La curiosa paradoja del Doctor Ferran y Mr. Torres

El pasado lunes, después de estar en ‘El Hormiguero’, Ferran Torres se fue con algunos compañeros de la selección, entre ellos Rodri y Baena, a un conocido local de Madrid. Estaba feliz. En los últimos dos meses todo le había salido redondo. Había marcado el gol en la final del Mundial de fútbol, volviendo su nombre imborrable en los libros de Historia. Había conseguido salir del Barça, donde no se sentía reconocido como él creía merecer, y había empezado la temporada en el PSG de Luis Enrique como un avión: siete goles en 325 minutos, unas cifras que dejan una media salvaje: Ferran marca en París un tanto cada 46 minutos (tres en Champions y cuatro en Liga).

 El héroe del Mundial ha marcado el 64% de sus goles con España al primer toque. Como en Wembley, sufre cuando tiene tiempo para pensar cómo resolver  

El pasado lunes, después de estar en ‘El Hormiguero’, Ferran Torres se fue con algunos compañeros de la selección, entre ellos Rodri y Baena, a un conocido local de Madrid. Estaba feliz. En los últimos dos meses todo le había salido redondo. Había marcado el gol en la final del Mundial de fútbol, volviendo su nombre imborrable en los libros de Historia. Había conseguido salir del Barça, donde no se sentía reconocido como él creía merecer, y había empezado la temporada en el PSG de Luis Enrique como un avión: siete goles en 325 minutos, unas cifras que dejan una media salvaje: Ferran marca en París un tanto cada 46 minutos (tres en Champions y cuatro en Liga).

Eso fue seguramente lo que le dio la titularidad el sábado en Wembley por delante de Oyarzabal, delantero fetiche de Luis de la Fuente. Eso y que en el plan de partido del cuerpo técnico estaba la velocidad del valenciano a la espalda de la defensa como una de las vías para escapar de la presión hombre a hombre que le propuso Inglaterra. Sin embargo, en Londres completó Ferran una de esas noches que le sitúan en el imaginario colectivo como un blanco fácil para las bromas. Con 0-1 en el marcador, en la primera media hora de partido, recibió el balón a 30 metros de la portería y encaró, sin oposición, a Trafford. En la primera, estrelló el balón en el cuerpo del portero y, en la segunda, cruzó demasiado el tiro.

Resulta innegable la aportación de Ferran a la selección desde su debut, con Luis Enrique en septiembre de 2020, en plena pandemia, en un Alemania-España que terminó 1-1. Desde entonces, suma 25 goles en 66 partidos (el primero de ellos lo anotó en su segunda aparición, ante Ucrania en esa misma ventana de septiembre de 2020). Y del mismo modo que resulta innegable eso, es evidente que estamos ante un delantero con una tendencia clara: cuanto menos tiempo tenga para pensar, mejor.

Lo dicen los datos: de los 25 goles que ha marcado con España, 16 han sido al primer toque (un 64%). El más importante, obvio, el de la final contra Argentina de hace poco más de dos meses. Otros siete goles los ha anotado después de hacer apenas uno o dos controles, y solamente dos de esos 25 los ha marcado encarando al portero desde lejos (el último fue contra Irak en un amistoso en Coruña el pasado mes de junio). En cierto modo, Ferran es uno de esos delanteros que recuerdan a Morata o, incluso, a Fernando Torres. Tipos que mejoran su efectividad dentro del área, y si puede ser al primer toque, mejor.

«Hugo Sánchez fue Pichichi metiendo todos los goles de una Liga al primer toque», le defendió el sábado por la noche en Wembley Luis de la Fuente, que recogió el guante de Luis Enrique, el hombre que le hizo debutar. Para el actual seleccionador, Ferran es indiscutible, y mientras no llegue un delantero que hoy no tiene nombre, seguirá siendo así. «Ferran es un goleador, sin ningún género de duda, pero los que tienen muchas oportunidades, y marcan muchos goles, también fallan otras tantas. Estoy encantadísimo con el trabajo, la actitud, el rendimiento y el trabajo que ha hecho Ferran y del que se ha aprovechado Mikel Oyarzabal después. Ferran ha hecho una labor de desgaste con los centrales y eso vuelve a ser una prueba de que aquí nadie es más importante que nadie por ser titular o estar en el banquillo. Aquí todos nos aprovechamos del trabajo de los otros», cerró el técnico.

Ese apoyo no le llega solamente desde el banquillo. Su carácter, noble y directo, le hace ser uno de los chicos más queridos dentro del vestuario. Él, mientras tanto, trata de olvidarse de todo lo que se dice sobre él. En realidad no se olvida, y así lo expresan sus celebraciones, que últimamente van desde taparse los oídos como diciendo ‘habla, chucho, que no te escucho’ hasta hacer el gesto de ‘seguid hablando’ o pedir silencio. Trata de no hacerlo, pero no hace mucho dijo que le gusta marcar goles porque con ellos consigue «tapar bocas».

Ferran, sin maldad, y al igual que le sucedía a Morata, no es capaz de diferenciar entre la crítica periodística o los comentarios de los exprofesionales del fútbol en los medios de comunicación, de las redes sociales. La gente que trabaja con él trata de ir puliendo eso, y aunque poco a poco lo van consiguiendo, es probable que, después de las dos ocasiones falladas en Wembley, la próxima vez que celebre sea volviendo a mandar callar a no se sabe muy bien quién.

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