No recuerda el atletismo español semejante figura en toda su historia. María Pérez, doble campeona mundial en 2023 y 2025 (20 y 35 kilómetros marcha), doble medallista olímpica en 2024 (plata en los 20 y oro en el relevo mixto), es punta de lanza nacional, cómo no, para el Europeo que comienza este lunes en Birmingham. Punto de arranque para ella de su baile final, largo y pausado, hasta los Juegos de Los Ángeles, donde sí o sí acabará una carrera que ya es irrepetible. Entonces, la vida llama, será madre.
La marchadora, punta de lanza del atletismo español en el Europeo de Birmingham, cambió su hoja de ruta con la vista puesta en los Juegos de Los Ángeles. «Lo que saca con Antonella (Palmisano) yo no lo puedo lograr con un entrenamiento, por muy bueno o científico que sea», explica su entrenador
No recuerda el atletismo español semejante figura en toda su historia. María Pérez, doble campeona mundial en 2023 y 2025 (20 y 35 kilómetros marcha), doble medallista olímpica en 2024 (plata en los 20 y oro en el relevo mixto), es punta de lanza nacional, cómo no, para el Europeo que comienza este lunes en Birmingham. Punto de arranque para ella de su baile final, largo y pausado, hasta los Juegos de Los Ángeles, donde sí o sí acabará una carrera que ya es irrepetible. Entonces, la vida llama, será madre.
Tres años programados al milímetro para quien ya empezó a «escuchar a su cuerpo», los 30 años cumplidos en abril, estudiados por el orfebre que pule los pasos frenéticos de María. Jacinto Garzón es el gurú en la sombra de la campeona. Y juntos decidieron que 2026 era «el año idóneo» para tomárselo con calma, al menos de inicio. «La hoja de ruta ha sido una primera parte de año más tranquila: María este año necesitaba desconectar un poco, venía ya pidiendo que necesitaba tomar un poco de aire», explica el entrenador a ELMUNDO desde la concentración de Font Romeu, lugar habitual desde casi hace una década para ultimar los detalles en la altitud de los Pirineos.
Ese «bajar el pistón», como lo llama Jacinto, tuvo un doble objetivo para la granadina. Mental y físico. Pérez utilizó el invierno para sí misma. Algo que incluyó el impulso mediático de su especialidad, «todo tipo de charlas, talleres, eventos de promoción de la marcha, de promoción de ella misma…». Desconectar de la competición, entrenar «un 20-30% menos de lo habitual». Un alivio muscular también para la plenitud que vuelve a lucir ya quien en Victoria Square, el corazón de Birmingham, buscará reeditar un oro continental que se le resiste, por diferentes motivos, desde 2018: fue en Múnich donde María logró su primer gran éxito internacional. «Trabajar con menos volumen e intensidad, un poco más de forma continua y luego iniciar una segunda parte del año más específica, más fuerte. Y a partir de aquí, aunque tendrá su tiempo de descanso, enganchar con los próximos dos años». Con el colofón de Los Ángeles.
Pérez ha completado tres competiciones en lo que va de año. En mayo, los cinco kilómetros del Campeonato de España Universitario y su debut en la distancia de medio maratón -la que afrontará como máxima favorita el sábado en Birmingham, en busca de su cuarto verano dorado- en el Gran Premio Cantones de La Coruña, «una prueba que ella adora». Buenas sensaciones pese al tercer puesto, pues acumulaba apenas dos meses entrenando y siete sin competir. Hace unos días, sin embargo, voló en los 10 kilómetros del Campeonato de España, en Nerja. Récord de España (42.12,93, «una marca estratosférica»), a un ritmo de 4:13 el kilómetro en unas condiciones climatológicas bastante adversas. Un ritmo que impresionó al propio Garzón, que intuye que las medallas en Birmingham estarán por debajo de la 1:33, a una marcha algo más liviana (en torno a 4:18). En un circuito de un kilómetro, revirado y con cierto desnivel por el centro de la ciudad y con la novedad de que todos los atletas, los de maratón y medio, partirán a la vez, a las 7:30 horas inglesas (8:30 en España).
La otra gran novedad en María esconde un hecho prácticamente sin precedentes en el deporte de elite. Su gran rival el próximo sábado es, a la vez, su gran motivación y su compañera de fatigas. El secreto se llama Antonella Palmisano. «Me hace la coña todos los días: ‘No te puedes relajar porque si no viene alguien por atrás y te mete un peperoncino por el culo’. Tenemos ese cachondeo que es lo más bonito del deporte. Si eres el mejor y nadie te aprieta las tuercas…», contaba la española a EL MUNDO hace unos meses sobre una complicidad que va más allá. Por una apuesta perdida con la italiana luce, por ejemplo, María el pelo largo.
«Hemos hecho dos grandes concentraciones. Una en Livigno, por segundo año, con el grupo de Antonella. Con su amiga, es una forma de que emocionalmente ella se sienta a gusto y pueda disfrutar», explica el técnico de un grupo que también incluye a otros tres marchadores aspirantes a medalla en Birmingham, Antía y Dani Chamosa y José Manuel Pérez. La novedad fue que esta vez, el equipo de Palmisano que dirige su marido y entrenador (Lorenzo Dessi) devolvió la visita a Font Romeu. «A ella le hace feliz estar con su amiga. Se puede decir que le tiene un amor y un respeto tan grande, que le pone las pilas. Y eso hace que mejore». Con Palmisano, hasta mezclan entrenamientos y María, una atleta que nunca acumuló demasiados kilómetros a la semana (no le hizo falta), experimenta con volúmenes que no acostumbra. «La veo súper motivada, con una actitud que yo no puedo conseguir. Lo que saca con Antonella yo no lo puedo lograr con un entrenamiento, por muy bueno, preciso o científico que sea», concluye Jacinto, consciente de que el disfrute es el verdadero motor del hambre en los atletas de elite.
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