<p>»Esto da miedo», gritaba <strong>Charles Leclerc </strong>durante su intercambio de adelantamientos con <strong>George Russell</strong>. La nueva Fórmula 1 semieléctrica enseñó este domingo sus virtudes en el estreno de Melbourne con la batalla entre los líderes de Ferrari y Mercedes. En las primeras vueltas del Gran Premio de Australia, una concatenación de maniobras —ahora tú, ahora yo—; hacía tiempo que no se veía algo así. Puro espectáculo. Aunque al aficionado quizá no le convenza.</p>
Russell y Antonelli cruzan la meta en primera y segunda posición tras dominar de principio a fin en el debut de Melbourne
«Esto da miedo», gritaba Charles Leclerc durante su intercambio de adelantamientos con George Russell. La nueva Fórmula 1 semieléctrica enseñó este domingo sus virtudes en el estreno de Melbourne con la batalla entre los líderes de Ferrari y Mercedes. En las primeras vueltas del Gran Premio de Australia, una concatenación de maniobras —ahora tú, ahora yo—; hacía tiempo que no se veía algo así. Puro espectáculo. Aunque al aficionado quizá no le convenza.
Al contrario que en las décadas anteriores, la victoria ya no se decide por la habilidad de los pilotos ni por la potencia de los monoplazas: depende de la gestión de la energía, y esa es una habilidad ininteligible. Si un piloto se queda sin batería, su rival le va a rebasar sin problema, haga lo que haga. «Es muy difícil de entender. De repente te quedas sin fuerza y hay una gran diferencia de velocidad», analizaba Leclerc. En todo caso, hubo un rato de pelea y eso ya era más de lo esperado.
Porque en el ecuador de la carrera, Russell y Antonelli, los dos pilotos de Mercedes, tomaron la cabeza y llegaron así a meta. Chimpún. Como en la clasificación, su superioridad fue tan evidente que pone en riesgo la temporada. ¿Alguien podrá discutirles los triunfos? Ferrari tiene un arma, su aceleración en las salidas, pero no parece suficiente. Después de la lucha del inicio, sus dos pilotos, Leclerc y Hamilton, lo apostaron todo a la degradación de los neumáticos de sus rivales, pero esta no llegó. No hubo más. Dos dobletes, unos por delante y otros por detrás: así terminó la prueba. «¡Me encanta este coche y me encanta este motor!», gritaba en meta Russell, quien se sabe ante la oportunidad de su vida.
Quedan muchas carreras, circuitos distintos, evoluciones mecánicas, pero el año se presenta así: Mercedes domina, Ferrari lo intenta… ¿Y el resto? Después del desastre del australiano Oscar Piastri en casa -se accidentó en la vuelta de calentamiento-, el quinto clasificado fue su compañero, el vigente campeón, Lando Norris, a una distancia sideral de los primeros: 51 segundos. Más que la victoria, su aspiración fue conservar el puesto ante la remontada de Max Verstappen, que salía antepenúltimo y acabó sexto. Un hilo de esperanza. Los Red Bull sufrieron en el estreno, pero en pruebas posteriores quizá puedan estar en la discusión. O no. Está por ver.
En las siguientes citas todos los equipos aprenderán de lo vivido y reajustarán sus análisis. Entonces podría haber novedades. Después del cambio radical de normativa, en el paddock había miedo a una carrera llena de abandonos en Australia, incluso a despropósito, y estuvo lejos de ser así. 16 pilotos acabaron la prueba: nada raro. Todavía hay que descifrar la nueva Fórmula 1, entenderla, acostumbrarse, pero ya ha cumplido con su debut, el test más importante.
Ahora ya hay algunas certezas de lo que será la temporada y, entre ellas, el drama para los españoles. Con varios problemas, Carlos Sainz sólo puedo acabar penúltimo con su Williams, por detrás de su compañero Alex Albon, y el Aston Martin de Fernando Alonso apenas aguantó 14 vueltas. Como le ocurrió a Ferrari, su salida, donde llegó a colocarse décimo, fue prometedora, pero después perdió una posición tras otra hasta la retirada.
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