El cuarto oscuro de Íñigo Errejón

Atrapado en una carretera perdida, Íñigo Errejón se vio obligado a retirarse cuando, tras muchos rumores —ese «todos lo sabían» que circulaba— y con las redes on fire tras una denuncia anónima, se activó el dispositivo para su desalojo político. Él presentó la dimisión, asumiendo algunas cosas que, según sus explicaciones de tintes shakespearianos, surgían de la contradicción entre la persona y el personaje. Subrayemos esa divergencia expiatoria con rotulador. Al poco tiempo, la actriz Elisa Mouliaá le denunció por supuestas agresiones: forcejeos y actitudes que sugerían violencia sexual. Él negó los hechos. Ahí seguimos dos años después.

 Casos como el de Errejón vienen a contarnos que un poco de introspección emocional no vendría mal a algunos hombres afectivamente poco instruidos  

Atrapado en una carretera perdida, Íñigo Errejón se vio obligado a retirarse cuando, tras muchos rumores —ese «todos lo sabían» que circulaba— y con las redes on fire tras una denuncia anónima, se activó el dispositivo para su desalojo político. Él presentó la dimisión, asumiendo algunas cosas que, según sus explicaciones de tintes shakespearianos, surgían de la contradicción entre la persona y el personaje. Subrayemos esa divergencia expiatoria con rotulador. Al poco tiempo, la actriz Elisa Mouliaá le denunció por supuestas agresiones: forcejeos y actitudes que sugerían violencia sexual. Él negó los hechos. Ahí seguimos dos años después.

No podemos salvar o condenar apuntando nuestro pulgar hacia una dirección, pero sí sabemos leer entre líneas. Ese «todos lo sabían» que despedaza cualquier rumorología y normaliza lo que encontramos en algunos cuartos oscuros de la psique masculina, enmohecidos. Y la divergencia apuntada más arriba, la contradicción entre persona y personaje, que se sostiene mediante la disociación, enmascarando así la vulnerabilidad a través de relaciones superficiales y el consumo funcional de cuerpos.

Dejemos de fabular, porque no todos estos comportamientos obedecen a un impulso natural. Más allá de las parafilias sexuales —que son otro campo de batalla, consentimientos mediante—, muchos no responden a un extra hormonal fabricado en las gónadas, sino que permanecen escondidos en ese cuarto oscuro, lleno de frustraciones y complejos, porque da miedo mirar al ángulo ciego de la psicopatía. Y si añadimos una dosis de poder y nocturnidad, estamos dando de comer a un gremlin a partir de la medianoche. No se rían, es el signo de los tiempos narcisos.

Casos como el de Errejón vienen a contarnos que un poco de introspección emocional no vendría mal a algunos hombres afectivamente poco instruidos. La psicoanalista Lola López Mondéjar alerta en Invulnerables e invertebrados (Anagrama, 2022) sobre estos modelos despiadados que usan mecanismos de negación para poder cruzar límites a su antojo, anulando la fragilidad propia y ajena, necesaria para construir un canal empático con el resto de seres humanos.

Recomiendo revisar una película como Carretera perdida en la que David Lynch propone una narración simbólica sobre ese desdoblamiento que esgrimía Errejón, haciendo spoiler de su propia historia: el de un ser fragmentado que huye hacia adelante, incapaz de abrir la puerta del cuarto oscuro ya en llamas, y el resultado, por desgracia, no puede ser más esquizofrénico.

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