Con la llegada de los Alpes todo saltó por los aires en el Tour, en un domingo de esos que el ciclismo guarda para el recuerdo y la revisión. Desde la madrugada con los polémicos controles antidopaje a deshoras, hasta la fatalidad de la caída y abandono de Jonas Vingegaard cuando, bravísimo, se preparaba para la ofensiva en Plateau de Solaison, con todo su Visma en fila. «A él le levantaron a las 2 de la mañana, quizá pueda ser una de las causas de la falta de atención», protestaba Pogacar, su desolado rival: «Sin él, el Tour no será lo mismo».
El belga gana su primera etapa en línea del Tour en la cima de Plateau de Solaison y ya es segundo tras el abandono del danés. Tadej trabajó para Del Toro y Ayuso, en crisis, se dejó dos minutos
Con la llegada de los Alpes todo saltó por los aires en el Tour, en un domingo de esos que el ciclismo guarda para el recuerdo y la revisión. Desde la madrugada con los polémicos controles antidopaje a deshoras, hasta la fatalidad de la caída y abandono de Jonas Vingegaard cuando, bravísimo, se preparaba para la ofensiva en Plateau de Solaison, con todo su Visma en fila. «A él le levantaron a las 2 de la mañana, quizá pueda ser una de las causas de la falta de atención», protestaba Pogacar, su desolado rival: «Sin él, el Tour no será lo mismo».
Y, después, todo marcado ya por la ausencia repentina, inesperada y dolorosa del danés, con la ascensión, inédita para la Grande Boucle, al coloso de Brison. Donde se contuvo Tadej Pogacar en favor de su delfín Del Toro, donde Remco Evenepoel se impuso corroborando el corredor total que quiere ser, y donde padecieron el fenómeno Paul Seixas y, sobre todo, un Juan Ayuso en crisis por primera vez. [Narración y clasificaciones]
Se dejó dos minutos el español, uno menos con Lipowitz y Seixas, ayudado por sus compañeros Skeljmose y Simmons para salvar una jornada dantesca. Aunque la noticia el día, de tantas, fue la no victoria de Pogacar, como si el adiós de su inseparable Vingegaard hubiera trastocado todos sus esquemas mentales. En el sprint final con Evenepoel, quizá pudo y no quiso, sólo él lo sabe. Trabajó, sin embargo, toda la ascensión para Del Toro, paso de gigante del mexicano hacia el podio.
Porque el Tour son detalles y en una curva, cuentan y sucede, todo puede ponerse del revés. En la misma curva, rapidísima, en las aproximaciones al Plateau de Solaison, en que cayó Vingegaard y se destrozó el hombro derecho, al suelo se fueron unos cuantos tras él. Se salvó Pogacar, el destino. Se cayeron Del Toro y Grosscharner, del UAE, y alguno más. El mexicano chocó con una espectadora y su golpe en la cadera fue menos. Uno se fue en ambulancia y el otro hacia el podio.
Porque, tras el momento de dudas y shock, Pogacar reorganizó su hoja de ruta. Tras comprobar el buen estado de Del Toro, en el Plateau de Solaison él sería su gregario. Nada de ataques salvajes. El líder, de amarillo, poniendo el ritmo que pronto descabalgó a Seixas, Lipowitz y Ayuso. Al que se agarró un poderosísimo Evenepoel, mostrando que los sacrificios, la pérdida de peso, el entrenamiento específico, para el empeño del Tour empiezan a dar sus frutos. «Recibo muchas críticas del tipo ‘no es capaz de aguantar este tipo de ascensiones’. Así que poder seguir ese ritmo brutal supone un gran paso adelante, significa mucho para mí», celebró.
El belga resistió el par de ataques de Del Toro ya en el último kilómetro y con su potencia descomunal desatada, venció a Pogacar al sprint. Lo nunca visto. Su tercera victoria de etapa en el Tour, la primera en una etapa en línea, quien lo diría, en una jornada de altísima montaña («la demostración de que he dado un salto de calidad») en la que de todo sucedió. «A veces, Remco sólo necesita un empujón anímico para dar más de él, y hoy ha sido un cohete. Va a ser un dolor de cabeza la próxima semana que viene», auguró Tadej, consciente de que en la crono del martes puede ceder tiempo ante su nuevo rival.
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