<p>Sinceramente, empiezo a estar un poco harto de la queja por la queja. De eso de exigir a los demás sin exigirse a uno mismo. Y lo peor de todo: de que nadie predique con el ejemplo. Tengamos un poco de cuidado, por favor. Lo digo por esta moda imperante del «todo gratis», de que la oferta me beneficie a mí sin importarme lo que conlleve a los demás. Esta tendencia ha infectado y pervertido la forma de consumir ocio. </p>
Son muchos los que denuncian el precio elevado de los shows de artistas como Rosalía o Harry Styles. Seamos serios. Desconocemos todo lo que se cuece y se genera detrás de un buen espectáculo
Sinceramente, empiezo a estar un poco harto de la queja por la queja. De eso de exigir a los demás sin exigirse a uno mismo. Y lo peor de todo: de que nadie predique con el ejemplo. Tengamos un poco de cuidado, por favor. Lo digo por esta moda imperante del «todo gratis», de que la oferta me beneficie a mí sin importarme lo que conlleve a los demás. Esta tendencia ha infectado y pervertido la forma de consumir ocio.
Les pido que no se enerven conmigo. Pero, ¿ven normal que un vuelo Madrid- Berlín cueste solo 50 euros? Si lo importante no es lo barato, es su vida. ¿Habrán llenado generosamente el depósito? Velemos por nuestra seguridad, no por nuestro bolsillo. Lo mismo pasa con las tarifas de los hoteles, tan irrisorias que obligan a que el servicio de habitaciones brille por su ausencia. Cuanto más barata pague su estancia, menos pagarán a la señora de la limpieza, ¿no? Creo que deberíamos ser un poco más sinceros y saber lo que cuestan las cosas, nos guste o no, nos lo podamos permitir o no.
Esta triste tendencia está llegando también al universo de los grandes conciertos y los espectáculos musicales. Son muchos los que denuncian el precio elevado de los shows de artistas como Rosalía o Harry Styles. Seamos serios. Desconocemos todo lo que se cuece y se genera detrás de un buen espectáculo. Todos los que trabajan alrededor del artista principal también tendrán que cobrar bien por desempeñar a la perfección su trabajo. Como nos gusta que ocurra cuando se trata de nosotros.
Son muchos los tráileres que trasladan escenografía, luces o vestuario, tan necesarios para que el espectador no resulte defraudado. A la vez están el equipo humano, la regiduría, los técnicos de luces y sonido, los asistentes personales y road managers, que hacen que todo sea un éxito. Tampoco nos olvidemos de los seguros, la seguridad policial y el servicio de ambulancia. Los impuestos, los derechos de autor, el promotor… Si van sumando y sumando entenderán que la entrada de un buen espectáculo tendrá que valer dinero. Otra cosa son los conciertos gratuitos de los ayuntamientos. Y quien quiera dedicarse a la beneficencia, que lo haga. Está en su derecho.
La última vez que vi en concierto a los Kiss fui muy feliz. Para nada me importó pagar los 100 euros que costaba la entrada. Porque los valía. No era el único que lo pensaba. Compartí fila con jóvenes que habían ahorrado para ver a sus ídolos, como hacía yo a su edad, y ninguno se quejó. Ese momento lo recordarán toda su vida. Lo barato, al final, sale caro. Y no lo dice un millonetis, lo dice un señor de barrio que no ha parado de trabajar desde los 15 años.
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