El Rayo Vallecano no pudo completar su proeza histórica en tierras alemanas. En una final que se vivió como un sueño pero tuvo un «maldito despertar», el equipo de Vallecas cayó derrotado por 1-0 ante el Crystal Palace en el Red Bull Arena de Leipzig. El «capitalismo Premier» terminó imponiéndose al espíritu del barrio obrero en una noche donde los nervios y la falta de la personalidad habitual castigaron a los hombres de Íñigo Pérez.
El Rayo Vallecano no pudo completar su proeza histórica en tierras alemanas. En una final que se vivió como un sueño pero tuvo un «maldito despertar», el equipo
El Rayo Vallecano no pudo completar su proeza histórica en tierras alemanas. En una final que se vivió como un sueño pero tuvo un «maldito despertar», el equipo de Vallecas cayó derrotado por 1-0 ante el Crystal Palace en el Red Bull Arena de Leipzig. El «capitalismo Premier» terminó imponiéndose al espíritu del barrio obrero en una noche donde los nervios y la falta de la personalidad habitual castigaron a los hombres de Íñigo Pérez.
El encuentro fue áspero y poco reconocible por la tensión de lo que había en juego. Adam Wharton se erigió como el dueño absoluto del tempo, escondiendo la pelota y obligando a la zaga vallecana, liderada por un inmenso Lejeune, a multiplicarse ante las embestidas de Jeremy Pino y Mateta. El Rayo tardó en reaccionar, encontrando algo de oxígeno únicamente por la banda de Álvaro García y fogonazos de Isi. En las gradas, la fidelidad vallecana no faltó, manteniendo costumbres como el grito contra la directiva en el minuto 13.
Tras un primer tiempo con sustos para ambos bandos —incluyendo un remate forzado de Alemao que rozó el poste y una interrupción de cinco minutos por la caída accidental de un aficionado—, el desastre llegó al inicio de la reanudación. En el minuto 50, Wharton lanzó un potente disparo desde la frontal que Batalla rechazó; sin embargo, Pathé Ciss perdió la marca de Jean-Philippe Mateta, quien no perdonó y fusiló para poner el 1-0 definitivo.
El gol dejó noqueado al equipo pirata, que estuvo a punto de encajar el segundo poco después tras un remate al poste de Ratiu en propia puerta. Íñigo Pérez buscó la reacción con la entrada de Pedro Díaz, Camello y el Pacha Espino, logrando inclinar el campo hacia la portería de Henderson en el tramo final. Isi lo intentó de falta y Alemao buscó el empate hasta el último suspiro, pero la épica esta vez fue esquiva. Pese a la derrota, el Rayo abandona Europa con la cabeza alta, habiendo construido una memoria imborrable para todo el barrio.
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