Odemira, una ruta por el concejo del Alentejo más salvaje

Es muy común encontrar al escalabardo por el Alentejo, irrumpiendo de pronto en los caminos o cruzando temerario la carretera. El escalabardo, conocido también como meloncillo, es un mamífero pequeño y alargado, de pelaje pardo y cabeza afilada, similar a un hurón o una comadreja. Un icónico animalito que, por su conexión con esta tierra portuguesa, también da nombre a una interesante iniciativa ambiental, social y comunitaria desarrollada en la localidad de São Luís. “Damos un nuevo uso a la ropa que se deshecha para que, en lugar de acabar en la basura, pueda reutilizarse de manera creativa”, explica Ana Baleia desde su sede en esta freguesia de la región de Odemira, trazada con casas blancas y calles empedradas.

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 Cerca de 50 kilómetros de costa, pueblos blancos y arenales vírgenes desfilan por el concejo más extenso de Portugal, una tierra marcada por la fuerza creativa y donde el interior rural choca con el océano  

Es muy común encontrar al escalabardo por el Alentejo, irrumpiendo de pronto en los caminos o cruzando temerario la carretera. El escalabardo, conocido también como meloncillo, es un mamífero pequeño y alargado, de pelaje pardo y cabeza afilada, similar a un hurón o una comadreja. Un icónico animalito que, por su conexión con esta tierra portuguesa, también da nombre a una interesante iniciativa ambiental, social y comunitaria desarrollada en la localidad de São Luís. “Damos un nuevo uso a la ropa que se deshecha para que, en lugar de acabar en la basura, pueda reutilizarse de manera creativa”, explica Ana Baleia desde su sede en esta freguesia de la región de Odemira, trazada con casas blancas y calles empedradas.

La creatividad es, de hecho, la enseña que enarbola este concejo, el más extenso de Portugal, erigido en un importante foco de inspiración al que acuden numerosos artistas y creadores para desarrollar su talento. Odemira, parte del parque natural del Suroeste Alentejano y Costa Vicentina, está considerado uno de los rincones más salvajes del litoral portugués. Aquí, donde el interior rural se da de bruces con el océano, se concentra la naturaleza más pura. “Puede que sea la diversidad (el mar, el río, la llanura, la sierra) pero lo cierto es que todo en esta zona estimula la creación artística”, apunta Baleia, a propósito de tradiciones tan arraigadas como la cerámica, el mimbre o el trabajo en telares, que conviven con otras disciplinas más contemporáneas.

Los secretos del océano

A juicio de los artesanos, es la belleza del entorno la que mantiene vivas las costumbres en un rincón marcado por la presencia del agua. Considerado uno de los ríos más limpios de Europa, el Mira atraviesa la región del Alentejo con la peculiaridad de fluir de sur a norte y el privilegio de dejar a su paso todo un despliegue de paisajes vírgenes. Recorrer Odemira es descubrir llanuras doradas por el sol, colinas ondulantes y campos alfombrados de viñedos hasta donde alcanza la vista. Estampas que chocan de pronto con una costa escarpada que da lugar a acantilados, dunas y calas solitarias.

Nada como aventurarse por este litoral embravecido para dar con playas tan espectaculares como Almograve, encajada entre oscuras formaciones rocosas, o Carvalhal, donde el oleaje favorece la práctica de surf, o la pequeña y recogida Nossa Senhora, a la que se accede por pasarelas de madera. Pero es cerca de la playa de Cavaleiro, concretamente en el cabo Sardão, donde acontece un fenómeno sin igual: este lugar es el único punto conocido en el planeta en el que las cigüeñas blancas anidan en los salientes de los acantilados marinos, en vez de hacerlo en los árboles o los tejados. Un comportamiento especial que se puede observar muy de cerca, sobre los farallones y con el Atlántico de fondo, especialmente durante la primavera.

Villas de ambiente marinero

Más allá de la naturaleza, esta región atesora toda la magia de los pueblos alentejanos, con su peculiar arquitectura de fachadas encaladas que contrastan con los zócalos pintados en azul. Pueblos que, fuera de la temporada alta, hacen gala de un ritmo pausado y de un ambiente acogedor en el que se respira una estrecha conexión con el mar. Empezando por el propio Odemira, que da nombre al concejo, allí donde el río comienza a ser navegable hasta toparse con el océano. Esta es una población encaramada sobre una colina, cuya actividad cultural se concentra en el Café-Librería Mirabolante, que a menudo organiza tertulias, recitales y exposiciones de arte.

Situada en la desembocadura del Mira, a Vila Nova de Milfontes se la distingue por la majestuosa silueta de la fortaleza de São Clemente, integrada entre las playas fluviales y las casas blancas del casco antiguo. Un castillo que fue levantado para contener el ataque de los piratas que asolaron este tramo de costa, ya por entonces ribeteado de playas dunares y recoletas calas salvajes. Hoy, para descubrirlas a pie, a caballo o en bicicleta, existe toda una red de senderos que atraviesan esta localidad que, al no ser ni villa, ni nueva, ni disponer de mil fuentes, comparte con la cántabra Santillana del Mar el sambenito de “las tres mentiras”.

Estos mismos caminos discurren por Zambujeira do Mar, una pequeña villa marinera que se posa sobre un acantilado para asomarse a uno de los arenales más impactantes del sur de Portugal. En su entramado, apenas compuesto por unas cuantas callejuelas que siempre acaban en el océano, no falta alguna fachada señorial, pequeñas muestras de arte urbano y la Capela de Nossa Senhora do Mar, la cual, por su posición sobre un promontorio con vistas a la playa y el pueblo, resulta una localización excelente para contemplar la puesta de sol.

Unas notas de ‘saudade’

Fue la calma de esta región la que logró cautivar a la reina portuguesa del fado. Cuentan que Amália Rodrigues, quien eligió como refugio vacacional al discreto pueblo de Brejão (entre Odemira y Zambujeira) para huir del bullicio de Lisboa, alumbró muchas de sus canciones mirando a ese Atlántico que irrumpía de pronto tras sortear un camino de juncos. En su honor, este mismo paraje fue rebautizado como la Praia da Amália, en el punto donde la artista acudía para guarecerse del mundo.

Ivo Santos mural Brejao

Pero también su memoria ha quedado impresa en las paredes de Brejão a través de los murales pintados por el artista urbano Ivo Santos en el verano de 2018. Cuatro retratos gigantescos de quien conjugó su voz única con hermosos versos de poetas antiguos para hacer de este género musical un desgarrado canto a la nostalgia. Con su recuerdo permanece viva la saudade de esta tierra impregnada de océano: “Ven a saber si el mar tendrá razón / Ven acá a ver bailar mi corazón”.

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