Ariana Harwicz, vetada en un festival literario en Granada por grupos pro Palestina: «En la primera línea estamos los judíos, pero le puede ocurrir a cualquiera»

En la misma semana en la que el plante de 28 participantes en el Festival de las Ideas de Madrid llevó a la cancelación del patrocinio de la aseguradora Allianz (acusada de financiar al Gobierno de Israel en la guerra de Gaza), la escritora argentina Ariana Harwicz ha denunciado su expulsión del Il Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades Cultur-Alh que se celebrará durante toda la semana en Granada. Según Harwicz, la dirección del Festival le anunció que no podía garantizar su seguridad ante la presión de grupos de apoyo a Palestina y que, por tanto, suspendía su charla con el escritor Jesús Ortega.»Desde entonces, no me han contestado las llamadas ni los mensajes», explica la autora de El ruido de una época a EL MUNDO. La Universidad de Granada, que aparece como organizadora de Cultur-Alh, ha emitido un comunicado en el que aclara que el veto fue una decisión de la dirección del festival: «La Universidad de Granada no comparte dicha decisión. Una universidad pública debe ser un espacio abierto al pensamiento crítico, al contraste de ideas y a la expresión de posiciones plurales, también cuando estas resultan discrepantes o controvertidas».

 La dirección de Cutur-Ahl defiende su decisión «en coherencia con el compromiso de la Universidad de Granada con los derechos humanos y con los acuerdos adoptados por su Consejo de Gobierno respecto a Palestina».  

En la misma semana en la que el plante de 28 participantes en el Festival de las Ideas de Madrid llevó a la cancelación del patrocinio de la aseguradora Allianz (acusada de financiar al Gobierno de Israel en la guerra de Gaza), la escritora argentina Ariana Harwicz ha denunciado su expulsión del Il Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades Cultur-Alh que se celebrará durante toda la semana en Granada. Según Harwicz, la dirección del Festival le anunció que no podía garantizar su seguridad ante la presión de grupos de apoyo a Palestina y que, por tanto, suspendía su charla con el escritor Jesús Ortega.»Desde entonces, no me han contestado las llamadas ni los mensajes», explica la autora de El ruido de una época a EL MUNDO. La Universidad de Granada, que aparece como organizadora de Cultur-Alh, ha emitido un comunicado en el que aclara que el veto fue una decisión de la dirección del festival: «La Universidad de Granada no comparte dicha decisión. Una universidad pública debe ser un espacio abierto al pensamiento crítico, al contraste de ideas y a la expresión de posiciones plurales, también cuando estas resultan discrepantes o controvertidas».

En Granada, la dirección del festival emitió también su comunicado: «La organización de Cultur-Alh recibió peticiones de la Red Universitaria por Palestina de Granada, de distintos lectores y de uno de los clubes [de lectura] participantes para que se reconsiderara la presencia de Ariana Harwicz. Tras valorarlas, decidimos modificar el programa, en coherencia con el compromiso de la Universidad de Granada con los derechos humanos y con los acuerdos adoptados por su Consejo de Gobierno respecto a Palestina. Es una decisión organizativa sobre esta edición concreta y no queremos convertirla en una polémica pública ni en una confrontación personal con la autora, cuya trayectoria literaria respetamos». John Banville, Lina Meruane, Gabriela Cabezón Cámara, Silvia Federici, David Trueba, Juan Villoro y Rita Segato participarán en el festival.

«Pasan las horas e intento aprovechar esta experiencia para entender cómo operan las desprogramaciones. Uso la palabra desprogramaciones para atenuar otras como cancelación o apartheid», dice Harwicz, que en seguida se refiere a la catedrática y codirectora del festival, Ana Gallego Cuiñas, como la persona que la llevó hasta Cultur-Alh y que, en su opinión, la dejó caer. «Con Ana yo tenía una relación frecuente. Amigos comunes, mensajes en los cumpleaños, ¿cómo están tus hijos?… Supe que, una vez, Ana intentó defender a una alumna judía que estaba siendo atacada por sus compañeros, igual que habría defendido a una alumna árabe. La llamaron sionista. Sionista es una palabra mágica que sirve para descalificar a cualquiera», dice Harwicz.

«Me dijeron: ‘No te preocupes si llega algún mensaje en tu contra, nosotros te elegimos, lo importante son los libros'», continúa Harwicz. «Los alumnos trabajaron con mis libros, fue parte de su trabajo académico. Había meses de vínculo. Yo sabía que iba a un terreno que podía ser hostil pero pensaba que la literatura también es eso, debatir, hacer fricción. Piense que el título de la charla era Oponerse al mundo«.

«Entonces llegó el mensaje, ‘no podemos garantizar tu tranquilidad ni tu seguridad’ y nada más. O sea, que me expulsaban. La angustia me llegó porque intentaba que me explicaran algo más y nadie me contestaba, ni Ana ni nadie. En 24 horas se han radicalizado hasta ese punto de no contestarme», cuenta Harwicz. ¿Se han radicalizado o tienen miedo? «Puede ser el miedo. Así funciona el SMA, el síndrome del miedo adquirido. No sé si los han amenazado. Si ha ido alguien con un kalashnikov o si no ha hecho falta eso. Las palabras son más aterradoras a veces».

¿Veía venir que algo así podía pasar? ¿Le sorprende que haya ocurrido en España? «El ambiente se ha vuelto pesadillesco, hostil, muy pesado. Nos ganan por acoso y nos callamos. En la primera línea estamos los judíos, pero le puede ocurrir a cualquiera que piense distinto. Hace poco, alguien habló de genocidio en Sudán y se le echaron encima por hablar de Sudán y no de Israel. Nos condenan a repetir el mismo discurso… ¿España? Creo que esto podría haber ocurrido en cualquier parte de Europa, pero algo parecido ya me pasó en la Feria del Libro de Madrid. Yo tenía programada una charla pública y alguien me vetó en el último momento así que acabé hablando en un sitio marginal». Harwicz se refiere a la escritora inglesa Sheena Patel sin nombrarla. «Amo España«.

Harwicz continúa con su denuncia con varias frases descarnadas. Uno: «Este discurso es muy redituable [rentable] a través de festivales, premios y publicaciones. Por eso, nadie se queja». Dos: «Vivimos bajo extorsión lingüística. Del terror no se sabe de dónde viene, de qué palabrita perdida. Dices: ‘Tengo una amiga en Israel’ y ya está». Tres: «Trato de pensar contra mí misma. Siempre voy a debatir a mesas con gente que piensa lo contrario a lo que pienso yo. Es lo que se ha hecho siempre en el arte. El arte y la literatura nacen de la fricción, pero ahora estamos bajo un estado de terror. Los artistas aceptan esta pesadilla y por eso los libros promedio son tan débiles».

¿Ha escrito o expresado Harwicz sus opiniones sobre la guerra de Gaza? ¿Ha escrito alguna frase que sea difícil de encajar para los lectores con buena fe? La escritora argentina se revuelve contra la pregunta, como si no la considerara adecuada. Al segundo intento, contesta que sus opiniones se han dirigido a denunciar los boicots contra cualquier artista o pensador que piense contra el discurso dominante: rusos, ucranianos, israelíes o árabes. «No sé si esa pregunta sobre Gaza va en la línea de estereotipar a los autores para después aislarlos y llevarlos a la muerte social. Sacarlos del centro de la cultura. No es cobardía no contestar». ¿No es relevante saber si ha escrito alguna vez algo del tipo «que se mueran todos»? «Jamás en la vida he escrito algo así».

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