<p>David Tennant es mitad Terence Stamp, mitad Rowan Atkinson. Mitad presencia inquietante, mitad payaso inofensivo. Con él empieza <i><strong>The Hack</strong></i>, miniserie británica que cuenta el escándalo de los teléfonos pinchados por el tabloide <i>News of the World</i>. Mitad comedia, mitad dramón. <i><strong>The Hack</strong></i><strong>, disponible en Filmin</strong>, cuenta también la investigación de un asesinato sin resolver ocurrido unos años antes. Ambas historias están conectadas y ambas reciben la misma atención en la serie. El trabajo de ésta es saber juntarlas. Una, aunque es un drama, coquetea con la comedia bufa, mientras que la otra tiene tintes trágicos y sórdidos.</p>
El espionaje a estrellas como Sienna Miller o Hugh Grant, pero también a los mismísimos Windsor, llenó las portadas de tabloides en 2011
David Tennant es mitad Terence Stamp, mitad Rowan Atkinson. Mitad presencia inquietante, mitad payaso inofensivo. Con él empieza The Hack, miniserie británica que cuenta el escándalo de los teléfonos pinchados por el tabloide News of the World. Mitad comedia, mitad dramón. The Hack, disponible en Filmin, cuenta también la investigación de un asesinato sin resolver ocurrido unos años antes. Ambas historias están conectadas y ambas reciben la misma atención en la serie. El trabajo de ésta es saber juntarlas. Una, aunque es un drama, coquetea con la comedia bufa, mientras que la otra tiene tintes trágicos y sórdidos.
Las dos tienen a Jack Thorne al frente. Él es el creador de Adolescencia y de la inminente nueva versión de El señor de las moscas. Desde luego, Thorne es un guionista al que le estimulan las cosas difíciles. Lo que quiere hacer en The Hack lo es.
La serie empieza con un David Tennant entre Homeland y Fleabag. Mitad Slow, mitad Horses. Él interpreta a Nick Davies, el periodista que destapó el asunto de los teléfonos pinchados por News of the World. El acceso a los mensajes de voz de celebridades como Elle McPherson o Heather Mills, entonces famosísima novia de Paul McCartney, era una mera anécdota al lado del espionaje a los Windsor. Cientos de personas sufrieron una invasión de la intimidad que, como vemos en The Hack, era de todo menos tecnológicamente sofisticada. Jude Law, Gwyneth Paltrow, Sienna Miller o Hugh Grant fueron los nombres que más se repitieron en los titulares, pero había casi 800 personas más espiadas.
La información que se obtenía de estrellas como Miller o Grant servía para exponer sus vidas privadas en las páginas de la prensa sensacionalista y para anticipar sus movimientos. La del príncipe Guillermo también, pero ahí la escala era otra. Y las implicaciones. Esto, en 2011, generó una crisis mediática en Reino Unido. Me pregunto si hoy ocurriría lo mismo.
El humor en The Hack lo ponen David Tennant, sus carotas y la parte más salsera del escándalo. La serie es elegante pero no obvia el período cultural que retrata: hace 20 años no nos parecía tan mal que Sienna Miller viviese rodeada de (perdón: acosada por) una nube de paparazzi. Hoy nos resultaría aberrante. Por otro lado, cuando se popularizó el uso de Instagram, aquel juego de gato y ratón colapsó, pues las celebridades podían controlar las imágenes que generaban a través de sus propias cuentas en esa red.
Sienna Miller, pese a acumular más de un millón de seguidores en Instagram, solo mantiene una imagen ahí, una de hace casi diez años, y sólo sigue a su novio, el futbolista Oli Green. No tengo pruebas pero tampoco dudas de que esa postura casi quijtotesca tiene que ver con el escándalo de News of the World.
Sienna aparece como personaje en The Hack. Lo hace cuando la serie se toma un poco más en serio a sí misma que al principio. Porque tras un primer episodio de tintes casi paródicos (David Tennant rompe la cuarta pared todo el rato), Jack Thorne reformula poco a poco la serie y la lleva más al drama que siempre fue. Y luego está el asesinato sin resolver y sus conexiones con el tabloide. Ahí, The Hack brilla de otra manera y funciona como espejo deformante de un policíaco al uso.
Esta es una serie sobre la información, su fiabilidad y su fragilidad. Un tema serio que empieza con risas. Un escándalo mayúsculo que Jack Thorne convierte en un puzle de pocas piezas. Alguna de ellas está ensangrentada y todas, sin excepción, están pegajosas.
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