El español Álvaro Catalán de Ocón gana la mención especial del Craft Prize de la Fundación Loewe con un tapiz de hierba de elefante

En la National Gallery de Singapur, Álvaro Catalán de Ocón revuelve las fotografías de su móvil. Derecha, izquierda, microzoom, panorámica. El mapa de un poblado de Ghana se transforma bajo su pulgar en una silueta bicolor que se extiende de manera desigual, como una mancha. En su estudio madrileño, la perspectiva área de la aldea se prepara para convertirse en tapiz. Las manos de ocho cesteros locales, reunidos bajo el nombre Baba Tree Master Weavers, se ocupan de tejer, teñir y trenzar. En casi cuatro metros de ancho y cuatro de largo, la hierba de elefante, teñida y aún en estado natural, transforma la cartografía africana en obra de arte. A su lado, Mary Anaba, representante del colectivo de artesanos, hace guardia junto al tapiz Frafra. Está nerviosa: se trata de la primera vez que abandona su país. Antes de la llamada de la Fundación Loewe ni siquiera tenía pasaporte. Está segura: cuando algunas horas antes del anuncio de los ganadores le preguntan por el precio de la pieza, responde que de ese detalle solo hablarán cuando se conozca el resultado de la deliberación.El jurado de la IX edición del premio de artesanía de la Fundación Loewe ha concedido a Catalán de Ocón y Baba Tree Master Weavers una de las dos menciones especiales que, por primera vez, concede el certamen. La arquitecta mexicana Frida Escobedo, la española Patricia Urquiola, el conservador de Artes Decorativas del Museo Metropolitano de Nueva York, Abraham Thomas, o el director del departamento de Objetos de Arte del Louvre, Olivier Gabet, destacan de la pieza su excelencia en la fusión de tecnología contemporánea y técnicas ancestrales de cestería. Señalan también su capacidad para materializar el espíritu del arte contemporáneo, donde la colaboración y el reconocimiento entre artistas y artesanos elimina tendencias canibalizadoras del pasado siglo.

 Strata de Illusion, del surcoreano Jongjin Park, ha logrado el primer premio, dotado con 50.000 euros  

En la National Gallery de Singapur, Álvaro Catalán de Ocón revuelve las fotografías de su móvil. Derecha, izquierda, microzoom, panorámica. El mapa de un poblado de Ghana se transforma bajo su pulgar en una silueta bicolor que se extiende de manera desigual, como una mancha. En su estudio madrileño, la perspectiva área de la aldea se prepara para convertirse en tapiz. Las manos de ocho cesteros locales, reunidos bajo el nombre Baba Tree Master Weavers, se ocupan de tejer, teñir y trenzar. En casi cuatro metros de ancho y cuatro de largo, la hierba de elefante, teñida y aún en estado natural, transforma la cartografía africana en obra de arte. A su lado, Mary Anaba, representante del colectivo de artesanos, hace guardia junto al tapiz Frafra. Está nerviosa: se trata de la primera vez que abandona su país. Antes de la llamada de la Fundación Loewe ni siquiera tenía pasaporte. Está segura: cuando algunas horas antes del anuncio de los ganadores le preguntan por el precio de la pieza, responde que de ese detalle solo hablarán cuando se conozca el resultado de la deliberación.

El jurado de la IX edición del premio de artesanía de la Fundación Loewe ha concedido a Catalán de Ocón y Baba Tree Master Weavers una de las dos menciones especiales que, por primera vez, concede el certamen. La arquitecta mexicana Frida Escobedo, la española Patricia Urquiola, el conservador de Artes Decorativas del Museo Metropolitano de Nueva York, Abraham Thomas, o el director del departamento de Objetos de Arte del Louvre, Olivier Gabet, destacan de la pieza su excelencia en la fusión de tecnología contemporánea y técnicas ancestrales de cestería. Señalan también su capacidad para materializar el espíritu del arte contemporáneo, donde la colaboración y el reconocimiento entre artistas y artesanos elimina tendencias canibalizadoras del pasado siglo.

La obra del italiano Graziano Visintin, que, en collares compuestos por cubos más pequeños que un dado de parchís, reimagina el nielado -técnica metalúrgica que rellena las incisiones en superficies de oro con una masa de plomo, cobre y azufe- se ha hecho con la segunda mención especial. La receta de sus materiales ha merecido el reconocimiento: Visintin la ha rescatado de uno de los tratados del monje benedictino Teófilo Presbítero, datados del siglo XII. Cada artista vuelve a Europa con 5.000 euros.

El galardón principal regresará al mar Amarillo con un cero más. Strata de Illusion, del surcoreano Jongjin Park, ha logrado el primer premio, dotado con 50.000 euros. La pieza burla la mirada rápida. De forma similar a un asiento, la estructura, de líneas orgánicas, parece derretirse. Estuvo a punto de hacerlo: Park, profesor en la Universidad de Seúl, bañó durante meses capas de papel cocina en barbotina de porcelana que a continuación cocía en el horno hasta que la celulosa quedaba calcinada y solo la cáscara vidriada resistía. Destreza, innovación material y visión artística se alían para que la respuesta emocional del espectador se refuerce a través de la exploración técnica.

Más de 5.000 candidaturas de 133 países se presentaron en febrero a la IX edición del Craft Prize de la Fundación Loewe. Para todas -al margen de la mayoría de edad- solo existía un requisito: las obras presentadas debían emparejar aplicaciones innovadoras de una técnica artesanal con un concepto artístico. Para la ghanesa Mary Anaba, destreza e idea parecen haber llegado con una revisión, ya firme, de su lista de precios.

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