Jaime Alemán (Ciudad de Panamá, 72 años) se convirtió en 2020 en el primer hispanoamericano en recorrer los 193 países y los dos Estados observadores reconocidos por la ONU (Palestina y El Vaticano), además de visitar territorios independientes como Kosovo o Taiwán. Completó su travesía por la Tierra en la República de Nauru —un Estado de Micronesia— unos días antes de que las fronteras cerraran por la pandemia. Su aventura continuó tras el coronavirus; en 2024 recorrió los extremos polares y, el 31 de mayo de 2025, viajó a bordo de la misión NS-32 de Blue Origin, convirtiéndose, cuenta, en el primer hombre en recorrer el mundo entero y el espacio. Al regresar de la línea de Kármán, pensó: “Wow, qué locura, soy el primer humano en lograr esto y encima un latinoamericano. Un panameñito que viene de un país de cuatro millones, con mi pasaporte pequeñito”, cuenta emocionado con la voz y los ojos llorosos.
En corto
¿El país con la mejor comida? Francia. Aunque soy feliz con una buena pizza y esas hay en todos lados.
¿Maravilla del mundo favorita? Machu Picchu, en Perú.
El destino más romántico es... Bora Bora, ahí fue mi luna de miel.
¿Destino al que siempre volvería? Tanzania o Nueva Zelanda.
¿Destino que le falte conocer? La Fosa de las Marianas, la isla Tristán de Acuña o las islas Feroe.
El exministro, abogado y diplomático panameño, de 72 años, está centrado en una nueva aventura: contar su legado. Ha publicado un libro, produce un documental sobre su vida y quiere conseguir un nuevo récord viajero con su hija
Jaime Alemán (Ciudad de Panamá, 72 años) se convirtió en 2020 en el primer hispanoamericano en recorrer los 193 países y los dos Estados observadores reconocidos por la ONU (Palestina y El Vaticano), además de visitar territorios independientes como Kosovo o Taiwán. Completó su travesía por la Tierra en la República de Nauru —un Estado de Micronesia— unos días antes de que las fronteras cerraran por la pandemia. Su aventura continuó tras el coronavirus; en 2024 recorrió los extremos polares y, el 31 de mayo de 2025, viajó a bordo de la misión NS-32 de Blue Origin, convirtiéndose, cuenta, en el primer hombre en recorrer el mundo entero y el espacio. Al regresar de la línea de Kármán, pensó: “Wow, qué locura, soy el primer humano en lograr esto y encima un latinoamericano. Un panameñito que viene de un país de cuatro millones, con mi pasaporte pequeñito”, cuenta emocionado con la voz y los ojos llorosos.
Cuando se cumple un año de uno de sus logros más importantes ―también le gustaría ser recordado por firmar como ministro de Gobierno y Justicia el decreto que destituyó al general Manuel Antonio Noriega como jefe de la fuerza pública de Panamá―, este viajero apasionado tiene una misión más: contar su legado. El abogado y diplomático —fue embajador de Panamá en Estados Unidos— acaba de publicar el libro Grand slam de viajes, trabaja con un productor de Hollywood en un documental de su vida y tiene pendiente completar un récord con su sucesora: convertirse en el primer padre e hija en la historia en visitar todos los países.
Pregunta. ¿Cómo nació su pasión por viajar?
Respuesta. Yo nací en 1953 y lo único que había era la Enciclopedia Británica. No había fotos, no había nada, era la imaginación la que te llevaba a pensar: “¿Qué habrá más allá de las letras que uno ve en la enciclopedia?”. Después comenzaron a vender álbumes de figuritas y a mí me volvía loco la de los Jardines Colgantes de Babilonia. Es increíble cómo culminó esa pasión por esos jardines, que los fui a visitar en Irak y que ya ni existen; me llevó a hacer lo que ningún humano anteriormente había hecho.

