Arranca entre plataformas, vuela de una anilla a otra, salta un muro, se agacha ante otro y vuelve a lanzarse entre enormes ruedas de metal. Corre, trepa, acelera. Al final, encara una rampa de cuatro metros y se estira para pulsar un botón antes que su rival. Todo en apenas 30 segundos. En ese tiempo, Laura Heredia se jugará unos Juegos Olímpicos.
Competirá en Los Ángeles 2028 en el nuevo pentatlón moderno, que ha cambiado la hípica por las carreras de obstáculos.
Arranca entre plataformas, vuela de una anilla a otra, salta un muro, se agacha ante otro y vuelve a lanzarse entre enormes ruedas de metal. Corre, trepa, acelera. Al final, encara una rampa de cuatro metros y se estira para pulsar un botón antes que su rival. Todo en apenas 30 segundos. En ese tiempo, Laura Heredia se jugará unos Juegos Olímpicos.
Es el nuevo pentatlón moderno. El deporte que la llevó a París 2024 ha cambiado de arriba abajo para Los Ángeles 2028: fuera la hípica, dentro las carreras de obstáculos, las OCR, una modalidad popularizada por concursos televisivos como Ninja Warrior y cada vez más extendida en todo el mundo. Atrás quedan los caballos y una de las pruebas más caras y controvertidas del programa. Permanecen la esgrima y la natación, además de la combinación de carrera y tiro. Pero el pentatlón moderno ya no es el mismo.
Hace más de un siglo nació con una misión muy concreta: encontrar al militar más completo. Ahora busca velocidad, dificultad, espectáculo. Hablá clips virales, eso seguro.
- ¿Le gusta el cambio?
- La verdad es que no. Se han cargado el deporte. Ya no tiene nada que ver con el pentatlón moderno. Pero también entiendo que la carrera de obstáculos es una prueba más corta, más espectacular y más segura. Ya no dependemos tanto de los caballos. Cuando lo anunciaron me costó mucho asimilarlo porque fue un cambio muy bestia. La hípica y las OCR no tienen nada que ver. Fue algo muy radical.
En París 2024, Heredia había llegado con opciones de medalla después de convertirse en la primera española de la historia en clasificarse para unos Juegos en pentatlón moderno. Y entonces apareció Dollar us d’Ecly. El caballo prestado por la Guardia Republicana francesa se negó a saltar dos obstáculos y dejó a la española con un cero sobre 300 puntos en la hípica y a un paso de acabar última la final. Con esfuerzo logró acabar decimoséptima, pero se quedó sin diploma.
«Tuve muy mala suerte en la hípica. A muchos pentatletas les ha pasado, pero a mí me tocó en el peor momento. Fue frustrante, pero no me iba a pasar una segunda vez. No por eso quería que quitaran la hípica», reconoce ahora, después de la adaptación.
Becada desde hace años en el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat, en una sala antigua junto al instituto le instalaron un circuito completo de obstáculos y allí lleva meses aprendiendo a hacer algo muy nuevo. «Fue muy difícil empezar de golpe con las carreras de OCR porque yo no estaba acostumbrada a hacer este tipo de fuerza. No entrenaba dominadas, por ejemplo, porque no lo necesitaba. Recuerdo que al principio me abría las manos cada semana. Ahora ya lo he ido pillando e incluso me ha cambiado la morfología. Estoy más fuerte de tronco superior». Y vaya si lo ha pillado.
Este verano ganó dos medallas de bronce en pruebas de la Copa del Mundo y terminó quinta en el Mundial de Guiyang, en China. A los 26 años llegará a Los Ángeles 2028 como una de las favoritas a las medallas.
- ¿El objetivo es el podio?
- Sí, sí, sí. He hecho la mejor temporada de mi vida y sé que puedo mejorar. Veo que mejoro cada año y tengo ganas de seguir así hasta Los Ángeles.
Como su hermano mayor Aleix, olímpico en Tokio 2020, Heredia empezó a practicar pentatlón moderno en el colegio Llor de Sant Boi de Llobregat, ese pequeño milagro del deporte español que también formó a los hermanos Gasol. De allí han salido buena parte de los poco más de 500 pentatletas que hay en España, supervivientes de un deporte siempre amenazado por su propia complejidad y ahora reinventado para intentar asegurarse un futuro. Heredia, excelente corredora que llegó a plantearse el mediofondo, le cogió el gusto a aquello de nadar, empuñar la espada, disparar y volver a correr. Y ahí sigue, haciendo historia entre obstáculos, nunca mejor dicho.
Antes de la desdicha de París 2024 y de aquel maldito Dollar us d’Ecly, ya había vivido otro episodio de mala suerte en Tokio 2020. Con sólo 21 años se clasificó como primera reserva para los Juegos y, en plena burbuja de protocolos contra el Covid, viajó hasta Japón convencida de que podía acabar compitiendo. Bastaba con que una de las 36 pentatletas clasificadas diera positivo para que ella entrara en liza. Pero no ocurrió. Llegó al aeropuerto, la encerraron dos días en un hotel y, cuando comenzó la competición, la devolvieron al aeropuerto. Ni siquiera pudo quedarse en Tokio para ver competir a su hermano Aleix.
«Podía haberme quedado en casa y renunciar a ser reserva, pero no me lo hubiera perdonado si hubiera habido una baja», recuerda. Cuatro años después, París le enseñó de nuevo hasta qué punto puede ser cruel este deporte. Ahora, después de reinventarse su deporte y de reinventarse ella, convertida en una Ninja Warrior, encara su gran oportunidad.
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