El palacio real de Ámsterdam se convirtió ese martes 9 de junio en el escenario de una nueva cena de Estado, organizada en esta ocasión con motivo de la visita del presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, y su esposa, Elke Büdenbender. Los reyes Guillermo y Máxima de Holanda, acompañados por su primogénita y futura reina, la princesa Amalia, y el príncipe Constantino, hermano del monarca, fueron los anfitriones de un banquete como broche final de la primera jornada del viaje con el que celebran la estrecha relación institucional que mantienen ambos países.
La princesa Amalia, presente en la cena organizada con motivo de la visita del presidente alemán a los Países Bajos, ha homenajeado a su madre luciendo la joya que ella llevó por primera vez en su boda
El palacio real de Ámsterdam se convirtió ese martes 9 de junio en el escenario de una nueva cena de Estado, organizada en esta ocasión con motivo de la visita del presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, y su esposa, Elke Büdenbender. Los reyes Guillermo y Máxima de Holanda, acompañados por su primogénita y futura reina, la princesa Amalia, y el príncipe Constantino, hermano del monarca, fueron los anfitriones de un banquete como broche final de la primera jornada del viaje con el que celebran la estrecha relación institucional que mantienen ambos países.
Como es tradicional en este tipo de actos oficiales organizados en palacio, las tiaras que lucieron madre e hija se han vuelto a convertir en protagonistas de la velada. Para la ocasión, la reina Máxima deslumbró con la histórica Tiara de Zafiros, una pieza formada por 665 diamantes y 33 zafiros que perteneció a la reina Emma y que data de 1881. Esta es una de las joyas más antiguas y reconocibles del patrimonio real neerlandés, y también una de las preferidas de la esposa del monarca.
La Tiara de Zafiros fue creada en 1881 por el rey Guillermo III como regalo para su segunda mujer, la reina Emma, que entonces tenía 23 años, y quien tras la muerte del monarca asumió el papel de reina regente durante ocho años hasta la mayoría de edad de su hija, Guillermina, en 1898. Esta tiara no se concibió como una pieza aislada, sino que forma parte de un gran conjunto de joyas de zafiros y diamantes pensadas para lucir en las citas importantes. Anoche, Máxima de Holanda también lució los pendientes del juego.
Fue encargado a la casa local Maison van der Stichel y el objetivo del diseño era claro: deslumbrar en los salones de gala por su majestuosidad. Está compuesta por 33 zafiros de Ceilán —lo que hoy es Sri Lanka— de un azul intenso y por 665 diamantes. Pero lo que se lleva toda la atención es la piedra central: un zafiro de más de 40 quilates. Se trata del zafiro Stuart, una gema perteneciente a la Casa de Orange desde el siglo XVII. No es una joya discreta, pero tampoco era el objetivo; tampoco es cómoda por su peso, pero sí destaca por su belleza.

La reina Emma fue la primera en lucir la pieza, tanto en retratos oficiales como en ceremonias solemnes. Tras su muerte en 1934, esta pasó a su hija, la reina Guillermina; después a la reina Juliana; a la reina Beatriz —madre del actual rey—; y, por último, a la reina Máxima de Holanda. Desde hace siglo y medio, la joya siempre se ha lucido en actos de representación real, aunque cada una de sus dueñas decidió cómo y cuándo llevarla, adaptándose a cada estilo y pensamiento.
En el caso de la actual reina, decidió llevarla el día de la coronación de Guillermo Alejandro, en abril de 2013. Desde entonces, ha sido una de las piezas del joyero real que más ha utilizado, dándole máxima visibilidad y luciéndola en las cenas de Estado más importantes de su reinado.
El homenaje de la princesa Amalia
La princesa Amalia, primera en la línea de sucesión al trono, ya se ha convertido en una habitual de las cenas y banquetes de Estado, llegando a acaparar también toda la atención con la elección de las joyas y estilismos que luce. En esta ocasión, ha recuperado la Tiara de las Estrellas, la misma que lució en su debut con tiara durante la celebración de la mayoría de edad de la princesa Ingrid de Noruega, en junio de 2022. Se trata de una joya relativamente nueva, ya que fue confeccionada para la boda de sus padres, el entonces príncipe Guillermo de Holanda y Máxima Zorreguieta, el 2 de febrero de 2022.

Para su enlace, la hoy reina decidió personalizar la pieza: tomó dos joyas preexistentes para crear una tiara única. Aunque el nombre oficial es Tiara de las Estrellas, popularmente se le ha dado el nombre de la Tiara de Máxima. La primera joya que utilizó como base fue la Tiara de Perlas, compuesta por una base de diamantes, cinco broches con cinco perlas redondas y rodeadas de nueve pétalos con más diamantes. Esta fue confeccionada en 1965 y la lució la reina Beatriz en su coronación en 1980. Fue precisamente la entonces monarca la que encargó al joyero de la corte que colocara cinco de las estrellas de diamantes de diez puntas de la reina Emma en la estructura de la pieza.
Se convirtió en una de las favoritas de la entonces princesa Máxima: la lució en la boda de la princesa Marta Luisa de Noruega, en 2002, en la boda del príncipe Federico de Dinamarca, en 2004, y en la de la princesa Victoria de Suecia, en 2010. La última vez que la llevó fue en 2013, en una cena durante una visita de Estado de Israel. Tras convertirse en reina, la tiara pasó a un segundo plano, ante el rico joyero con el que cuenta. Ha sido su primogénita y su suegra las que han vuelto a darle una nueva vida.
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