Mario Vilau impacta y triunfa en Pamplona como infalible estoqueador; Álvaro Serrano causa las mejores vibraciones toreras

Mario Vilau impactó en su presentación en Pamplona y consumó el triunfo como infalible estoqueador; sin embargo, las mejores vibraciones toreras las dejó Álvaro Serrano, que cortó una oreja y se quedó en el umbral de la salida a hombros por la puerta del encierro. De los tres debutantes, Emiliano Osornio corrió con la peor suerte. La novillada de Pincha cumplió con su papel de ganadería caserota, carente de lujos, tan desigualona en todo —no hay más de dónde sacar—, con un par de novillos más destacables —3º y 5º—; otros dos temibles —1º y 2º—; y los restantes —4º y 6º— en el limbo de la nada.

 El catalán sale a hombros y el madrileño corta una oreja; la novillada de Pincha cumplió con su papel de ganadería caserota, carente de lujos, tan desigualona en todo, con un par de novillos más destacables; el mexicano Emiliano Osornio, sin suerte  

Mario Vilau impactó en su presentación en Pamplona y consumó el triunfo como infalible estoqueador; sin embargo, las mejores vibraciones toreras las dejó Álvaro Serrano, que cortó una oreja y se quedó en el umbral de la salida a hombros por la puerta del encierro. De los tres debutantes, Emiliano Osornio corrió con la peor suerte. La novillada de Pincha cumplió con su papel de ganadería caserota, carente de lujos, tan desigualona en todo —no hay más de dónde sacar—, con un par de novillos más destacables —3º y 5º—; otros dos temibles —1º y 2º—; y los restantes —4º y 6º— en el limbo de la nada.

Anunció ya el primero de la tarde una subida de trapío que luego no fue tanto en el desigual y feote sexteto de Pincha. Incrementaba la seriedad con agresividad y desproporción. No hizo nada bueno el astifinísimo utrero —no es gratuito el sufijo superlativo— desde que salió. Apenas se dio tres veces con el capote por el pitón izquierdo. Emiliano Osornio dibujó dos verónicas y media de altos vuelos. Después, el juego del torito se fue complicando a marchas forzadas, frenado, midiendo y, finalmente, orientado. A Osornio le pegó una voltereta cantada, afortunada y milagrosamente incruenta. Lo pudo herir de gravedad. Volvió a ponerse, pero el animal se agazapaba con instinto depredador. El mexicano abrevió —momento en el que la banda de música se puso a tocar (sic)— y acertó a meter el brazo con la espada en una estocada contraria, necesitada de dos golpes de descabello.

Soberbia media verónica del Emiliano Osornio al primero
Soberbia media verónica del Emiliano Osornio al primeroCasa de Misericordia

El flaco, agalgado y cornidelantero segundo novillo —¡qué dos lanzas!— exigió a Álvaro Serrano toda la determinación del mundo con un genio y un nervio terribles. Qué manera de moverse y qué mal se movía. La cabeza era una devanadora. El joven madrileño no dudó ni una sola vez, y esa fue la clave para que tirase con todo hacia delante. Cimentó su firme faena en la mano derecha, gobernó con ella. Las repeticiones descompuestas del novillo de Pincha se encontraron siempre con la muleta puesta. Incluso le propuso la izquierda. Más de un par de veces los pitones silbaron como balas por dentro. ¡Ay! Enterró una estocada que, por su travesía, careció de muerte. Tres golpes de descabello y un aviso. Se esfumó la oreja. La parroquia no se enteró de nada y aplaudió, por paisanaje, al bicho. Álvaro saludó una merecidísima ovación.

Trajo una cierta reunión morfológica el tercero, sin ser una belleza, y una cara más recogida; embistió también con una buena intención. El catalán Mario Vilau impactó desde que se puso de rodillas a porta gayola, siguió toreando postrado a la verónica y abrió faena también de hinojos por cambiados. La cuadrilla estuvo horrible y, por momentos, el noble novillo de Pincha parecía en su lidia uno de los dos primeros. Y qué va. No fue ni un superclase ni un dechado de bravura, pero fue franco. El altísimo Vilau corrió la mano por uno y otro pitón con largura, reuniéndose en ocasiones. Tiene raza para tapar otras carencias. Y una espada demoledora: la gran y fulminante estocada le entregó el fervor de una Pamplona entusiasmada y las dos orejas ganadas con empeño.

Emiliano Osornio quiso resarcirse con el salpicado cuarto, que compensaba la exageración de su primero. Se dejó el novillo con muy cortito viaje, tobillero, algo menos sobre la mano izquierda. Apuntó con ella la idea del toreo que habita en el mexicano, esa estética que va a necesitar no solo más suerte para pegar el necesario golpe de atención, sino quizá también algo más de ambición. Resolvió de nuevo con el descabello tras pinchazo y estocada atravesada.

Notable natural de Álvaro Serrano al quinto
Notable natural de Álvaro Serrano al quintoCasa de Misericordia

Fue el quinto el de más clase de los seis, hecho cuesta abajo. A falta de un pasito más, de un punto más de empuje, Álvaro Serrano dibujó los mejores muletazos de la tarde. No acertó echándole las dos rodillas por tierra al principio de la faena porque el novillo no pedía eso. Se vio cuando le soltó la izquierda —esa era la mano— en el prólogo y la embestida hizo así. Las dos primeras series diestras tuvieron desmayo, embroque y composición; la tercera debió haber sido ya con la zurda. Cuando la presentó, surgió el toreo al natural y uno memorable. Le faltó final al novillo. La faena estaba hecha. Una estocada y, esta vez sí, la oreja.

Volvió Mario Vilau a irse con mucha decisión a la puerta de toriles con el sexto. Careció de entereza el de Pincha, tan encogido y feble. No hubo caso ni causa para redondear el triunfo con el público pidiendo la muerte. Se ratificó de nuevo como consumado estoqueador.

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