Michael Armitage, artista: «Goya es político y profundamente humanista. Siento que, de alguna manera, me persigue»

<p>Durante su adolescencia en Nairobi, Michael Armitage fue testigo de cómo un hombre desnudo corría con un neumático alrededor del cuello intentando huir de una turba con antorchas. Se trataba del llamado<i> suplicio del neumático</i>, un linchamiento habitual en la Sudáfrica del Apartheid que se extendió a otras regiones del continente: al acusado de un delito se le colocaba un neumático impregnado en gasolina y se le prendía fuego. Dos décadas después, en 2016 pintó una de sus obras más impactantes, <i>Necklacing:</i> un adonis de ébano que sonríe divertido, con un neumático cual collar, casi engullido por una alucinada vegetación que parece incendiarse en distintas manchas de verde. Hoy, ese cuadro forma parte de la colección del Metropolitan de Nueva York y se puede ver en <strong>la retrospectiva de más de 150 obras </strong>que inaugura mañana la Fondation Pinault en el <strong>Palazzo Grassi de Venecia </strong>y que supone el gran desembarco de Armitage en Europa.</p>

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 El Palazzo Grassi de Venecia consolida al artista keniata con su gran retrospectiva en Europa: más de 150 obras, la mayoría de gran formato, que despliegan su esteticista interpretación de la violencia y las desigualdades  

Durante su adolescencia en Nairobi, Michael Armitage fue testigo de cómo un hombre desnudo corría con un neumático alrededor del cuello intentando huir de una turba con antorchas. Se trataba del llamado suplicio del neumático, un linchamiento habitual en la Sudáfrica del Apartheid que se extendió a otras regiones del continente: al acusado de un delito se le colocaba un neumático impregnado en gasolina y se le prendía fuego. Dos décadas después, en 2016 pintó una de sus obras más impactantes, Necklacing: un adonis de ébano que sonríe divertido, con un neumático cual collar, casi engullido por una alucinada vegetación que parece incendiarse en distintas manchas de verde. Hoy, ese cuadro forma parte de la colección del Metropolitan de Nueva York y se puede ver en la retrospectiva de más de 150 obras que inaugura mañana la Fondation Pinault en el Palazzo Grassi de Venecia y que supone el gran desembarco de Armitage en Europa.

«La respuesta a la tragedia es la belleza». No lo dice Armitage, lo escribe Salman Rushdie -que ha sufrido la tragedia en sus propias carnes- en un precioso texto inédito que abre el catálogo y en el que se remonta a las Pinturas negras de Goya. Y es que hay algo goyesco en Armitage, aunque él inflama la pintura en colores brillantes, tan exuberantes como el paisaje de su Kenia natal: incluso cuando pinta cuerpos desmembrados o cabezas decapitadas late una profunda belleza en sus cuadros. «Oh, Goya es una referencia absoluta. En sus Desastres de la guerra mezcla violencia, fragilidad y humor. Todo el mundo comete atrocidades. Goya es político y profundamente humanista. Siento que, de alguna manera, me persigue de una forma muy positiva», explica Armitage en la cafetería del Palazzo Grassi, entusiasmado: solo oír el nombre de Goya ya sonríe como si le hablaran de un querido tatarabuelo. «¿Y Velázquez? Podría estar aquí para siempre hablando de él. ¡Y del Greco! Y Tiziano… Todos han tenido un gran impacto en mí», admite. Su primera -y hasta ahora única- exposición en España fue precisamente en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en 2022, en un diálogo explícito con la tradición española, especialmente con Goya.

Retrato de Michael Armitage.
Retrato de Michael Armitage.TOM JAMIESON

La ambiciosa antológica del Palazzo Grassi, que despliega en dos plantas sus espectaculares lienzos de gran formato, le consolida como uno de los grandes artistas del momento, que parte de la Historia del Arte canónica -la que estudió en Londres- para investigar otros caminos desde una nueva tradición africana, lejos de los estereotipos exóticos que asentó Gauguin con sus bellas tahitianas. «Lo interesante de Gauguin es que se veía a sí mismo como un salvaje. Su búsqueda de ese algo exótico era un intento de encontrarse a sí mismo», considera Armitage, que toma lo que le interesa y fascina de cada artista. Y, de Gauguin, es ese color fauvista y salvaje que lleva aún más lejos, al límite, hacia un gesto expresionista.

En directo, sus telas tienen cicatrices, marcas y surcos extraños, de cerca incluso se perciben agujeros. La pintura sangra, supura de su propia corteza. Porque Armitage no usa los clásicos lienzos, sino lubugo, la corteza de un árbol de Uganda usada tradicionalmente por los Buganda como sudario funerario y en rituales. «La descubrí en un mercado. Ya ha perdido su función original y se vendía como posavasos para turistas. Me interesó esa pérdida de significado, pero también que pudiera seguir significando un lugar, una cultura y una ubicación específica: la del África Oriental», explica. Es su manera de subvertir la tradición occidental, de crear desde otras latitudes.

«¿Sabes? Cuando crecí en Kenia era muy difícil ver arte contemporáneo. Los artistas y músicos que conocía tenían una responsabilidad hacia su comunidad, se implicaban en la sociedad a través de su trabajo. Intento hacer lo mismo», añade Armitage. Sus temas no podrían ser más actuales: una balsa con cuerpos hacinados que se confunden, los conocidos como beach boys que se prostituyen en las playas de Mombasa, la violenta represión de las manifestaciones durante la elecciones de 2017 en Kenia, el endurecimiento de los castigos a los homosexuales en Uganda, las falsas promesas de los políticos africanos que denuncia de forma satírica, la presión sobre las mujeres para que contraigan matrimonio (que sintetiza en una impresionante Antígona)…

La mujer ocupa un lugar especialmente destacado en su obra. La antológica empieza con un teatral retrato de una mujer desnuda, que solo lleva unos guantes de boxeo (con la cara atravesada por la propia cicatriz del lubugo). Es Conjestina Achieng, alias Manos de Piedra, la campeona de boxeo keniata, la primera mujer africana que ganó el título mundial. Y se cierra con su particular versión negra de la Venus del espejo de Velázquez, salvo que la de Armitage se titula #mydressmychoise (2015) y hace referencia al ataque que sufrió una joven, asaltada y golpeada por llevar una minifalda: sus agresores lo grabaron y lo colgaron en Twitter. Para Armitage, como para Rushdie y Goya, la respuesta al horror es la belleza.

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