Las claves de la comparecencia de Florentino Pérez, un presidente al desnudo en una versión nunca vista

El rey anda desnudo por palacio y nadie se lo dice. Ese palacio es el Santiago Bernabéu. La parodia puede aplicarse al Real Madrid, que asistió a una comparecencia hilarante de alguien que es más que su presidente. Florentino Pérez es su gran líder, su rey sin corona.

 El dirigente carga contra periodistas y opositores, con un lenguaje impropio, y convoca elecciones anticipadas en el Real Madrid  

El rey anda desnudo por palacio y nadie se lo dice. Ese palacio es el Santiago Bernabéu. La parodia puede aplicarse al Real Madrid, que asistió a una comparecencia hilarante de alguien que es más que su presidente. Florentino Pérez es su gran líder, su rey sin corona.

El Florentino institucional del pasado perdió el equilibrio y el sentido de la realidad para mostrarse, públicamente, como el Florentino de los audios, de los encuentros en privado. Lo único que no ha perdido es el poder, al que es adicto, y de ahí su nerviosismo por los cenáculos en los que pueda articularse el germen de una oposición, lo que desató un ejercicio de maniqueísmo a lo Trump.

Desencadenado, sin filtros, repetitivo y con un lenguaje impropio de su cargo, compareció como uno de los dirigentes que habitaban el fútbol antes de su llegada, en los años 90, los Gil, Lopera o Gaspart. El desembarco de uno de los grandes empresarios del país en el Madrid acababa entonces con unos personajes de cómic. Más de dos décadas después, encontramos a Florentino en la misma viñeta.

La motivación de su inesperada comparecencia no fue para dar explicaciones de la profunda crisis deportiva ni de la búsqueda de entrenador. Florentino tiene callo en prescindir de técnicos, el mal necesario del fútbol para el presidente. Los futbolistas, además, se pegan todas las semanas, según sus informaciones. Inaudito. El problema son los chivatos, a los que el dirigente conectó con los periodistas, algunos citados con nombres y apellidos, que quieren acabar con el Madrid.

La realidad es que somos todos, porque la crítica es sinónimo de ataque desde hace ya un largo tiempo para el dirigente y una guardia de corps con una sola voz, la de José Ángel Sánchez, su primer ejecutivo, con capacidad para discrepar. Los equilibrios internos, sin embargo, han variado en el Madrid, donde emerge una nueva figura, la del financiero de origen marroquí Anas Laghrari. Auxilió al dirigente en ACS y lo ha hecho en un Madrid disparado en gastos por la reforma del Bernabéu.

Aunque dijera el presidente que va a repartir dinero entre los socios, el cambio de modelo societario está en un cajón, porque no se puede vender una parte del Madrid sin convertirlo en sociedad anónima deportiva, mientras se explora el mercado para poner un apellido al estadio y se prepara la renovación de los contratos con Adidas o Emirates, en un momento deportivo nefasto. Mal asunto.

Son las Termópilas de Florentino, en las que presenta al Madrid frente al poderoso asedio de las fuerzas del mal, cuando, en realidad, hablamos de uno de los equipos más amados del mundo.

Florentino, durante la rueda de prensa.
Florentino, durante la rueda de prensa.MUNDO

La razón de su aparición fue la de anunciar una convocatoria de elecciones anticipadas, porque unos «niños» quieren arrebatar el Madrid a sus socios, según reiteró. Utilizó la palabra «niños», despectivamente, frente a su nivel como empresario, que subrayó, sin pudor alguno, al recordar los 170.000 empleados de ACS, la constructora que preside.

Detrás de los «niños» intuye el rastro del que ha sido su gran enemigo en la guerra del sector energético, Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola. Una gran fortuna con capacidad para contribuir al aval, quizás para un familiar, que es necesario para ser candidato, más de 180 millones de euros.

La Ley del Deporte liberó los avales del 15% del presupuesto que convertían sus democracias en democracias de multimillonarios, una medida ad hoc para el Barça de Joan Laporta en una grave situación económica y en momentos de hacer las paces con Cataluña. Pero dejó a los clubes la capacidad de hacer el acceso más restrictivo en sus estatutos. El Madrid lo llevó al máximo.

En ACS, Florentino nombró a un CEO, Juan Santamaría. Sin tratarse de un sucesor, sí aparece como un relevo operativo. En el Madrid no se divisa ese horizonte. «Me tendrán que echar a tiros», dijo, retador. No es lo mismo dar cuenta a socios que a accionistas, que se juegan su dinero, pero el asunto de la sucesión preocupa en los despachos del club. A Florentino le soliviantó que un periodista de Abc escribiera que había confesado su cansancio a miembros de la junta directiva, pero el desgaste en el dirigente, a sus 79 años, es evidente. No es necesario tener una fuente para apreciarlo, ni una enfermedad.

Al Florentino del pasado podían cazarle entre improperios en una grabación, como pasó con los audios, pero no se hubiera desnudado de semejante forma ante las cámaras, en una comparecencia que marca un antes y un después en su era como dirigente. Cómica, por momentos parecía la actuación de un humorista, como si Florentino hubiera realizado un sketch de sí mismo, algo que supone un deterioro de su imagen.

Estuvo inoportuno al mencionar a los «niños de África» y, jocosamente, a una periodista que escribe de fútbol por el hecho de ser mujer. Con frases escritas como eslóganes en sus papeles, se repitió, rebuscó entre las hojas y el móvil, y se extendió en las respuestas más allá de lo que deseaba el profesional del club que concedía la palabra a los periodistas. Quería acabar cuanto antes con algo que estaba fuera de control. Lo peor de todo es que Florentino se gustó, sin saber que, después de hablar, el Madrid suma a su crisis deportiva una crisis institucional en la que es posible que los «niños» crezcan.

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