Así es la recta final de la recuperación de Carlos Alcaraz: trencitas, raquetas sin cuerdas y el pulgar hacia arriba del doctor

Carlos Alcaraz con trencitas. Las trencitas que cada verano triunfan entre las niñas turistas en las playas de media España. Las trencitas que una generación entera identifica con Allen Iverson, jugón entre los jugones. Las trencitas que en inglés llaman cornrows, hileras de maíz, porque su trazado recuerda a los surcos que dejaban en los campos los esclavos africanos que las popularizaron en Estados Unidos siglos atrás. Carlos Alcaraz con trencitas, sí. La semana pasada apareció con ellas en las pistas de cemento al aire libre del Club de Campo de Murcia y, pese a la sorpresa, pese al shock, lo importante no era el peinado.

 Cuatro meses después de lesionarse la muñeca en el Conde de Godó, el español recupera sensaciones a su ritmo, sin plazos ni promesas  

Carlos Alcaraz con trencitas. Las trencitas que cada verano triunfan entre las niñas turistas en las playas de media España. Las trencitas que una generación entera identifica con Allen Iverson, jugón entre los jugones. Las trencitas que en inglés llaman cornrows, hileras de maíz, porque su trazado recuerda a los surcos que dejaban en los campos los esclavos africanos que las popularizaron en Estados Unidos siglos atrás. Carlos Alcaraz con trencitas, sí. La semana pasada apareció con ellas en las pistas de cemento al aire libre del Club de Campo de Murcia y, pese a la sorpresa, pese al shock, lo importante no era el peinado.

Lo importante era que estaba allí, con el sol en el cogote, a la vista de todos los socios del club. Durante casi cuatro meses de rehabilitación, Alcaraz había estado guardando un aburrido reposo en casa -o uno no tan aburrido en las playas de Portugal o en la final del Mundial de fútbol- o protegido en la pista cubierta de la Carlos Alcaraz Academy, pero hace unos días el número dos del mundo volvió a su lugar: el tenis al descubierto, el disfrute. Las trencitas desaparecieron el pasado lunes, pero queda el símbolo. Un Alcaraz alegre ya encara el final de la recuperación de la lesión en la muñeca derecha que sufrió el pasado 14 de abril, hace una eternidad. ¿Cuándo volverá a competir? Eso es otro asunto.

La progresión ha sido lenta y medida, como todo en este proceso. Primero, la muñeca inmovilizada y ni un golpe. Después, semanas golpeando con la mano izquierda para no forzar la derecha. Más tarde, la raqueta sin cuerdas y sin marco completo, un truco habitual en rehabilitación para repetir el gesto técnico sin que el impacto de la pelota llegue a la articulación. Ahora, ya con raqueta normal, Alcaraz acelera la derecha, cambia direcciones, volea, remata, ejecuta reveses: exige a una muñeca que su equipo sigue observando con lupa. Ya no se trata solo de comprobar que responde, sino de acercarla, poco a poco, a la velocidad y la agresividad que pide el tenis de máximo nivel. Y en eso la cautela sigue mandando: si no hubo prisa para empezar a usar la muñeca, tampoco la habrá para que llegue a su mejor versión.

El pasado fin de semana, en una visita exprés a Alicante, donde entrenó en el Club Arena Alicante de Playa de San Juan, Alcaraz recibió la visita de Ángel Ruiz Cotorro, médico de España en la Copa Davis, que le certificó que todo iba bien y, al mismo tiempo, refrendó que la paciencia sigue siendo necesaria.

En ese contexto llegó anoche la última noticia sobre Alcaraz: el Masters 1000 de Cincinnati, del que es campeón vigente, confirmó en sus redes sociales que el español no jugará el torneo que empieza la semana próxima. «Sabemos que Carlos está haciendo todo lo posible por volver a competir cuanto antes», señaló el director del torneo, Bob Moran, deseándole una pronta recuperación. La renuncia le costará los 1.000 puntos que defendía y le priva del único ensayo de competición real que tenía previsto antes del US Open, el Grand Slam que también defiende y que arranca a finales de agosto.

La incógnita, por tanto, sigue abierta. En el entorno del jugador insisten en que la decisión sobre Nueva York dependerá de cómo evolucione en las próximas semanas y en que no se asumirá ningún riesgo si la muñeca no responde. El objetivo, dicen, sigue siendo pisar la pista Arthur Ashe, pero si no se puede tampoco será un drama a estas alturas.

También hay que pensar en el estado del resto del cuerpo. Recuperar una lesión y recuperar la forma física para competir son dos procesos distintos, y el segundo es siempre el más largo. El tono muscular se pierde en cuestión de semanas de inactividad, pero se recupera mucho más despacio, y el tenis no perdona los atajos: exige aceleraciones y frenazos constantes, cambios de dirección explosivos y una resistencia capaz de sostener ese ritmo durante más de tres horas de partido.

Precipitar un regreso sería un peligro para todas las articulaciones, no sólo para la muñeca, y podría convertir una lesión ya larga en una recaída todavía más costosa. Por eso, en el equipo de Alcaraz repiten la misma consigna desde hace semanas: mejor llegar tarde y entero que pronto y roto. La prudencia manda desde hace cuatro meses y así seguirá siendo.

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