P. ¿Cuándo comenzó a viajar?
R. A los 11 años a mi padre lo nombraron negociador de los nuevos tratados del canal de Panamá con Estados Unidos y nos fuimos a Washington. Y en un momento llegó una de las nanas que me cuidaba y me dijo: “Me voy a las cataratas del Niágara con otras nanas que he conocido acá”. Y me fui con ellas. Yo soy muy espiritual, me fascina la naturaleza y quedé encantado. Años después hice mi primer año de universidad en Estados Unidos y el segundo en Francia. Cuando llegué a Europa, todos los fines de semana me iba a descubrir un lugar diferente. Así fue como se fue dando este amor por los viajes, por la exploración. Es como una sed insaciable que tengo todavía.
P. ¿Cómo fue ese recorrido por Europa?
R. Fascinante. Pude ir detrás de la cortina de hierro en Alemania del Este y también vi la pobreza en Polonia. Fui a Moscú en Rusia y a Riga en Letonia cuando todavía era la Unión Soviética.
P. ¿Y por dónde continuó?
R. Regresé a Indiana en mi tercer año de universidad y vi un anuncio que decía: “Semester at Sea: universidad alrededor del mundo en barco” y me fui cinco meses a darle la vuelta al mundo. Salimos de Miami y fuimos a Marruecos, después a Costa de Marfil, a Ghana y Sudáfrica. Ese fue un momento transformador. Es que las memorias no se te van nunca; yo tengo lágrimas ahora mismo mientras hablo, pensando en aquel momento tan mágico. No tenía idea de lo que era Sudáfrica y un día estamos en el barco a las 5.30 entrando a la bahía y abro los ojos y el sol empieza a salir por la Montaña de la Mesa en Ciudad del Cabo. Pensé: “No puedo creer la suerte que yo tengo de estar aquí”. De allí me fui a Mombasa, en Kenia, otra experiencia increíble; Malindi, en la costa de Kenia, tiene playas espectaculares. Después me fui en carro con amigos hacia Tanzania. Paramos en Sri Lanka y después en la India. Fuimos a Malasia y seguimos por Singapur y China. Después fuimos a Filipinas, a Taiwán, a Hawái y después llegué a Los Ángeles y de ahí pasé cinco días en la Ciudad de México.

P. ¿Cómo se decidió a completar los países que le faltaban?
R. En 2015 mi esposa se fue a trabajar a la embajada en Francia y yo me fui con ella. Ya estaba medio jubilado. La primera noche en París ella me dice: “Te tengo una idea maravillosa, tú tienes 120 países, en el mundo hay 193, ¿por qué no aprovechas que estás en Francia y que tienes el pasaporte diplomático?”.
P. ¿Cómo logró viajar a países de difícil acceso?
R. En 2017 estaba en Turkmenistán con mi hija, en un lugar precioso en el desierto que se llama el pozo de Darvazá, una plataforma de gas natural que colapsó, y me dice: “Papi, mira quién está ahí. Ese es Simon Cockerell, el gurú de Corea del Norte”. Yo no tenía entrada, es muy difícil entrar al país y fui y me presenté. Me dijo: “No te preocupes, yo te llevo”. Llegué a Corea del Norte y él después me abrió las puertas a Yemen, Somalia, Afganistán e Irak.

P. ¿Tiene un destino favorito?
R. Tanzania es posiblemente mi país favorito del mundo. Tiene Zanzíbar, un mar espectacular; tiene el Kilimanjaro, un nevado en el medio de África; las planicies de Arusha con todos los elefantes; y el cráter Ngorongoro, uno de los lugares más lindos del mundo. Yo digo que es el lugar donde Dios inauguró el mundo. También están el Serengeti y el lago Victoria. Y, además, su gente es lo máximo; son alegres, optimistas, llenos de vida y de creatividad.

P. ¿Qué sintió al viajar al espacio?
R. Lo que te cautiva es la oscuridad, la profundidad. Te sientes como una hormiguita, eres insignificante. Pero también, en esos cuatro minutos en el espacio te imaginas todo lo que queda por delante: “¿Cuál será el lugarcito, el rinconcito de ese lugar tan infinito donde habrá algún tipo de vida?”. Porque de que la hay, la hay. Es cuestión de años. Yo le digo a mis nietos: “Yo creo que ya la vida no me va a dar la oportunidad de poder ir hasta la luna, mataría por ir allí, o ir hasta Marte, pero ojalá alguno de ustedes lo logre y lleve mis sueños, mis ilusiones al infinito, literalmente al infinito”.
P. ¿Se cansó de viajar?
R. La pasión por descubrir nunca se me fue. Siempre tuve esa sed y era mi hobby. Hay gente que nace para tocar el piano, otros para cantar, para jugar al fútbol… Mi pasión era esta. Es lo que todavía me mantiene lleno de vida. Yo nunca me imaginé que algún día iba a tener el privilegio de ser el primer hispanoamericano en visitar todos los países del mundo y el primer humano en visitar el Polo Sur, el Polo Norte, los países y el espacio.

P. Visitó los países más ricos y también los más pobres, ¿qué se lleva de ese contraste?
R. Al final, todos somos iguales. Hay seis cosas en el mundo a las que todos los seres humanos aspiran a tener: un techo, agua y comida, buena educación, un trabajo digno, buena salud y seguridad. Pero los malos gobiernos, las malas políticas, la corrupción, los desaciertos hacen que eso en la mayoría de los países sea inalcanzable. Lo otro es que hay tres elementos que están presentes en todos los lugares del mundo y que nos unen: la música, la religión o espiritualidad y el deporte.
En corto
¿El país con la mejor comida? Francia. Aunque soy feliz con una buena pizza y esas hay en todos lados.
¿Maravilla del mundo favorita? Machu Picchu, en Perú.
El destino más romántico es... Bora Bora, ahí fue mi luna de miel.
¿Destino al que siempre volvería? Tanzania o Nueva Zelanda.
¿Destino que le falte conocer? La Fosa de las Marianas, la isla Tristán de Acuña o las islas Feroe.
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