor modo posible a la gente y dar esperanza y estabilidad a las nuevas generaciones. […] Todos nos iremos de aquí con un premio mayor que el que anticipábamos, el de la amistad duradera«, incidió Patti Smith, quien agregó que los premiados «han contribuido a mejorar el bienestar del mundo y de las personas, son referentes que promueven la alegría, protegen el medioambiente, exploran con audacia, defienden los derechos humanos, incentivan la curiosidad intelectual y constituyen una fuente de orgullo».
Julian Barnes, que ya ha dejado fijado que su futuro no va a estar en la literatura tras firmar su Despedida, la que será su 15ª y última novela, sin embargo, recurrió al pasado para esbozar una serie de porvenires. Como un multiverso de las artes que se iban a solapando hasta encontrarse al final. «Ya no pienso que las artes sean progresivas y que cada evolución mejore la precedente. Prefiero pensar que todos estamos sentados a una enorme mesa redonda, quizás en una venta manchega, hablando entre nosotros de nuestro trabajo en el curso de los siglos«, afirmó.
El inglés, ganador del Princesa de Asturias de las Letras, con su aristocrático y pausado acento de Oxford, señaló que en sus inicios daba por «sentado sin la menor duda que cada una de las artes, a lo largo de los siglos, evidenciaba un progreso inevitable» porque «todo lo demás en el mundo también había progresado: la ciencia, la tecnología, la sociedad, la política…», se estudiaba «cronológicamente». Y, ahora, su visión es que «las artes pueden dar la impresión de progreso, aunque a menudo expresan versiones nuevas de verdades antiguas».
«Las artes pueden dar la impresión de progreso, aunque a menudo expresan versiones nuevas de verdades antiguas»
Julian Barnes
En ese recorrido, hacia el futuro, el literato citó la metaliteratura de la segunda parte del Quijote que le encandiló, a Voltaire desdeñando a Shakespeare por la «desastrosa» influencia que había sido para el teatro británico o a Renoir admirando las pinturas de Velázquez donde, según el pintor francés, «todo ya está dicho». En esa enorme mesa redonda que citaba Barnes en su discurso estaban todos reunidos: «Imagino que Renoir le pregunta a Velázquez cómo demonios pintó sus cuadros, que Voltaire rectifica el desdén que profesaba antaño a Shakespeare, que Flaubert (que se describe a sí mismo como «un viejo romántico») manifiesta su veneración por Cervantes y también, quizá, pone mala cara a ese inglés, sentado ahí en un taburete, que tuvo la insolencia y la locura, un siglo después de muerto el autor francés, de escribir un libro titulado El loro de Flaubert«. Escrito en y desde el futuro para el francés.
La primera vez que la astronauta Christina Koch llegó a España fue en el año 2003 para visitar a su hermana que estudiaba en nuestro país. Acababa de graduarse, empezaba a trabajar como ingeniera en la NASA y se encontró con la noticia de que tripulación del transbordador Columbia había perdido la vida. «Viajar al espacio es un proyecto de toda la humanidad, y la noticia de la tragedia corría por las calles de todo el mundo. Nuestros embajadores de la Tierra, esos tripulantes de la nave espacial, habían hecho el sacrificio supremo y el mundo entero se puso de luto. Diez años después recibí una llamada informándome de que podía formar parte de la tripulación de una nave espacial«, detalló ayer quien es la primera mujer en viajar alrededor de la Luna a bordo de la misión Artemis II, que hizo suyo el lema: «De todos y para todos».
Allí, en el futuro, trece años después, volvió a verse llorando a unos cuatrocientos mil kilómetros de La Tierra mientras «la luna se hacía cada vez más pequeña a través de la ventana de la cápsula» y mantenía una videollamada con su marido. «Me dijo que algo estaba sucediendo ‘aquí abajo’, que la gente se estaba uniendo, sin importar de dónde procedía, sus ideas políticas, su educación o sus recursos económicos. Que estábamos marcando la diferencia. Escuché con incredulidad, me sequé las lágrimas y dije: ‘Eso es lo que siempre quisimos’. […] No esperen a la próxima misión a la luna para darse cuenta de que sus semejantes son sus compañeros de tripulación. Artemis no tiene por qué ser una anomalía en un mundo que, por lo demás, es ‘una locura’. Elijan el mundo en el que quieren vivir en cada interacción, en cada calle. Elijan vivir sabiendo que la verdadera plenitud está en dar, no en recibir. Confíen, sean agradecidos, muéstrense vulnerables».
El futuro.
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