Y de postre, un pene cortado a cuchillo

El domingo acabé ‘The Pitt’ y presencié con todo lujo de detalles una cesárea. Capa a capa, corte a corte, sangre a sangre, lo mismo que (y no me quejo) no me permitieron ver cuando nacieron mis hijos. Me comenta mi amigo Guille que a su chica, embarazada de ocho meses, le encantó la escena. O no. El lunes disfrutaba del episodio 6 de ‘Harry Hole’ y cuando menos lo esperaba, porque esa escena no está en las novelas, en esa pantalla de tropecientas pulgadas y alta definición que ahora deseo que fuera la vieja tele de tubo de mis abuelos apareció y desapareció un pene. No me malinterpreten, el pene me parece fenomenal, lo jodido fue ver cómo lo seccionaban a cuchillo como si estuviera viendo un documental de sádicas tradiciones ancestrales.

 Aquello que nos contaban a los adolescentes de los 90 de que insinuar pone más que mostrar está caduco. Hoy, lo que no se muestra no existe  

El domingo acabé ‘The Pitt’ y presencié con todo lujo de detalles una cesárea. Capa a capa, corte a corte, sangre a sangre, lo mismo que (y no me quejo) no me permitieron ver cuando nacieron mis hijos. Me comenta mi amigo Guille que a su chica, embarazada de ocho meses, le encantó la escena. O no. El lunes disfrutaba del episodio 6 de ‘Harry Hole’ y cuando menos lo esperaba, porque esa escena no está en las novelas, en esa pantalla de tropecientas pulgadas y alta definición que ahora deseo que fuera la vieja tele de tubo de mis abuelos apareció y desapareció un pene. No me malinterpreten, el pene me parece fenomenal, lo jodido fue ver cómo lo seccionaban a cuchillo como si estuviera viendo un documental de sádicas tradiciones ancestrales.

No sé si les he contado que veo las series mientras ceno. El martes puse ‘Friends’.

Tal vez el problema sea mío, la edad pasa y pesa. Soy un hijo de otra era, una en la que daba miedo un gremlin malo del que hoy venden peluches para bebé y la escena de la sangre rojo fosforito de ‘Carrie’ nos parecía gore, pero me cuesta entender qué valor añade hacerlo todo tan explícito en productos de masas, enfocados para un público amplio que incluye a abuelos, chavales, aprensivos y, sobre todo, gente que cena viendo la tele.

Especialmente, cuando el sensacionalismo no es necesario. ‘The Pitt’ es fabulosa (me he reconciliado con el doctor Robby en el final) y ‘Harry Hole’, pese a algunas decisiones cuestionables, funciona perfectamente hasta para los fans de los libros, que siempre tendemos a gilipollas. Ambas escenas habrían impactado lo mismo con enfoques más sutiles, pero eso ya no se lleva.

Hace tiempo que asumí, la segunda o tercera vez que entré en Instagram, que aquello que nos contaban a los adolescentes de los 90 de que insinuar pone más que mostrar está más caduco que el VHS. Ahora, lo que no se muestra no existe. Si se rodaran hoy, el cruce de piernas de Sharon Stone en ‘Instinto básico’ sería una detallada visita al ginecólogo; veríamos a Tom Hagen cortar, milímetro a milímetro, la cabeza del caballo de Woltz en ‘El Padrino’, y, en ‘Titanic’, tendríamos un plano fijo de 12 minutos de Jack congelándose en el mar después de que Rose pasara de ir apretada en la tabla. Seguramente, a cámara lenta.

Es una pena, es innecesario, es facilón y empieza a ser aburrido. No me considero un puritano, no tengo ningún problema en que los jóvenes enseñen lo que les dé la gana en redes ni creo que consumir pelis, series o videojuegos violentos convierta a la gente en psicópatas y, por supuesto, no pido que vuelvan los dos rombos. A veces, uno sólo quiere cenar tranquilo.

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