«No estoy ni contento ni satisfecho. No hemos estado a la altura. No hemos llegado al cinco de nota», se sinceraba, sin paños calientes, el seleccionador nacional, Pepe Peiró, apenas unos minutos después de que las chicas del relevo 4×400 se quedaran a un suspiro del bronce. Como Dani Arce en el 3.000 obstáculos. No tan lejos Fatima Diame (sexta) en longitud o el propio Alejandro Quijada. Un domingo de ‘casis’, pero también de medallas. España acaba séptima en el medallero, con ocho preseas (y 29 puestos de finalista), las mismas que hace dos años en Roma.
La selección iguala las ocho medallas del pasado campeonato continental de Roma, con la marcha como impulso y los terceros puestos en el maratón femenino y el relevo mixto para cerrar
«No estoy ni contento ni satisfecho. No hemos estado a la altura. No hemos llegado al cinco de nota», se sinceraba, sin paños calientes, el seleccionador nacional, Pepe Peiró, apenas unos minutos después de que las chicas del relevo 4×400 se quedaran a un suspiro del bronce. Como Dani Arce en el 3.000 obstáculos. No tan lejos Fatima Diame (sexta) en longitud o el propio Alejandro Quijada. Un domingo de ‘casis’, pero también de medallas. España acaba séptima en el medallero, con ocho preseas (y 29 puestos de finalista), las mismas que hace dos años en Roma.
Por equipos, mejor. Parece que España lo lleva en su ADN, el trabajo en colectivo que también luce en un deporte tan individual como el atletismo. El cierre del Europeo de Birmingham fue un canto a la solidaridad, a la puesta en común. Por la mañana, en las calles del centro, con el bronce por equipos femenino en la distancia más larga, el maratón. Por la noche, en el Alexander Stadium, con otro tercer puesto, en la distancia más corta esta vez, los 100 metros y el relevo mixto.
Había amanecido de bronce y alegría en Victoria Square. La séptima medalla de la selección la consiguieron las chicas del maratón, por equipos, pues la suma de los tres mejores tiempos, los de Carolina Robles (octava, 2:28.07) Fátima Ouhaddou (15ª con 2:30.37) y Ester Navarrete (2:31.57), tuvo premio. Como hace dos años en Roma (en medio maratón en este caso). Y, un rato después, a punto estuvieron los chicos de imitarlas, cuartos por detrás de Israel, Gran Bretaña e Italia.
El rostro de la medalla fue Carolina Robles. Veterana del 3.000 obstáculos, reconvertida la sevillana al maratón con éxito fugaz: ganó el de su debut, campeonato de España en Barcelona en marzo, y en Birmingham, su segundo, acabó octava de Europa. «Soñaba con este puesto, pero me quedo con la miel en los labios. Se me ha escapado la medalla en la última vuelta [se mantuvo en el grupo cabecero prácticamente toda la prueba, todas por detrás de la arrasadora Alisa Vainio, 2.22,26, récord de los campeonatos y con casi cinco minutos de diferencia con la segunda, la húngara Lili Anna Vindics-Tóth]. Pero verme tan cerca me hace sentir muy orgullosa», valoró junto a sus compañeras, que no olvidaron a Laura Luengo, la maratoniana que a última hora no pudo acudir. Fue un maratón enrevesado, por un circuito durísimo de cinco kilómetros, aculando desnivel y curvas: «Ha sido muy duro».
De la angustia y la resistencia a la explosividad y la técnica. A la perfección en la entrega de la posta que había quedado ensuciada para España en los dos relevos del 100 del sábado, el masculino y el femenino. Es envidia del resto de países el Plan Nacional de Relevos que dirige Toni Puig que tantos éxitos viene dando últimamente. El desquite estaba por llegar.
El relevo mixto borró todos esos sinsabores anteriores, los del femenino y el masculino, que se habían quedado sin final por perder el testigo. En un estupendo despliegue, el cuarteto formado por Guillem Crespí, Isabel Pérez, Andoni Calbano y Jael Betsué logró el bronce con un tiempo de 40,42 (récord de España), sólo por detrás de Alemania (40,11) y Gran Bretaña, que batió el récord de Europa con 39,97.
No lejos de la imponente Amy Hunt, la reina del Europeo, en casa y con cuatro oros, llegó Jael Betsué, catalana ella, terminando su carrera de Medicina y haciendo las prácticas ya en el Hospital cada mañana, la mejor velocista de España. La había dejado bien posicionada en la recta Calbano, vasco de Bergara, estudiante de Ingeniería Electrónica en la Universidad de Mondragón, quien para poder pagarse el piso en Donosti, donde entrena con Oskar Eketer, estuvo trabajando de camarero en un bar de Sagüés. Antes, la veterana Isabel Pérez, andaluza, y el primero en partir otro catalán, Guillem Crespí.
Hubiera sido un remate precioso el del relevo 4×400 femenino, las Golden Bubbles. Más cuando Paula Sevilla, flamante finalista del 400, dejó la primera posta en 51,6 segundos. Menos brillantes estuvieron Ana Prieto y Rocío Arroyo, que dejaron a Blanca Hervás en una comprometida sexta posición. Remontó dos puestos y, por momentos, soñó con el bronce que no pudo ser (3:24.39, tres segundos peor que el 3:21.25, récord de España, logrado en los World Athletics Relays este mismo año). Lejos, eso sí, de las dos primeras. El equipazo de Países Bajos con Klaever, Fenke Bol… Oro por delante de Gran Bretaña. «Cuartas de Europa. Un resultado que ahora nos sabe amargo, pero orgullosas. El equipo ha peleado muchísimo», reflexionó Hervás.
La tarde en el Alexander Stadium había dejado otro par de casis. El fiasco de Yulemnis Aguilar, que ni siquiera pasó el corte en la jabalina: su mejor lanzamiento, el segundo, fue de 57,06 metros. Lejos de su marca personal y de sus rivales. Un borrón para la hispanocubana, promesa precoz en su país natal, nacionalizada en abril de 2024 por «carta de naturaleza» y sexta en esos Juegos de París.
Sexta fue también Fatima Diame en longitud, con un mejor salto de 6,80 metros. «En los dos últimos saltos se me ha empezado a subir el gemelo izquierdo, que es mi pierna de batida. Y no podía. Me encontraba súper bien», valoró.
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