La rabia transformada en suficiencia, en auténtica tiranía. Es tal el control que tiene Tadej Pogacar camino de su quinto Tour, que calcula los golpes y los esfuerzos a su conveniencia. Juguetea con sus rivales, tantea su sufrimiento y los acaba torturando sin que nada lo pueda evitar. Mide hasta a su propio compañero Del Toro («sabía que no estaba al 100% y esperé a los últimos kilómetros»), al que pretende a su vera en el podio de París. Y todo le sale redondo. En Le Markstein, su cuarta vez con los brazos al alto en solitario en esta Grande Boucle donde lo único interesante es lo que se juegan por detrás. [Narración y clasificaciones]
El esloveno suma su cuarto triunfo de etapa y aumenta su diferencia en una general que observa con emoción la lucha por el podio, donde Del Toro y Seixas dieron un paso adelante. Ayuso se mantiene quinto
La rabia transformada en suficiencia, en auténtica tiranía. Es tal el control que tiene Tadej Pogacar camino de su quinto Tour, que calcula los golpes y los esfuerzos a su conveniencia. Juguetea con sus rivales, tantea su sufrimiento y los acaba torturando sin que nada lo pueda evitar. Mide hasta a su propio compañero Del Toro («sabía que no estaba al 100% y esperé a los últimos kilómetros»), al que pretende a su vera en el podio de París. Y todo le sale redondo. En Le Markstein, su cuarta vez con los brazos al alto en solitario en esta Grande Boucle donde lo único interesante es lo que se juegan por detrás. [Narración y clasificaciones]
Ahí, en la pugna por el cajón, intenta mantener el orden Jonas Vingegaard y apenas lo consigue. Porque cada vez más osado, más seguro de sí mismo, el fenómeno Paul Seixas, consagrándose en silencio. Y el propio Del Toro, el tipo que siempre revive. Fueron diferencias mínimas entre ellos en la cima, con Juan Ayuso en esa pelea en la que también pide protagonismo Remco Evenepoel.
Fue en Le Markstein, esta vez tras la tremenda ascensión por el novedoso col de Haag, donde Pogacar saldó otra pequeña deuda. Aquí ya se impuso en 2023, pura rabia entonces. Pues fue un triunfo de coraje, perdido ya el Tour por segunda vez consecutiva con Vingegaard. Lo pretérito se antoja increíble observando el dominio actual. El danés le había golpeado en la crono de Combloux y más aún en el Col de la Loze.
Lo hizo esta vez con paciencia, dejando hacer. La maquinaria del UAE no se puso en funcionamiento pleno hasta las primeras rampas del Ballon de Alsacia, el tercer puerto del día. Había sido una jornada sin tregua, entre el sol y las tormentas de los Vosgos, con seis escaladores por delante (Carapaz, Healy, los gemelos Johannessen, Paret-Peintre y Einer Rubio) y un grupo intermedio en el que cabalgó de nuevo Tom Pidcock, cuarto en la general tras su salto del viernes.
Pero las distancias ya se redujeron lo suficiente como para pensar que en el inédito Col de Haag -11 kilómetros eléctricos al 7,3% de media, un camino de tierra asfaltado hace tres años- todo iba a saltar por los aires, el enésimo rugido de Pogacar, al que nadie osa atacar, asumida su aplastante superioridad.
Fue el Decathlon el que hizo la primera selección y luego Kuss, compañero de Vingegaard, la segunda. Tras el descanso de un par de kilómetros del puerto, Lipowitz y Seixas hicieron un amago de escapada, pero Vingegaard puso orden y ritmo. Sufrió Evenepoel, sufrió Del Toro. Se agarró bravísimo Ayuso. Hasta que, a falta de kilómetro y medio, ya atrapados Carapaz y Johannessen, Tadej se fue a por lo único que le aguarda, la gloria. Coronó con 20 segundos y en el altiplano hacia Le Markstein amplió 20 más. Otro bocado. Entre las migajas, sonrió Del Toro, que remontó y atrapó la bonificación. Tercero fue Seixas, Vingegaard perdió algo más y Ayuso resistió la remontada de Evenepoel. Seis corredorazos en menos de un minuto y medio. Este domingo, ya en los Alpes, con el final en Plateau de Solaison, se mantendrá la única emoción que permite el rey Pogacar.
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