Dustin Hoffman recuerda la “terrible experiencia” que fue rodar ‘El graduado’: “A menudo sentía que me iban a despedir”

Mike Nichols ganó el Oscar a mejor dirección en 1968 por El graduado y Dustin Hoffman estuvo a punto de hacerse con el de mejor actor por protagonizarla —aunque al final se llevó la estatuilla Rod Steiger por su actuación en El calor de la noche—. “Fue la película que me hizo famoso. En el set, lo único en lo que podía pensar era en lo mal que lo estaba haciendo”, ha confesado Hoffman en un ensayo publicado en The New Yorker este sábado 31 de octubre, casi 60 años después del estreno de la película. “Sobreviviendo a El graduado”, dice el titular, adelantando que la experiencia del actor durante el rodaje del filme que le dio el reconocimiento de Hollywood no fue precisamente satisfactoria.

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 El actor describe en un ensayo su paso por el set de la película que le dio la fama como una vivencia caótica en la que el director, Mike Nichols, manifestaba “cierto sadismo” con él: “Había una escena en la que Katharine Ross tenía que abofetearme y nos hizo repetirla 27 veces”  

Mike Nichols ganó el Oscar a mejor dirección en 1968 por El graduado y Dustin Hoffman estuvo a punto de hacerse con el de mejor actor por protagonizarla —aunque al final se llevó la estatuilla Warren Beatty por su actuación en El calor de la noche—. “Fue la película que me hizo famoso. En el set, lo único en lo que podía pensar era en lo mal que lo estaba haciendo”, ha confesado Hoffman en un ensayo publicado en The New Yorker este sábado 31 de octubre, casi 60 años después del estreno de la película. “Sobreviviendo a El graduado”, dice el titular, adelantando que la experiencia del actor durante el rodaje del filme que le dio el reconocimiento de Hollywood no fue precisamente satisfactoria.

Hoffman, de 89 años, se convirtió en un icono generacional en su papel de Benjamin Braddock, un joven de 21 años recién graduado —aunque él tenía 30 cuando se estrenó el filme— que regresa a casa de sus padres en plena crisis existencial. Supuso su salto al estrellato mundial, después de una carrera actoral ligada al teatro y a papeles menores en películas para televisión. “Me sentí incómodo de inmediato, indigno. Allí estaba yo, interpretando un papel protagonista en una película de Mike Nichols, el director del momento, pero sentía que no tenía derecho a estar allí”, escribe Hoffman. “Fue una experiencia terrible rodar la película que cambió mi vida. Todo el tiempo sentí que Mike estaba enfadado conmigo, ya fuera porque estaba haciendo algo mal o porque se había dado cuenta de lo que todos sabían: que se había equivocado al elegir al protagonista”, reconoce.

El oscarizado actor —finalmente lo ganó en 1980 por su actuación en Kramer vs. Kramer y en 1989 por su papel en Rain Man— compartió elenco en la famosa cinta con Anne Bancroft y Katharine Ross, que también estuvieron nominadas al premio de la Academia por su interpretación. “El graduado exacerbó todas mis inseguridades desde el principio”, afirma en su escrito Hoffman. “Cuando mi agente me dijo que Mike estaba interesado en mí, ni siquiera quise hacer la audición para el papel”, asegura, comentando que no creía que tuviese sentido que alguien “con rasgos tan étnicos” como los suyos, refiriéndose a su origen judío, interpretase “al típico estadounidense de clase alta” que era su personaje.

Más allá de sus preocupaciones iniciales antes de fichar oficialmente como parte del elenco, el veterano actor destaca lo desconcertante que le resultó el rodaje en sí. “Mike se portó tan bien durante los ensayos que fue impactante y desconcertante cuando empezamos a rodar, y era una persona completamente distinta”, describe sobre los cambios de humor del director, de quien afirma que solía ser “agrio”. “A menudo sentía que me iban a despedir. Cuando estábamos rodando algunas de las secuencias más famosas de la película, recuerdo pensar: ‘No tengo ni idea de lo que estoy haciendo”, admite.

También señala que, si bien el realizador era “irritable con todo el mundo”, había “cierto sadismo” que “parecía manifestarse” solo con él. Y pone un ejemplo: “Había una escena en la que Katharine Ross tenía que abofetearme y nos hizo repetirla 27 veces”. Se trata de la escena en la que el personaje de Benjamin entra en la habitación de Elaine —Ross— empapado por la lluvia y le confiesa que ha tenido una aventura con una mujer mayor que resulta ser su madre —Anne Bancroft—. “Mike no paraba de decirle a Katharine que me pegara, que me pegara más fuerte. Katharine temía hacerme daño, y yo le dije: ‘Estoy bien, pero no me pegues en la oreja’. Por desgracia, falló varias veces. Terminé mareado ese día, y Mike ni siquiera usó la bofetada en la película”, recuerda Hoffman.

Al día siguiente, rodó una escena submarina que requería que permaneciera sumergido bajo el agua con un traje de buceo. “Cuando salí a la superficie para respirar después de algunas tomas me salía sangre del oído. Entre todos los golpes del día anterior y la presión del agua en el fondo de la piscina, me había perforado el tímpano”, escribe. También afirma que casi se desmaya grabando la escena en la que, tras quedarse sin gasolina, corre a toda velocidad desde una autopista hasta una iglesia para impedir una boda. “Lo repetimos una y otra vez, hasta que quedé completamente agotado y deshidratado. Recuerdo haberme tumbado en el césped frente a la iglesia porque pensé que iba a perder el conocimiento”, recuerda.

Según cuenta Hoffman, al final del rodaje recibió la visita de su amigo Ulu Grosbard, un distinguido director de teatro, y le dijo: “Si así es hacer una película, no volveré a hacer otra en mi vida”. Grosbard comió luego con Nichols y le preguntó si se arrepentía de haber contratado a Hoffman. “Sí, muchísimo”, respondió el director de El graduado.

Al final de su ensayo, el actor describe la primera vez que vio la película en el cine. Fue en un preestreno en Manhattan, junto a su novia, la actriz Anne Byrne, con quien se casó en 1969 (se separaron en 1980). “Estaba muy cohibido y tenso. Me castañeteaban los dientes cuando vi la primera escena, un primer plano de mi cara”, dice. Según cuenta, al principio la acogida fue tibia, pero el público se fue animando hasta terminar gritando en pie en una de las escenas más legendarias del filme. “Llevo 60 años haciendo esto. No creo haber visto nada igual desde entonces. Me quedé allí sentado, hundido en mi silla, y luego salí con mi novia hacia la nieve”, recuerda.

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